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ABC MIÉRCOLES 2 2 2005 Nacional EL CONGRESO TUMBA EL PLAN IBARRETXE 21 Los senadores Barquero (PP) y Anasagasti (PNV) Miembros de Democracia Nacional corearon consignas contra Ibarretxe A. ANTONIO Menos de 20 manifestantes y un búnker policial recibieron al lendakari Por la Constitución, Ibarretxe a prisión el único grito tibio que tuvo que oír el PNV llegados de toda España, cerraron el perímetro del Congreso, pidieron documentación a todo el que accedía a la zona y esperaron... CRUZ MORCILLO MADRID. La carrera de San Jerónimo se metamorfoseó ayer en un búnker a ras de suelo en el que sólo faltaba que le colocaran un bozal a los viejos leones. Ibarretxe tuvo el honor de congregar el triple de policías que Aznar y Zapatero en sus últimas comparecencias. Los antidisturbios, llegados de las UIP de toda España, cerraron el perímetro del Congreso de los Diputados por el derecho y el revés, pidieron más DNI que en un colegio electoral y, por supuesto, colapsaron el tráfico del centro de Madrid, apoyados por Policía Municipal. Ni un coche no oficial podía atravesar la zona de seguridad, vallada, acordonada y vigilada. Y si había uniformes, los escoltas privados no iban a la zaga. Los ciudadanos, una vez b Los antidisturbios, FOTOS: IGNACIO GIL El ex lendakari Ardanza junto a Javier Rojo rra. Tuvo que ser luego Rubalcaba quien aclarara que para el PSOE Constitución y estatuto siguen vigentes. Mientras que los socialistas cerraron el primer discurso de Zapatero, de apenas 20 minutos, con tibios aplausos, los del PP aclamaban en pie a su jefe de filas. Más larga, más clara, más de Estado el presidente del PP decía no al plan desde los principios mientras el jefe del Ejecutivo decía no al proyecto, pero invitaba a la tercera vía la de Patxi López o Maragall, con la vista puesta en los comicios autonómicos vascos. Los más pesimistas del PP concluyeron que la sesión fue un funeral de Estado para la Constitución y punto de partida de esa segunda transición que exigen los nacionalistas y los socialistas catalanes, a la que está invitado Ibarretxe y que Zapatero se dispone a pilotar al dar salidas a un plan derrotado pero negociable si se viste a la catalana catoria de su famosa consulta. Muy correcto y lastimero, impecable en su estilo, tan amable como falso a juicio coincidente por una vez de PSOE y PP. Chirriaba en la Cámara oír a un jefe de gobierno autonómico en nombre de un pueblo por el hecho de haber cosido una mayoría nacionalista en una Cámara que tiene el agregado del aval terrorista de ETA. Pese a ello, los diputados escucharon con absoluto silencio y respeto la intervención del lendakari. Ya que le regalaban la tribuna para su campaña electoral no quisieron ampliar el obsequio a muestras de mala educación. Luego sí hubo alguna muestra de complicidad PP- PSOE en el discurso del portavoz del PNV, Josu Erkoreka. En pleno trance de desprecio al estatuto de autonomía vigente, se oyeron protestas en los escaños socialistas, vascos por más señas. Manuel Huertas y José María Benegas expresaban su disgusto, desde los escaños del Grupo Popular Javier Arenas y Carlos Aragonés les animaban a seguir. No pasó a mayores. Rodríguez Zapatero había dejado algo fríos a los socialistas, al menos a los más veteranos. Les gustó más la parte en que el presidente del Gobierno recordó a Ibarretxe que la soberanía popular reside en las Cortes, donde están representadas todas las idelogías y también los partidos que reniegan de ellas para representar sólo a su tie- más, hicieron acopio de paciencia y educación desde el comensal de un restaurante de la zona cero hasta el cliente de un exclusivo hotel, pasando por los residentes que tuvieron que abandonar sus vehículos quién sabe dónde. ¿Esto se lo hacen a todos? preguntaba una despitada pareja inglesa mientras una devota del Cristo de Medinacelli se resignaba a no poder rezar su rosario semanal. Todas las precauciones eran pocas y, a la postre, resultaron excesivas porque además de expectación, curiosidad y tibio rechazo, Ibarretxe generó, de puertas afuera, una honda indiferencia. Sólo 19 manifestantes, miembros de la ultraderechista Democracia Nacional, le aguardaban en la esquina de Cedaceros, parapetados tras las vallas, con banderas de España y un megáfono. Por la Constitución, Ibarretxe a prisión y España no se vende fueron los únicos gritos que tuvo que oír el lendakari, quien llegó a las puertas de la Cámara en un Mercedes con ikurriña y acompañado de Atutxa. Le recibió la Policía y la vicepresidenta del Congreso, Carme Chacón. deshecha en sonrisas. No hemos venido más porque no tenemos permiso para manifestarnos y cómo no somos actores ni intelectuales... se lamentaban los manifestantes, que esperaban encontrar a más gente concentrada de forma anónima. Ese pequeño grupo y otro, aún más reducido, junto a la fuente de Neptuno, fueron las únicas disonancias en una templada tarde de talante madrileño.