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20 Nacional EL CONGRESO TUMBA EL PLAN IBARRETXE MIÉRCOLES 2 2 2005 ABC Juan José Ibarretxe lee papeles durante las réplicas de los grupos Joan Puigcercos, portavoz de ERC, conversa con Rodríguez Zapatero María San Gil (PP) entre Josu Jon Imaz (PNV) y Leopoldo Barreda (PP) Chirriaba en la Cámara oír a un jefe de gobierno autonómico en nombre de un pueblo por el hecho de haber cosido una mayoría nacionalista en una Cámara que tiene el agregado del aval terrorista de ETA Invitado a la segunda transición POR ÁNGEL COLLADO MADRID. Un jefe de gobierno autonómico que habla en nombre de todo un pueblo, un presidente de Gobierno que elude hacerlo como tal y prefiere referirse a sus convicciones o su concepción de la democracia y un jefe de la oposición que interviene como hombre de Estado- -y como si tuviera misiones de Gobierno- formaron el triángulo protagonista de la obra más original que se ha visto en el Congreso de los Diputados desde los tiempos de la Transición primera, que en el ambiente de la sesión flotaba el anuncio de esa segunda que predica Pasqual Maragall, exige Carod- Rovira- -presente ayer en la tribuna- -y Zapatero no acaba de rechazar. Juan José Ibarretxe se presentó en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo rodeado de buena parte de sus consejeros autonómicos, de su presidente de Cámara, Juan María Atutxa; de diputados, senadores y dirigentes del PNV y EA, con sus respectivos jefes al frente, Josu Jon Imaz y Begoña Errazti. No faltó el delegado de Xabier Arzalluz, Joseba Egibar, y el anterior lendakari, José Antonio Ardanza, sentado junto a Artur Mas. Sí faltó el único socio del gobierno nacionalista vasco que no era seguidor en origen de la doctrina de Sabino Arana, Javier Madrazo, que prefirió ahorrarse el trago de ver a su jefe en IU, Gaspar Llamazares, votar contra lo que él defiende en el País Vasco. Los nacionalistas se apretujaron en las tribunas de invitados, pero mezclados con dirigentes populares y socialistas vascos que asistieron a la sesión para mostrar su desacuerdo con un plan que amenaza con declararles ciudadanos de segunda dada su contumacia en no admitir el nacionalismo como creencia única en su tierra. En los escaños de la Cámara son mayoría los representantes de las tres provincias vascas que amplían su visión de la política a las ideas del socialismo, el liberalismo o demás ideologías comunes en los partidos democráticos de toda Europa. Allí estaba el socialista Patxi López, el del otro plan intermedio entre la Constitución y el secesionismo, y la presidenta del PP vasco, María San Gil. También en primera fila, junto Ibarretxe no disimuló nada que estaba en su primer gran discurso de la campaña electoral vasca con el portavoz del PNV en el Senado, Iñaki Anasagasti, se sentó el presidente del Senado, Javier Rojo, a quien las cámaras sorprendieron en claros gestos de aprobación al contundente discurso de Mariano Rajoy. Desde la tribuna, los tres protagonistas del debate dejaron encantados a sus partidarios. Ibarretxe no disimuló nada que estaba en su primer gran discurso de campaña electoral. Habló para su público y no perdió un minuto en explicar su proyecto secesionista. En el afán por ocultar el contenido de su texto para los incautos llegó a apelar al constitucionalismo útil para exigir que se negociara o aceptara el plan que lleva su nombre. Se hacía la víctima ante la intransigencia española se refería a su persona como representante del pueblo vasco y reafirmaba su intención de saltarse la ley con la convo-