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ABC MIÉRCOLES 2 2 2005 Opinión 7 FERNANDO FERNÁNDEZ Ayer, lamentablemente, se habló muy poco del contenido del Nuevo Estatuto Político para el País Vasco y mucho de soberanía EL MOVIMIENTO NACIONAL ENSABA ahorrarles el trago de hablarles del plan Ibarreche, pero después de visto el debate y leído el documento no me puedo resistir, aunque no me gane muchos amigos con esta columna. Siempre he pensado que el PNV se parecía últimamente al Movimiento Nacional; que su proceso de construcción nacional era similar al que intentó el Estado Nuevo después de la Guerra Civil; y que su estigmatización como malos vascos de los que se oponen a sus designios euskaldunizantes es exactamente lo mismo que hacía Franco con los opositores al régimen. Después de ver al lendakari no me queda ninguna duda, porque sólo le faltó referirse al contubernio de Múnich para describir la coincidencia de voto entre el presidente Zapatero y Rajoy. Es cierto que el PNV tiene un componente democristiano indudablemente democrático y que ha sido activo participante del movimiento europeísta en la segunda mitad del siglo pasado. Pero también que siempre ha tenido un componente etnicista excluyente que rechazaba la modernidad y el liberalismo como inventos foráneos. Por eso había que reconstruir la sagrada patria vasca. Ayer, lamentablemente, se habló muy poco del contenido del Nuevo Estatuto Político para el País Vasco y mucho de soberanía. Digo lamentablemente, porque su lectura es muy ilustrativa de esa similitud de la que les hablo. Como este periódico tiene mejores constitucionalistas que yo, me voy a limitar a glosar algunos aspectos de la regulación de la política económica que son claramente herederos de una visión no sólo proteccionista, sino claramente estatista de la economía, afortunadamente ya superada en casi todo el mundo que prospera. No diré tanto como que se inspira en la época de la autarquía, pero sin duda alguna añora aquella otra de los Planes de Desarrollo que perseguían movilizar a todas las fuerzas productivas en el interés común. Un interés común que era luego convenientemente definido por las autoridades del régimen en beneficio, primero de su continuidad y luego, si hacía al caso, del bienestar de los españoles. Una doctrina económica que se engalanaba anualmente en la Feria del Campo y en las demostraciones de la Organización Sindical con motivo del Primero de Mayo. La misma ideología que subyace a las acusaciones de pusilánimes y egoístas dirigidas a los empresarios vascos que se oponen al plan. Quizás sea por ese pensamiento intervencionista que el señor Madrazo se encuentra cómodo apoyando este Estatuto. No crean que exagero. Lean el documento. El Gobierno vasco se arroga el control en exclusiva del régimen minero y energético, incluyendo las instalaciones de generación de energía, de la política industrial, y de telecomunicaciones, de los colegios profesionales, las instituciones de crédito, las cajas de ahorro y las bolsas de comercio. Competencias que como saben ustedes no tiene ni siquiera el Gobierno español porque están transferidas o compartidas con Bruselas. Pero no deberíamos sorprendernos, porque ya hoy el Gobierno vasco es el principal empleador de la Comunidad a través de la proliferación de empresas públicas. Y una de las comunidades pioneras en la utilización de restricciones técnicas, que se venden como conciencia ambiental, para proteger a sus protectores a costa de la unidad del mercado nacional. P EL RECUADRO ANTONIO BURGOS A Pilar Manjón podían haberle dado un Goya de interpretación, por su actuación ante la comisión del 11- M, cuando sufrimos todos el dolor de la presunta Madre Coraje antes que la conociéramos de verdad y empezara a darnos tanto coraje esa madre TERRORISMO BUENO, TERRORISMO MALO UNQUE estemos en vísperas de Carnaval no me tomo a broma asunto tan serio si digo que al terrorismo y a sus víctimas les ha pasado como al colesterol. Colesterol, antes, como la madre en la copla de Pepe Pinto, no había más que uno, y a ti, lípido, y a ti, triglicérido, te encontré en la calle. Ya hay dos colesteroles: el colesterol bueno y el colesterol malo. Hay un colesterol bueno que se come los gusarapis de la sangre, y un colesterol malo, malísimo, con ideas perversas, que te mete sanmolomtropos verdes en el cuerpo. En materia de víctimas del terrorismo, las antiguas han pasado al papel de colesterol malo y las recién asociadas, al de colesterol bueno. A la Asociación de Víctimas del Terrorismo se la considera como el colesterol malo. Son las víctimas fachas. Es como si hubieran vuelto a enterrar a aquellos militares, policías y guardias civiles que morían asesinados en las Vascongadas cuando los políticos aún no eran objetivo de la ETA y que volvían a sus pueblos de Galicia, de Extremadura, de Andalucía en una caja de pino, ante el silencio de una sociedad que miraba para otro lado. Es como si hubieran vuelto a asesinar a Gregorio Ordóñez, a Alberto Jiménez Becerril. Ahora les quieren dar el tiro en la nuca de la memoria. Y a quienes aún sufren el dolor de aquellos asesinatos, los que mantienen la dignidad de su memoria, los descalifican. A la AVT le han hecho la ITV de la demagogia dominante y la presentan como una colección de fachas. Y frente a este colesterol malo, nos presentan el colesterol bueno: la asociación de víctimas del 11- M, con su luto de diseño sindical. Son los democráticos, los progresistas. Han nombrado presidenta a Pilar Manjón. Mejor podían haberle dado un Goya de interpretación, por su actuación estelar ante la comisión investigadora del 11- M, cuando sufrimos todos el dolor de la A presunta Madre Coraje antes que la conociéramos de verdad y empezara a darnos tanto coraje esa madre. Esta clasificación de las víctimas en buenos y malos de la película de la sangre, permite, a su vez, la calificación moral de los terrorismos. ¿Pero tienen moral quienes tal hacen? Indicios, dirían el análisis, si se lo hiciéramos. Desde el impresionante aparato de propaganda (y demagogia) del poder e islas mediáticas adyacentes, han conseguido trasmitir dos ideas: 1. -Hay un terrorismo malo, que es el islamista. 2. -Hay un terrorismo bueno, que es el de la ETA. El terrorismo malo tuvo de bueno que gracias a la indignante manipulación de sus atentados y sus víctimas les permitió cínicamente tomar en Atocha el metro que les llevó a Moncloa. Conviene insistir que es el malo para que la ETA pueda ser encasillada en el conveniente papel de terrorismo bueno. Unas víctimas son más víctimas que otras, a la vista está. No es lo mismo morir a manos del terrorismo malo en un tren de Atocha que de un tiro en la nuca del terrorismo bueno en Rentería. La obra la han escenificado de bien que ni el proceso de beatificación de Javier Bardem y de la eutanasia en los premios Goya. La bomba de la ETA en el hotel de Denia ocupaba el otro día el mismo espacio informativo que el asesinato de un guardia civil en Vascongadas a la altura de 1980 y de la alternativa KAS. Hablando de bomba, han desactivado el unánime cerco social, legal, judicial, político, constitucional a la ETA, logrado con tanta sangre. Iba yo a decir algo sobre un tío que usurpando el nombre de todo un pueblo habló ayer tarde en Madrid con sus pies chapoteando en sangre derramada por los terroristas buenos pero vamos a dejarlo porque creo que el Congreso estaba ya de Carnaval.