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ABC MIÉRCOLES 2 2 2005 La Tercera EL DÍA DESPUÉS ANA, por ahora, la España constitucional. Monólogos yuxtapuestos en el Congreso. Ibarretxe y el nacionalismo rancio: retórica historicista en beneficio de intereses muy concretos. Zapatero y el socialismo postmoderno: pensamiento débil más defensa compulsiva del poder. Rajoy, desde el centro- derecha: convicciones fuertes, estrategia arriesgada. En la calle, una pregunta: ¿qué nos pasa a los españoles? Yo no estoy de acuerdo, pero cada día hay más gente que opina que esto va a acabar mal. ¿Cómo? Nadie lo sabe, pero mal. Excesivos como siempre, jugamos con fuego real, mientras nuestros vecinos europeos disparan con balas de fogueo: dicen ser antiamericanos y multiculturalistas, pero vuelven al sentido común en cuanto la cosa se pone seria. ¿Cuál es la diferencia? Se llama nacionalismo. Nos han acostumbrado a enfocar los asuntos desde un punto de vista sesgado: no hemos resuelto su problema, luego no hemos resuelto el problema. Crece día a día la distancia afectiva. Nos obligan a transitar por la Historia con un handicap permanente. Si logramos cambiar esa dinámica, ganaremos una batalla decisiva. Excursión de Ibarretxe al corazón de las tinieblas, en busca de las fuentes de la soberanía. Nosotros y ellos, victimismo eterno, pero mano tendida frente a la intransigencia. Se lleva la imagen tan deseada, de acuerdo con su trampa dialéctica: el Pueblo Vasco contra PSOE y PP. Ahora, a jugar con la máquina electoral. Sigue marcando la agenda. Determina el estado de ánimo de una opinión que oscila entre la indignación y el hastío. Mientras tanto, limpia de adherencias el territorio sagrado. En contra del interés de la gente real, aísla al País Vasco del resto del mundo. Ignora la Constitución Europea y ofende a la Constitución francesa. Degrada a la tierra que dice amar: proclama el derecho de autodeterminación, válido tan sólo en situación colonial; crea una fractura irreversible; anuncia un decreto de nueva planta contra los territorios históricos. Amenaza a Navarra y a los enclaves. No esconde el propósito de devolver a la legalidad a quienes han sido expulsados del lugar reservado a las personas honorables. Jugando con métodos plebiscitarios, actúa en contra de la democracia representativa. Pero consigue ser más que... por privilegio estamental y no en libre concurrencia. Para ello, no se avergüenza de su mayoría ilegal e ilegítima. Reconoce, sin embargo, que autonomía es sinónimo de bienestar y apela a los derechos históricos y el constitucionalismo útil: gratitud tardía a Herrero de Miñón. Practica, sobre todo, el mesianismo político: nos anuncia un camino que no tiene vuelta atrás. Zapatero busca espacio. Suena bien: Si vivimos juntos, juntos debemos decidir Pero quiebra el rigor argumental cuando la modernidad líquida destruye las certezas. Todo falla si da igual nación que comunidad nacional, soberanía que autonomía. Estuvo flojo en este terreno el presidente del Gobierno; fue más hábil, notoriamente, el portavoz del Grupo Socialista. Si carecen de sustancia ética, las palabras no dicen nada ni a la cabeza ni al corazón. Discurso falto de nervio, otra apoteosis del diálogo, referencia absurda a la guerra de Irak. Sospecho que sus asesores saben poco sobre la teoría de los juegos. Practican, al parecer, el famoso pro- G Zapatero busca espacio. Suena bien: Si vivimos juntos, juntos debemos decidir Pero quiebra el rigor argumental cuando la modernidad líquida destruye las certezas grama TFT, obra de un brillante profesor de Toronto. Primer movimiento: hay que empezar cooperando. Movimientos posteriores: se reproduce siempre la actitud del adversario. Modelo amable, que nunca guarda rencor, proclive a pactar en cuanto el otro está dispuesto a ello. Traducido aquí y ahora significa: después de las elecciones autonómicas, ya hablaremos. Tal vez se notaba más de lo conveniente. Cosas de la equidistancia. ¿Y los contactos con ETA? Oigamos a Maquiavelo: Donde se sabe poco, se sospecha mucho Más luces que sombras: Zapatero tendrá que buscar otra ocasión para reforzar la esperanza. Ojalá que llegue pronto. Brillante Rajoy, en la forma y en el fondo. Define bien el adiós a España una declaración de independencia disfrazada de estatuto. Critica la ideología trasnochada: el viento de la Historia se llevó los vestigios del Antiguo Régimen y ahora reaparece como un sistema de castas. Pide libertad e igualdad para un País Vasco secuestrado Mensaje nítido y valentía para referirse a ETA y a las víctimas: aquí, el discurso alcanza su máxima altura moral. Exceso, tal vez, de apelación positivista a la legalidad. Hay que tener cuidado con el argumento porque ya sabemos que los estatutos se reforman por mayorías factibles. Convendría, en cambio, reforzar el elogio a la España constitucional frente al sujeto constituyente ficticio que nos presenta el enviado del País Vasco. ¿Y el pacto ofrecido a los socialistas? La sociedad española, mucho más vertebrada de lo que algunos desearían, exige que Gobier- no y oposición lleguen a un acuerdo sobre el respeto a las reglas del juego. Los acuerdos de fondo se mueven en un nivel muy diferente de las alianzas coyunturales. Los ciudadanos no admiten la formación de mayorías precarias a cambio de entregar principios innegociables. Zapatero pasó de largo sobre este punto decisivo. Era, sin embargo, el mejor día para explicarlo. Falta de costumbre- -seguramente- -a la hora de enfocar los temas vascos desde el punto de vista del conjunto de España. Rajoy, en cambio, acertó al introducir la cuestión en el segundo turno. El día después... El futuro nos pertenece... dijo Ibarretxe: ¿nadie le ha explicado el origen poco recomendable de la expresión? Es el principio de un tiempo nuevo, aseguró Zapatero. Inquietante, en todo caso. Precisó Rajoy: mañana, igual que hoy, diremos no a la ruptura de España. La votación contundente alivia el ánimo de muchos. Mayoría abrumadora frente a minoría refugiada, como diría Pérez Galdós, en los grupitos aunque merecen, faltaría más, el máximo respeto. Llegan nuevos retos, más sutiles. El futuro se llama Plan Guevara o Patxi López, Proyecto Maragall o de cualquier otro modo. ¿Respuesta? Todo depende del poder constituyente material. Populares y socialistas junto con todos los que quieran actuar con lealtad, igual a España constitucional. En cambio, PSOE más nacionalistas (confluencia insólita en la historia de las ideas) equivale a un Estado artificial vacío de sustancia. He aquí el dilema. Mientras se resuelve, es imprescindible la firmeza en las convicciones. España, además de Estado, y precisamente por serlo, es nación. Los demás no lo son, ni tampoco comunidades nacionales, ni subterfugios análogos. No existen las naciones sin Estado, ni sirven las fórmulas incoherentes como nación de naciones Sólo hay nacionalidades y regiones, partes constitutivas de la España constitucional, que ha ganado con holgura el debate de ayer en el Congreso. Además de convicciones, hace falta habilidad estratégica. Recuérdese que estamos en presencia de un desafío de las oligarquías locales contra la presencia del Estado en el territorio. Es una obsesión. Queda la justicia en Cataluña y el País Vasco. Queda la Hacienda general en Cataluña. Estos son los objetivos reales del proceso en marcha. Cuando el último funcionario estatal desaparezca de aquellas Comunidades autónomas habremos conseguido el milagro de ser un Estado sin territorio. Es imprescindible detener la sangría y, cuando menos, consolidar la situación actual. Si actuamos como se debe, el resultado final no ofrece dudas: los ciudadanos españoles van a superar, gracias a la razón democrática, el desafío que ahora se plantea y van a rechazar también cualquier otra fórmula que no respete la plena vigencia jurídica y social de los principios nucleares de nuestra Constitución. Somos más y somos mejores que los enemigos de la España constitucional. Nacionalismo equivale a sobredosis de nación. Hereda antiguallas ideológicas del romanticismo contrario a la Ilustración. Muchos no tenemos, por fortuna, problemas de identidad. Así nos queda un poco de tiempo- -no demasiado- -para vivir. Es una suerte no ser nacionalista. BENIGNO PENDÁS Profesor de Historia de las Ideas Políticas