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ABC MARTES 1 2 2005 Opinión 7 EDURNE URIARTE Rodríguez Zapatero persiste en sustituir los objetivos y los principios por el método SU CONFLICTO OS votos del PSOE y del PP darán hoy una respuesta contundente a las exigencias anticonstitucionales de Ibarretxe. Pero no serán suficientes para quebrar definitivamente la cadena de errores que nos ha traído hasta esta situación. Y tampoco podrán configurar aún el proyecto y el liderazgo que necesita España para defender un sistema autonómico y una estabilidad institucional que tiemblan ante todo lo que está por venir y que es bastante más que las nuevas y anunciadas embestidas de los nacionalistas vascos. Si volvemos a concentrar todas las energías de la política nacional en las exigencias de la minoría nacionalista es porque hemos sido incapaces de romper el orden de prioridades marcado por esa minoría, por sus objetivos y por su voluntad. Porque el conflicto que Ibarretxe exhortará hoy a resolver es su conflicto, el que él y los líderes que le acompañan han contribuido a engordar desde el inicio de la Transición. Nada fue jamás suficiente para ellos, ni la autonomía más profunda, ni el bienestar del País Vasco, ni todo el inmenso poder acumulado. Y la independencia, la ilegalidad, los pactos con los terroristas, componen la etapa final de una locura de ambición y ensimismamiento. Los demás, sobre todo los líderes políticos e intelectuales, jamás fuimos capaces de romper su definición de los problemas para plantear propósitos realmente alternativos. Nadie les presionó para que fueran ellos los que discutieran y acordaran los objetivos de los demás. Y la consecuencia inevitable es que multiplicaron su egolatría mientras toda una nación se movía atrapada en la dirección que marcaron. En el camino, además, algunos fueron tentados por el juego de los egoísmos regionales, por el ejemplo de la rentabilidad de unas demandas autonómicas que siempre resultaron beneficiosas para los más beligerantes y perjudiciales para los defensores de los intereses del conjunto de la nación española. Detrás del plan Ibarretxe llegarán ellos, los de la nueva financiación de Cataluña, por ejemplo, y, luego, ¿por qué no? todos los demás. Y la avalancha de identidades y regionalismos se agolpa sin que distingamos un liderazgo y una alternativa convencidos y convincentes. Zapatero persiste en sustituir los objetivos y los principios por el método. Nada hay más allá del diálogo. Carece de proyecto porque su proyecto es resolver el conflicto de los nacionalistas a partir de las exigencias de los nacionalistas. Y a Mariano Rajoy le ensombrece el temor, claramente en Cataluña, a la incorrección política de la defensa solitaria de los intereses de la nación y, más aún, a la pérdida de los beneficios electorales del mensaje regionalista. La apelación a la Constitución es un asidero demasiado quebradizo si no se acompaña de un discurso fuerte del Estado y de la nación que sostiene. Es el discurso que se echa de menos y el único que puede cambiar el rumbo de un debate político dirigido hasta ahora por la voluntad de los nacionalistas y el oportunismo de viejos y nuevos regionalistas. L IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA Hoy, el Ejecutivo que preside Zapatero felicita al pueblo iraquí. Lo que hace falta ahora es saber si éste le dará las gracias. Es difícil saber si habrá o no democracia en Irak. Lo que no es difícil es conjeturar que, en su caso, nada le será debido al Gobierno de Zapatero DEMOCRACIA EN IRAK AS elecciones del domingo en Irak han permitido la exhibición del coraje cívico de la mayoría del pueblo iraquí, que acudió a las urnas a pesar de las amenazas terroristas. Habrá que esperar para saber el resultado, pero el índice de participación supera, según las estimaciones, el sesenta por ciento y puede llegar al setenta. Luces: el hecho de que se hayan celebrado con tan notable participación y el voto masivo de chiíes y kurdos. Sombras: los asesinados por el terror durante la jornada electoral y la baja participación suní. La joven democracia tutelada echa a andar. Es imposible preverlo y, aunque es muy difícil, tal vez podamos asistir pronto a la consolidación de una democracia en un país islámico. La primera valoración de la jornada ha de ser la constatación del heroísmo de los votantes y la derrota de los terroristas. Las urnas vencieron a las bombas. Pero esperan graves dificultades. La democracia no consiste sólo en la posibilidad de votar. Requiere también, entre otras cosas, el respeto a la dignidad de las personas, el aprecio y la garantía de la libertad, la distinción entre la Moral y el Derecho, la separación entre el Estado y las confesiones religiosas, el respeto a las minorías y el control y limitación del poder. Todo eso no resulta fácil, hoy por hoy, en un país islámico. Pero, al menos, después de la larga y sanguinaria dictadura de Sadam Husein, los iraquíes han votado, más o menos libremente, por primera vez en su historia, aunque sea en circunstancias anómalas, bajo la violencia terrorista y con la presencia de unas fuerzas militares extranjeras en misiones reconocidas por la comunidad internacional. Los primeros objetivos son la formación de un gobierno democrático y la elaboración de una nueva Constitución. Los principales obstáculos, las tentaciones fundamentalistas chiíes, el separatismo kurdo y la radical oposición L suní al proceso democrático. Al menos, quedarán eliminadas las falsas adhesiones a la tiranía del 99 por ciento de los votantes. Quizá demasiadas dificultades. En cualquier caso, han quedado frustradas las expectativas de quienes deseaban, dentro y fuera del país, un fracaso de la jornada electoral. No entraré ahora en la difícil y delicada cuestión de la valoración jurídica y moral de la intervención militar en Irak. El país está hoy mejor, al menos desde el punto de vista institucional, que cuando comenzó la guerra. Es verdad que el fin no justifica los medios, pero, al menos quienes se adhieren a una ética utilitaria y consecuencialista, deberían tenerlo en cuenta. También quedan, en buena medida, invalidadas muchas de las críticas que se hicieron sobre las verdaderas intenciones de Estados Unidos. Puede que la intervención no fuera ni afortunada ni desinteresada, sin duda ha habido errores en la gestión del conflicto y no han aparecido las armas de destrucción masiva (que, por otra parte, no eran la única justificación de la intervención armada) pero no se trató ni de genocidio ni de pillaje petrolero. Aunque la guerra hubiera sido injusta o ilegal en su origen, la presencia, actual y desde hace meses, de tropas extranjeras goza de todos los beneplácitos de la legalidad internacional. A pesar de eso, el Gobierno español decretó la salida de unas tropas que entonces realizaban misiones humanitarias, incluso, insisto, en el caso de que el origen de la guerra hubiera sido ilegal o injusto. Creo que fue un error. Hoy, el Ejecutivo que preside Zapatero felicita al pueblo iraquí por la jornada dominical. Lo que hace falta ahora es saber si éste le dará las gracias. Es difícil saber si habrá o no democracia en Irak. Lo que no es difícil es conjeturar que, en su caso, nada le será debido al Gobierno de Zapatero.