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ABC LUNES 31 1 2005 83 La OPEP mantiene sus cuotas de producción de petróleo y elimina la banda de fluctuación de precios El informe de los expertos y la negociación del acuerdo de convenios protagonizarán la semana laboral La economía china en cifras Producto Interior Bruto (PIB) Billones de euros 1,2 1,0 Índice de precios al consumo (IPC) 1,26 1,07 4,0 3,5 3,0 2,5 2,0 1,5 Comercio exterior 3,9 0,45 0,40 0,35 0,30 0,25 0,45 Billones de euros Exportaciones Importaciones 0,24 0,19 0,20 0,17 0,18 0,22 0,33 0,31 0,42 0,97 0,82 0,89 0,8 0,6 0,4 0,2 0,0 1,2 %0,4 %0,7 -0,7 1,0 0,5 0,0- 0,5- 1,0 0,20 0,15 0,10 0,05 0,00 2000 2001 2002 2003 2004 2000 2001 2002 2003 2004 2000 2001 2002 2003 2004 Infografía ABC Pese a crecer un 9,5 el año pasado, el desarrollo de China se ve lastrado por el éxodo de 40 millones de agricultores a las ciudades, la incapacidad del mercado laboral para absorber la mano de obra y las cada vez mayores desigualdades entre ricos y pobres Los pecados económicos del gigante PABLO M. DÍEZ. CORRESPONSAL PEKÍN. Un año más, y ya lleva haciéndolo una década, China ha vuelto a asombrar al mundo al anunciar que su economía ha crecido un 9,5 durante 2004, a pesar de todos sus esfuerzos por enfriarla para controlar la inflación. Sin embargo, tras este aumento del PIB, que ascendió hasta los 1,2 billones de euros tras experimentar el mayor incremento de los últimos ocho años, acechan una serie de problemas que pueden lastrar el imparable desarrollo del gigante asiático. Tal y como pone de manifiesto un informe elaborado por la Academia China de Ciencias Sociales (ACCS) existen siete rémoras que, como si fueran los siete pecados capitales de la economía nacional, amenazan con minar la evolución del país. El primer reto al que se enfrenta el dragón rojo es la descomunal pérdida de granjas y tierras de cultivo, puesto que la rápida industrialización y la acelerada expansión urbanística han dejado sin propiedades a más de 40 millones de agricultores. Una importante masa social que se ha visto obligada a abandonar el campo y ha emigrado a las ciudades atraída por las oportunidades de trabajo que ofrecen las miles de fábricas y tiendas que abren cada día, sobre todo en la franja costera situada al este de China. Como consecuencia de esta fuerte presión demográfica, grandes urbes con más de diez millones de habitantes, como Pekín, Shanghai y Chongqinq, se encuentran ya con serias dificultades para poder emplear a toda esa mano de obra excedente que procede del mundo rural. En este sentido, el estudio de la ACCS alerta de que 24 millones de personas buscan cada año trabajo en las ciudades, donde sólo surgen nueve millones de oportunidades de encontrar un empleo. Este desequilibrio entre la oferta y la demanda, que dará lugar a numerosas bolsas de parados a largo plazo, también ha empezado a afectar a los estudiantes universitarios, ya que 720.000 nuevos titulados no pueden acceder a un puesto acorde con su formación académica. Salarios y jornadas Pero a los afortunados que consigan colocarse tampoco les espera ninguna bicoca, puesto que el salario mensual de un trabajador chino, de los bien pagados, oscila entre los 600 y los 1.000 yuanes (entre 60 y 100 euros) por unas jornadas laborales de 12 horas y sin derecho a vacaciones. Con semejante panorama, no es de extrañar que otra de las trabas de este desbocado crecimiento económico sea la cada vez mayor distancia que separa a los ricos de los pobres, a las ciudades de los pueblos y a las regiones del interior de las del litoral. Según una encuesta realizada por la ACCS a 50.000 residentes en zonas urbanas de todo el país, el 10 con la renta más alta disponía de 13.332 yuanes al año (1.332 euros) lo que supone casi el triple de la media nacional, estimada en 4.761 yuanes (476 euros) Frente a dicho grupo, el 10 con los ingresos más bajos sólo tenía 1.397 yuanes (139 euros) el 30 del promedio de renta del país. Y es que, a pesar de que China es ya la séptima economía del mundo y a mediados de este siglo habrá rebasado a Japón y Estados Unidos, el 80 de su población vive todavía en condiciones bastante deplorables. Por ese motivo, la lucha contra la miseria y el subdesarrollo también se presenta como uno de los retos más trascendentales para las autoridades chinas, que siguen empleando un baremo notablemente diferente del utilizado por la ONU para reducir, al menos en las estadísticas, sus niveles de pobreza. Así, mientras el resto del mundo Los efectos colaterales del desarrollo A la manifiesta pujanza de China han contribuido de manera especial su tremenda producción agrícola, con 469,5 millones de toneladas de trigo y 6,3 de algodón, y la fuerza de las exportaciones, que convirtieron el año pasado al coloso asiático en la tercera potencia comercial del planeta tras Estados Unidos y Alemania. Algunos analistas calculan que, gracias al impulso de ambos sectores, el dragón rojo creció un 12,9 en los dos últimos trimestres, frente al 8,4 de los primeros meses del año. Pero los efectos colaterales de dicha expansión se hicieron notar en materias tan importantes como el acero y el cemento y en sectores tan destacados como la siderurgia y la construcción, que sufrieron una notable subida de los precios debido al encarecimiento de la energía y los transportes. Aun así, los beneficios del sector industrial subieron un 38,1 y rozaron los 106.000 millones de euros, destacando la producción de carbón y electricidad, que creció un 15 y las empresas del motor, que fabricaron 5,2 millones de coches. considera indigentes a todos aquellos que poseen menos de 90 euros al año, en China sólo es pobre de solemnidad quien no llega a los 65 euros, por lo que el Gobierno únicamente incluye en esta categoría a un 3 de la población. Aunque esta cifra equivale a unos 29 millones de personas, el Ejecutivo se vanagloria de haber disminuido drásticamente, siquiera de forma nominal, los 250 millones de pobres que hace 25 años eran el 30 de los habitantes. Un Estado que más bien parece un continente y que ha sufrido una transformación extraordinaria en las últimas décadas, cuando ha empezado a poblarse de fábricas e industrias que buscaban el máximo beneficio a costa no sólo de una mano de obra barata, sino también del más absoluto desprecio al medioambiente. Como consecuencia de este desarrollismo desenfrenado, la contaminación ha dañado de manera irremediable la atmósfera, ha envenenado ríos y mares y ha acelerado una desertización que amenaza a futuras generaciones. Corrupción y cambios sociales A este grave perjuicio ecológico ha contribuido, sin duda, la corrupción generalizada que se extiende por toda China. A pesar de los esfuerzos del Gobierno por erradicarla, dicha lacra está presente todos los días en los escándalos que, quizás para ocultar las demás carencias democráticas del régimen comunista, airean los medios de comunicación. Junto a las reformas políticas necesarias para apuntalar tanto el crecimiento económico de China como el reparto de su riqueza, el Ejecutivo deberá hacer frente a unos cambios sociales que ya empiezan a vislumbrarse y que podrían generar gran inestabilidad en el país.