Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
60 Espectáculos LUNES 31 1 2005 ABC TEATRO Hamlet Autor: William Shakespeare. Traducción: Leandro Fernández de Moratín. Versión: Yolanda Pallín. Dirección, composición y adaptación musical: Eduardo Vasco. Escenografía: Richard Cenier. Vestuario: Rosa García Andújar. Iluminación: Miguel Ángel Camacho. Intérpretes: Ginés García Millán, Nuria Mencía, Alicia Sánchez, Arturo Querejeta, Walter Vidarte, Francisco Rojas y Daniel Albadalejo, entre otros. Lugar: Teatro de la Abadía. Madrid. TOROS Rafael de Julia hizo lo mejor en el cierre de la Feria de Ajalvir JOSÉ LUIS SUÁREZ- GUANES AJALVIR (MADRID) En una tarde en la que predominaron las orejas generosas, hay que destacar el hacer de Rafael de Julia, aunque el apéndice otorgado en el sexto fuese después de un metisaca por haber señalado las bajuras. Antes, con el mejor del sexteto de Jódar y Ruchena, toreó francamente bien con las dos manos. Hubo temple, largura y buen estilo hasta que el toro se agotó. Se había lucido al veroniquear al tercero y en un quite con unos lances similares. Con la franela imprimió temple a la primera serie con la derecha. Tras un bachecillo, volvió a encontrar el sitio para retroceder a cierto barullo e intercalar pases de un signo u otro. El fallo con el verduguillo hizo que llegara un aviso y se disipara un premio. Con el peor lote- -hubo cuatro toros buenos- cortó tres orejas Sánchez Vara: dos a su primero y una al quinto. Destacó con las banderillas y puso voluntad, ganas y denuedo con ambos rivales, pero el conjunto resultó opaco y de excesivo metraje. Si el doble premio en uno fue desmesurado, tampoco se terminó de explicar mucho el galardón en el otro. Un trofeo benévolo fue a parar a las manos de Gómez Escorial, que había destacado con el capote en el que rompió plaza. Toreó con tesón y limpieza en una labor diestra para embarullarse después. Luego, con el rival quedado, volvió al primitivo y positivo camino, aunque se excedió en largura. Mejor estuvo en el cuarto, al que veroniqueó con garbo. Hizo una faena de buen porte, pero por su longitud quizá no llegara al público lo suficiente. Fue ovacionado. Terminó la Feria de Ajalvir y en el recuerdo, además de los buenos muletazos y algunos lances de Rafael de Julia, están también las pinceladas de Iván Vicente. PASIONES PASTEURIZADAS JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN arece ser que William Shakespeare espigó el argumento de su más famosa tragedia en un UrHamlet atribuido a Thomas Kyd, quien a su vez pudo inspirarse en las Histoires tragiques firmadas por Belleforest en 1570, una recopilación en la que aparecía un relato de la vida del príncipe Amleth procedente de la Historia danesa escrita por el cronista Saxo Gramaticus en el siglo XII; sucesión infinita de ecos e influencias expandidos en libros sucesivos, que parecen dar la razón al conocido aserto de que lo que no es tradición es plagio. Esa versión del Hamlet procedente de Kyd no es compartida por algunos especialistas, como el opulento Harold Bloom, quien apoya una tesis de Peter Alexander según la cual sería el propio bardo de Stratford el autor de ese texto primerizo, allá por 1589, cuando empezaba a afilar sus armas como dramaturgo; once años después, revisaría y superaría esos balbuceos y culminaría la obra que consagra la duda y la incertidumbre como brújula del comportamiento de su protagonista, preso de una historia de demorada venganza, un fascinante personaje que trasciende la obra de Shakespeare, una criatura nihilista y apasionada en la que cada generación, como señaló Jan Kot y recuerda Eduardo Vasco en el programa de mano de la función, en- P Ginés García Millán encarna a Hamlet cuentra como en un espejo sus propios rasgos. Este montaje sigue la traducción realizada por Leandro Fernández de Moratín en 1800, la primera vertida directamente a la lengua castellana, que, por cierto, aparece en el tomo II de una recopilación de obras de Shakespeare editada el año pasado por Edaf; una traducción, en fin, alabada por su limpieza y por el esmero con que el viajero ilustrado supo reflejar el entramado pasional de la tragedia. La versión de Yolanda Pallín recorta y pega, elimina algunos elementos y altera el orden de otros con cierto desbarajuste acrecentado por el tono del montaje- -en el que los tremendos daneses medievales parecen sustituidos por personajes ibse- ABC nianos- -y por el sesgo de la dirección de Vasco, que hace decir su parlamento a los actores a gritos y a toda mecha, lo que no contribuye a que se entiendan sus palabras, y más si en bastantes momentos se suman a las voces las melancólicas notas de la melodía procedente de una viola de gamba bastante activa durante la representación. Un espectáculo lleno de ruido y furia, en el que, paradójicamente, ese frenesí ahoga el latente magma de pasiones de la pieza. Los actores, todos tan bien en tantas ocasiones anteriores, parecen perdidos en un ambiente de melodrama desaforado, en el que Ginés García Millán se esfuerza por trazar el perfil preciso de ese príncipe norteño y desnortado. Manhattan se rinde a una Eva Yerbabuena en estado de gracia ALFONSO ARMADA CORRESPONSAL NUEVA YORK. Vinieron los cantaores solos, de uno en uno, regresando en medio de la noche de las faenas del campo, bajo la luz cenital de los luceros. Las voces de Pepe de Pura, Enrique Soto y Rafael Utrera trazaron el surco por el que Eva Yerbabuena entró: antítesis de Bernarda Alba, y sin embargo su hija, una Bernarda de lirio, y de pena que sólo se quita bebiendo hasta las heces el baile de los gitanos, el azabache de Compostela, la tierra dura que tanto niega y la cama oscura donde las caderas ritman el mar: nupcial y trágico. Tiene Eva Yerbabuena estampa de diosa antigua y pies lige- ros, que cuando martillan no abruman, clavan el drama con exactitud de carpintero que ama su oficio, y no alardea. Cuando suelta el martillo, las manos vuelan haciendo figuras de filigrana, se dobla para rozar el arrozal y, no siendo gitana, la forma en que implica la pierna entera, desplaza la cola con el solo artificio de un talón que envidiaría Aquiles, es de gitana estirpe. Estaba la noche del sábado en Manhattan en estado de gracia, tan metida en el baile y tan entonada, que el público que abarrotaba el City Center tenía que frotarse los ojos para despertar del sueño vivo: con tan fiera exactitud giraba y volvía, se rompía y se rehacía sin perder jamás el temple, que salían disparadas las peinetas como navajas que se clavaban en la sed que el flamenco da, y que sólo el flamenco alivia. Se lo premió la gente con tantos aplausos como si granizara dentro, puestos en pie, como cuando desfila una Virgen por la madrugada de Sevilla. A ella y a un elenco impecable, desde Paco Jarana y su guitarra, tan atenta como un vigía, al cuerpo de baile, que siendo uno no emborrona la greca que cada alma lleva inscrita: Mercedes de Córdoba, Asunción Pérez, María Moreno, Sonia Poveda, Luis Miguel González, Amador Rojas, Eduardo Guerrero y Juan Manuel Zurano. Demuestra Eva Yerbabuena que cuando el arte es de ley, el flamenco clásico y el del porvenir son un matrimonio que no sabe de rutina, y donde el placer y la pena, trenzados, nos hacen más endiabladamente humanos. Morelia (México) El Juli cortó dos orejas y salió a hombros EFE. Toros de Xajay. Fernando Ochoa, tres orejas. El Juli, silencio, silencio y dos orejas en el de regalo. Omar Villaseñor, tres orejas. Medellín (Colombia) Sebastián Castella logró el único trofeo ABC. Toros de La Carolina. Diego González, saludos y silencio. El Fandi, palmas y silencio. Sebastián Castella, oreja y silencio.