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24 Internacional LUNES 31 1 2005 ABC ELECCIONES EN IRAK El Gobierno español felicita al pueblo iraquí EFE MADRID. El Gobierno español felicitó ayer al pueblo iraquí tras la jornada electoral, que considera positiva informó el secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Bernardino León. Todo parece indicar que el pueblo ha participado de forma importante en los comicios, en una jornada que no era fácil y en la que se han producido diversos incidentes. Pese a ello, añadió León, las elecciones se han desarrollado con bastante normalidad y por eso el primer comentario es la felicitación al pueblo iraquí, como a cualquier pueblo que participa en unas elecciones libres León no quiso adelantar ninguna opinión sobre los resultados electorales, que se conocerán de forma oficial en siete días y que, dijo, habrá que analizar con lupa Para el Ejecutivo español, estos comicios abren un periodo de esperanza... Hay que saber mirar al futuro y utilizar estas elecciones como plataforma para lograr estabilizar y pacificar la situación interna del país. Bernardino León recordó que el Gobierno español ha sido uno de los principales contribuyentes internacionales en la aportación de fondos para la organización de las elecciones, con 20 millones de euros. Un policía pasa su detector de metales sobre un burro antes de permitir su entrada (transportaba en el carro a un impedido) a un colegio electoral de Basora REUTERS El paseo de casa al colegio electoral ha sido un ejercicio muy peligroso para los iraquíes que acudieron a votar. Emocionante paseo entre avenidas solitarias por las que, de cuando en cuando, resonaba el retumbo de las bombas El peligroso camino de casa al colegio electoral TEXTO A. SOTILLO BAGDAD. Antes de ir a votar, ya imponía el mero hecho de salir a la calle. No había ni un coche, nadie, ni a un lado ni a otro de las inmensas avenidas de Bagdad. Sólo las tropas norteamericanas e iraquíes, de patrulla y con muchos nervios encima. Y el retumbo de los morteros y las bombas, resonando a lo largo de toda la mañana. Había que acercarse a pie hasta el colegio electoral, en cuyo tejado asomaban las siluetas de vigilantes hom- bres armados. Un primer cordón militar custodiaba el perímetro de seguridad de cada colegio electoral. Era materialmente imposible lanzar un coche bomba contra el puesto de votación, que además estaba protegido por una valla y un murete de sacos terreros. El único recurso que les quedaba a los terroristas era el del kamikaze que hace estallar su cuerpo cubierto de explosivos. Las abayas de luto riguroso La proliferación de abayas (los largos mantos de luto riguroso con los que visten las mujeres chiíes) en las inmediaciones del colegio era un signo elocuente de quiénes habían venido a votar: las masas de chiíes marginados y relegados durante siglos, que han visto en estas elecciones su gran oportunidad. A la entrada del colegio, cada votante era cuidadosamente, minuciosamente, cacheado. Debía desprenderse de la chaqueta, que era registrada aparte, a distancia de su dueño, y se le obligaba a dejar en la puerta el teléfono móvil. Debía mostrar su identificación y la tarjeta de racionamiento con la que se le había inscrito como votante, y recibía a cambio dos sábanas de papel (una para elegir la Asamblea nacional, otra para el Parlamento provin- cial) en las que figuraban los partidos en liza con sus respectivos emblemas y sus vistosos anagramas. El votante era conducido tras unos paneles para que, oculto de miradas indiscretas, como mandan los cánones de las elecciones democráticas, marcase en las papeletas el partido al que votaba. Sumergía después el extremo del dedo índice en un bote de tinta azul para certificar así que ya había hecho uso de su derecho al sufragio, y depositaba las sábanas de papel con sus votos en los altos recipientes de plástico que servían de urnas. A pesar de las apocalípticas amenazas lanzadas por el terrorista jordano Abu Musab al- Zarqaui, el hombre de Al Qaida en Irak, a pesar del inquietante eco de las bombas, de los aviones y helicópteros que estos días no han dejado de sobrevolar sobre la ciudad, y de la sospecha de la muerte que ronda a todas horas y en todas las esquinas de esta urbe atemorizada, no hubo escenas de nervios, ni confusión. Esto es la democracia No tenemos miedo. Esto es la democracia. ¿Por qué voy a tener miedo la primera vez que voto con libertad afirmaba jubiloso un hombre que acababa de votar en un colegio electoral del barrio de Karrada. Estaba eufórico, como muchos de los que ya habían depositado su voto. Tal vez porque ya había pasado el trance más peligroso y ya se veía de vuelta en casa, entre los suyos, con vida, después de haberse salido con la suya y de haber votado pese a todas las amenazas y a todas las bombas. Era una satisfacción llevar la contraria a tantas adversidades, rebelarse contra la opresión del terrorismo. Y después de todo, se palpaba también entre los electores la satisfacción de haber votado por vez primera después de 50 años sin elecciones de verdad. Una satisfacción, aunque fuera en mitad del infierno. A la entrada del colegio, cada votante era cuidadosamente, minuciosamente, cacheado Sumergía después el índice en un bote de tinta azul para certificar así que ya había votado