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18 Nacional LUNES 31 1 2005 ABC Un médico español afincado en EE. UU. protagoniza una peculiar campaña de lobby para que el ex presidente del Gobierno se convierta en secretario general de la ONU o algo similar El otro amigo americano de Aznar TEXTO: PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL FOTO: EDDIE ARROSSI WASHINGTON. George W. Bush no es el único amigo de José María Aznar al otro del lado del Atlántico. Ramón García, un médico español afincado en Estados Unidos desde los años 50, ha llegado hasta el punto de transformar su enorme admiración hacia el ex presidente del Gobierno de España en una peculiar campaña de lobby Con la ayuda de otros dos distinguidos amigos de origen español, este granadino con mucho más acento gringo que andaluz ha organizado un informal comité para promover la candidatura de Aznar a secretario general de la ONU o algo similar Según explica el doctor García, que a los 73 años sigue ejerciendo la medicina ocupacional en diversas agencias federales de Washington, a Kofi Annan, que ha sido un desastre, le quedan dos años y José María Aznar sería un candidato ideal por su mucho prestigio internacional y la muy buena reputación que tiene en Estados Unidos País que, según se apresura a recordar este acomodado galeno, realiza las mayores aportaciones a las arcas de la ONU, institución corrupta en todos los sentidos como ha quedado demostrado en el programa de petróleo por alimentos de Irak Para su campaña de persuasión e influencias, Ramón García- -que cuando llegó a Estados Unidos hace casi medio siglo se consideraba simpatizante del Partido Demócrata pero que en la actualidad figura como donante del Partido Republicano- -había preparado una lista de influyentes congresistas, encabezada por el senador John Warner de Virginia, entre los que promocionar la candidatura de Aznar. Además de activar sus conexiones en círculos políticos de Washington, contactó hacia finales del año pasado con la propia fundación FAES y diversos medios de comunicación. Al poco tiempo de iniciar su ofensiva de cabildeo, el espontáneo promotor de José María Aznar recibió la comunicación de un tal señor Arias de la fundación FAES. En términos amables, Ramón García fue informado de que el ex presidente del Gobierno español agradecía mucho el interés demostrado pero no estaba interesado Jarro de agua fría que no ha congelado los afanes del buen doctor por lograr un puesto internacional de postín para Aznar. Como alternativa, su atención se ha fijado en la jefatura del Banco Mundial que quedará vacante este verano. Pero tradicionalmente este puesto es ocupado por ciudadanos de Estados Unidos mientras que las riendas del Fondo Monetario Internacional corresponden a la vieja Europa. Inasequible al desaliento, el doctor mantiene que al final algo importante saldrá para el súper- cualificado Aznar. Para explicar su ímpetu aznarista, Ramón García cita sus frecuentes viajes a España: Durante el mandato de José María Aznar, el país ha experimentado un cambio positivo en todos los aspectos, un cambio como de la noche a la mañana Aun así, este valedor de Aznar no ha tenido todavía ocasión de conocer personalmente a su ídolo aunque se las arregló para asistir al discurso pronunciado en febrero de 2004 por el entonces presidente del Gobierno ante una sesión conjunta del Congreso de Estados Unidos. Ramón García pretende convertir a Aznar en secretario general de la ONU Trágica epidemia En estos momentos, la otra gran preocupación de Ramón García- -casado con una pintora californiana y orgulloso padre de tres hijos- -es lo que él describe como una trágica epidemia de antiamericanismo en España. Como ejemplo cita la carta de una sobrina barcelonesa que recibió estas Navidades. En la misiva, la joven reprocha a su tío: ¿Cómo es posible que te guste Bush? insistiendo en que todos los españoles odian al reelegido ocupante de la Casa Blanca. Para el doctor, esta retórica basada no sé si en la ignorancia o la envidia no favorece para nada a España, con el riesgo de ser encasillada como uno de los países europeos con mayor hostilidad hacia Estados Unidos. El verano pasado, el doctor García pasó por Madrid y visitó la estación de Atocha para recordar la tragedia tristísima del 11- M A su juicio, el gobierno de Aznar fue injustamente culpado por haber adoptado una posición valiente y gentil Pero pese a su conservadurismo, este admirador incondicional de Aznar desea que le vaya bien al gobierno de Rodríguez Zapatero y que España continúe progresando. Por su experiencia en Estados Unidos, país del que admira sobre todo la honestidad y generosidad de sus gentes, el doctor cree que cambiar de gobierno es una práctica política bastante saludable. GERMÁN YANKE UNA CERILLA, UN INCENDIO o malo- -o lo peor- -de Aznar es que el país estaba crispado Nueve meses después de que abandonara el Gobierno, seguir escuchando este comentario produce una mezcla de estupor y risa. Ahora, tras la experiencia de una suerte de embarazo de talante y diálogo, cada cerilla encendida produce un incendio. Decir que el adversario político es un imbécil parece una filigrana casi educada porque el tono del debate empieza por afirmar que es un hijo de tal. Todo son palabras gruesas y, a fuerza de exagerar el grosor, vacías. Es bien cierto que los peculiares pactos parlamentarios del PSOE contenían, como parte de su arquitectura, la exclusión del PP. El diálogo ha sido más bien una estrategia, no una actitud. Lo estableció en Cataluña con los partidos situados a su izquierda haciendo constar una referencia formal a esa exclusión, mucho más contundente y sin condiciones que la que el Pacto Antiterrorista establece para con aquellos que colaboren de un modo u otro con L ETA y su entramado. Y, más allá de este desvarío- -disimulado con la invitación al PP para seguirles en la reforma estatutaria- el afán de apartar al PP ha presidido toda la gestión de la mayoría, porque es su entraña, y el discurso político del PSOE. En ese contexto ha tomado cuerpo una vieja tropelía de la izquierda: negar carácter democrático a la derecha. Con la disculpa del franquismo, y sobrevolando la ironía de olvidar cuántos representantes de la izquierda de hoy son sus herederos, se ha tratado de colocar a la derecha fuera del arco de lo razonable políticamente. Ahora mismo, como hemos visto tras los lamentables incidentes de la manifestación de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, en cuanto la derecha levanta la voz se trata de situarla en el extremismo antidemocrático o en el fascismo, como también ha ocurrido en Andalucía por las reservas del PP a la negociación de la financiación de la Unión Europea. Es muestra de soberana indigencia intelectual pero, al parecer, tiene efica- cia, es decir, aúna a los indigentes ante un enemigo común. Si a esto se añade que la derecha, al ser contrariada o maltratada, termina por responder con una percusión similar, vamos aviados. Algo de ello hay en la identificación de las irregularidades posteriores a la citada manifestación con la Gestapo o el comienzo del nazismo. Este tipo de zarabanda política impide el debate serio y banaliza el mal, por parafrasear a Arendt. La dictadura, el fascismo y el nazismo son atrocidades, cada una de ellas con sus características y grados, que nada tienen que ver con las diferencias entre la izquierda y la derecha en una sociedad moderna y abierta y que deberían ser, además, lo que ambas tendrían que evitar conjuntamente. El Congreso se enfrenta esta semana al Plan Ibarretxe. La democracia implica la confrontación respetuosa y, para evitar ambas, el nacionalismo vasco ha tratado de imponer un dictado dogmático a todos los españoles, especialmente a los vascos. El Gobierno es consciente de que precisa, ante esta avalancha totalitaria, el entendimiento con el PP y que, ante las grandes cuestiones- -las que afectan a los derechos y las libertades- -su propia posición, incluso ante sus electores, se refuerza con ese acuerdo. Pero no puede ser considerado una estrategia ni es compatible con la inconsistencia de un ambiente de insultos y descalificaciones absurdas.