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ABC DOMINGO 30 1 2005 Tribuna 79 N estos tiempos de cambio que nos ha tocado vivir quisiera hacer algunas consideraciones que para mí, al menos, me parecen de perogrullo. Les voy a hablar de sentimientos. Respeto profundamente a quienes se sienten vascos, catalanes o gallegos y no españoles. No lo comparto pero cada uno es muy dueño de sus sentimientos. Pero al mismo tiempo pido el mismo respeto a los que además de vascos, catalanes o gallegos nos sentimos españoles. Creo que como yo, que desciendo de un vasco y por matrimonio mantengo una relación intensa con Cataluña, la mayoría de los habitantes de este país tenemos vivencias múltiples con las diferentes partes de lo que para nosotros es España y consideramos como parte de nuestro patrimonio cultural y por lo tanto nos importa y nos preocupa lo que pasa y pueda pasar en ellas y en especial cuál va a ser el modelo territorial del Estado. No quiero aburrirles con mi caso, pero creo que sirve de muestra de lo que probablemente les pasa a muchas personas. Nací en Madrid, empecé a hablar y a dar mis primeros pasos en Sevilla y es quizás por ello, por lo que siempre he tenido un cariño especial por Andalucía, interesándome el flamenco del cual soy un modesto aficionado. Por raíces maternas, he tenido una relación entrañable con E SENTIMIENTOS JUAN ENTRECANALES AZCÁRATE Doctor Ingeniero Industrial y Empresario Fui estudiante de ingeniería en Barcelona al final de los años cincuenta y ya en esa época manifesté que los catalanes no sólo tenían el derecho a hablar su lengua, sino que además tenían la obligación de mantenerla y potenciarla, lo cual no estaba en contra de que además se hablase el castellano León y su entorno que es donde están enterrados mis padres. De joven pasé gran parte de mis vacaciones de verano en el País Vasco, practicando con amigos vascos el jue- go de pelota y remo de trainerillas además de disfrutar del chiquiteo y la buena comida. En la actualidad, y desde hace más de cuarenta años, paso por lo menos un mes al año en esa tierra maravillosa que es el Ampurdán. Por último, me he convertido en un toledano de adopción, pues voy a esta ciudad la mayoría de mis fines de semana. Por mi actividad empresarial, he tenido la ocasión de participar y colaborar en el desarrollo de muchas partes de España, lo que me ha permitido conocer a muchas gentes y disfrutar al mismo tiempo de sus paisajes, arte, monumentos y gastronomía, entre otras cosas. He sido siempre partidario de defender la cultura de cada región y en especial el tema lingüístico. Fui estudiante de ingeniería en Barcelona al final de los años cincuenta y ya en esa época manifesté que los catalanes no sólo tenían el derecho a hablar su lengua, sino que además tenían la obligación de mantenerla y potenciarla, lo cual no estaba en contra de que además se hablase el castellano (o espa- ñol) como vehículo y lengua común de todos los españoles. Cuando hablo de Patrimonio Cultural, me refiero al románico, el gótico, el mudéjar o el modernismo, ciudades como Gerona, Granada, Salamanca, Santiago, Toledo entre otras o artistas como Picasso, Gaudí, Miró, Chillida o escritores como Pío Baroja, Unamuno, Cervantes y muchos más que no cito. Qué ocurriría si los vecinos de la Diagonal en Barcelona, la Gran Vía de Bilbao o la Castellana en Madrid se pusiesen de acuerdo un día y quisieran cobrar un peaje al resto de los ciudadanos de cada una de esas ciudades. Se armaría un escándalo monumental. Pues bien para los que tenemos el sentimiento de españoles además del de cada región, para nosotros Cataluña, País Vasco, Galicia, Andalucía etc. es como esas vías urbanas que he citado más arriba para sus ciudadanos. Y ustedes dirán por qué les cuento todo esto; pues bien, lo hago para reforzar mi argumento de que a mí y a muchos españoles nos importa y nos preocupa lo que pase o pueda pasar en las diferentes partes de España y en consecuencia queremos opinar y en su caso votar sobre el modelo territorial. En resumidas cuentas, eso es lo que dice la Constitución que votamos mayoritariamente en 1978 en su artículo 1 Apartado 2: La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado A gente joven- -y menos joven- sigue jugando con canciones que suponen la memoria de toda una época, más en concreto la guerra civil española y la triste y dura posguerra, en la que la gente más pobre moría de hambre, y eso contando con la ayuda del rico país que era y sigue siendo Argentina, antes de ser expoliado por unos y por otros, a lo largo de todo el siglo XX, ayuda que como embajadora del mismo, hizo a título personal Eva Perón, y su marido que la adoraba, Juan Domingo Perón. Esta memoria está representada en muchos grandes cantantes como Concha Piquer, Miguel de Molina- -que al querer llevar su osadía sexual a niveles no permitidos por el oscurantismo de la época, hubo de emigrar, curiosamente, también a Argentina y no quiso volver a morir a España- Juanita Reina, Juan Valderrama, fallecido no hace mucho tiempo, y que con canciones como El emigrante nos pusieron la piel de gallina a toda una generación, con esa lágrima que se escapa traicionera al evocarla. Aunque nos quede de aquella época el sabor agridulce, y la variedad multicolor del género de la revista, traído de la mano por la sin par argentina Celia Gámez, con su buen gusto y genialidad y su coro de maravillosas chicas, que nos hicieron soñar con las hadas madrinas, de la que salió esa estupenda y polifacética artista vallisoletana llamada Concha Velasco. Y Antonio Molina con estremecedoras canciones como Soy minero fruto de otra de las caras amargas de un país. Y la historia del L RESPETO LOLA SANTIAGO Escritora cuplé que fue revitalizada y sostenida durante casi un siglo por Olga Ramos y su hija Olga María Ramos, hasta que le fue cerrado su viejo local, sin darle otro a cambio, en la calle de la Palma. Y la gran Imperio Argentina, que se nos fue, también, hace poco. Sí, todo esto está siendo pisoteado por algunos humoristas, cantantes y poetas modernos- -ni tan siquiera modernos en el sentido que tuvo para los poetas llamados así, y que hicieron posible una renovación del lenguaje en su significado y su significante, para dar vida a un auténtico signo lingüístico, tal y como había sido investigado que se forman las lenguas por los lingüistas de principios del siglo XX, con Saussure a la cabeza, lo que llamamos, vulgarmente, su forma y su contenido- Es cierto que, hoy en día, se aceptan términos y expresiones que a fuerza de ser usados, en el lenguaje coloquial, se incorporan al lenguaje no ya académico, diccionarios, etc, lo que en cierto modo es lógico, pues forma parte de un hecho o acto de habla debido a la necesidad de expresarse en algún nivel de la comunicación, siempre que forme un signo lingüístico. Por ejemplo siglas, porque nos están remitiendo a otra realidad... Pero lo que no po- demos hacer de ninguna de las maneras es seguir empobreciendo el lenguaje, o ridiculizando las canciones que son la memoria de toda una época, bastante nefasta, por cierto, pero época histórica, que no debemos olvidar, para dos cosas sobre todo. Para no caer en una guerra fratricida y para no incurrir por ambos bandos, en los errores del pasado. Con heridas, -todos las llevamos, de un signo o de otro- pero heridas que piden ya dar paso a la claridad del nuevo día, o a la cauterización mental si esto no es posible, y el tiempo y la historia aún no las han extirpado. Letras con creatividad, con ideas, y si esto no es posible, diversos ritmos, sin destrozar lo que tenemos, la memoria sentimental del pasado, o acabaremos como en el Quijote cuando, tras la quema de libros, al salvar sólo los ejemplares más egregios, ya que los otros si no ideas, sí llevaban aventuras- -lo que le servía para matar el tiempo, aprovechables, pues, para otros niveles de lectura... se ve obligado a salir en busca de ellas, para acabar, saliendo siempre de las mismas en su idealismo o fe ciega, chamuscado como él mismo diría, aunque para eso lleva a su lado a su fiel Sancho Panza, con quién dialoga y el que le ayuda a sobrevivir, buscando a su Dulcinea, por el inmenso páramo de las llanuras castellanas y los riscos aragoneses, en este bendito idioma que inmortalizó Cervantes, en su Don Quijote, -échenle una miradita, ahora que estamos en su cuarto centenario. Hay ediciones hasta para niños. Todos ustedes, compositores, poetas, escritores, ustedes que se llaman adultos y que dirigen o crean programas para adultos, en medios importantes de comunicación como la televisión. Estudiantes, todos, pongámonos a retomar esta fuente de sabiduría e incluso divertimento, según el ángulo desde el que se mire, o las lecturas que se hagan y la edad, la prisa o la calma, y el grado de inocencia, esperando en la madurez de su siempre amena y sustancial lectura; pero, por favor, si no le gusta, si no encuentra la edición adecuada, antes de odiarlo, déjelo, relájese y póngase un buen disco de música clásica, para ir afinando el oído, o simplemente, ensaye una nana. Después, usted que critica esta memoria sentimental de toda una época, a la que nos hemos referido hoy, si no está de acuerdo, guárdese su resentimiento o su falta de amor, o su egoísmo, y siéntese ante un montón de libros históricos, geográficos, y del tipo que quiera y verá que todo se reduce a saber amar. El descubrir cómo debe ser este amor se lo dice cualquier cuento o idea infantil si está bien elaborado, pero yo creo que por mucho que se lo cuenten usted no lo entenderá bien, hasta que sea capaz de explorarlo en sus semejantes y en lo más profundo de su corazón.