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ABC DOMINGO 30 1 2005 Cultura 77 CLÁSICA Música de cámara de RTVE Obras: C. Halffter, P. Ben- Haim, J. Torres y A. Honegger. Intérprete: M. Borrego (violín) Lugar y fecha: Teatro Monumental, Madrid. DANZA CND Coreografías: Cautiva (Duato Iglesias) Falling Angels (Kylián Reich) y Diecisiete (Duato Alcalde Caballero) Intérpretes: Compañía Nacional de Danza. Dirección artística: Nacho Duato. Lugar: Teatro de la Zarzuela, Madrid. Fecha: 27- I IMPORTANTE CICLO DESASISTIDO ANTONIO IGLESIAS Y LOS SUEÑOS... BALLETS SON JULIO BRAVO s una pena ver el espacioso Teatro Monumental tan desasistido, en su espléndida programación de su ya novena convocatoria anual del ciclo Música de cámara de la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE si son importantes las sesiones en el total de sus diez conciertos a celebrar los sábados a mediodía a lo largo del primer trimestre del año en curso, sus bien editados programas de mano, con notas firmadas por el esmero y la eficacia de González Lapuente, añádasele la gratitud de la entrada... y tendremos tema para discutir acerca de la auténtica filarmonía del público capitalino... Que se transmitan en directo por Radio Clásica (RNE) eso ya es otra cosa. Obras para violín solo, conformaron el programa del concierto que aquí nos ocupa, con el protagonismo interpretativo de Miguel Borrego, magnífico concertino de la Sinfónica de RTVE, quien ofreció su rico bagaje de instrumentista de clase, por bonito sonido y seguridades técnicas, en el mejor servicio de las partituras por él interpretadas. Dio comienzo con la Sonata que, Cristobal Halftter, escribió en 1959 disponiéndola para violín solo pero ya con su Finale o brillante estudio polifónico de absoluta libertad y sabor actual que, entonces, sorprendieron tanto. Siguió nuestro concertista con otra Sonata también escrita para violín solo, debida a Paul BenHaim, compositor israelí que crea una página de adivinadas raíces populares, destacando la nostalgia de su Lento e sotto segundo tiempo que se contrastará con el Molto allegro final de corte virtuoso. Jesús Torres- -que participó del éxito saludando desde el escenario- estrenaba su Chacona en un excelente trabajo que mira a Bach, jugando no poco con los armónicos y las alternativas lineales y la doble cuerda, en una lograda textura instrumental al ciento por ciento. Por último, del maestro suizo, Arthur Honegger, admiraríamos su siempre enorme destreza contrapuntística, su sólida construcción, en otra Sonata para violín solo la H 143, escrita hacia más de medio siglo siguiendo perfumes bachianos, a través de una Allemande y otros viejos moldes, así la zarabanda gavota musette y giga El cerrado aplauso del público rubricó un franco éxito. E D Morrison salió al escenario parapetado tras sus gafas y el omnipresente saxo Van Morrison, el León de Belfast llegó, rugió y venció en una velada de buena música y pocas palabras, como es su costumbre. Su piel alba dejó en el Manzanares ecos del Misisipí. Ahí es nada El negro de ojos azules TEXTO: CARLOS HIDALGO FOTO: ÁNGEL DE ANTONIO MADRID. A este Van Morrison, a punto de los 60, no hay quien pueda meterle por vereda. Ni falta que hace. Impertérrito, soberbio, malhumorado, seco, antipático, en fin, maestro, se presentó anoche en el Palacio de Congresos del paseo de la Castellana como si la cosa no fuera con él. Enfrente, una cohorte de legionarios del inclasificable artista, tan ecléctico y divo- -él, que lo puede- -como opaco para las modas y el fracaso. Carrozas, jovenzuelos, parejas y algún que otro progre de chalé además, por supuesto, de una representación de su parroquia patria, Irlanda, exploraban con los ojos vueltos todos y cada uno de los malabares que este genio brindó en los 19 temas que rugió. Si el desorden de canciones- -con Morrison en el escenario, él es quien elige los platos, y casi sobre la marcha- -fuera recogido en una grabación, no haría falta hacer recortes entre canción y canción para eliminar diálogos con el público, sencillamente, porque no los hubo. Ni siquiera un buenas noches -léase good night claro está- -al comenzar el recital. Morrison sólo quiere hablar lo que le dicta el pentagrama, y sus seguidores lo saben. Así, casi sin respiro, la magnifíca banda que le acompaña en esta gira por España- -de la que sobresale el dúo de metales- -hilvanó desde la primera canción- -la instrumental Inarticulate speech of the heart -un repertorio en el que hubo de todos, aunque no se alcanzó la Gloria Da igual. En Madrid nos quedamos con las chicas de ojos marrones. Virtuoso en la virtud del valor de hacer lo que a uno le da la gana y, encima, hacerlo más que bien, Morrison se atreve con el saxo, la guitarra y su segunda faringe, la armónica- Talk is cheap nena, ¿o es que aún no te has enterado? Huele al Summertime de Billie Holiday en el solo de trompeta de Help me y nos recuerda los orígenes celtas en Tore down ala Rimbaud El León ruge en el falso final, Moondance Quiere largarse a bailar con la luna. Pero, al final, como casi siempre, sale agarrado de la cintura de la chica de ojos marrones, camino de la selva, donde sabe que es el rey. Y se vuelve a sus asuntos. Que no son los nuestros. entro de unos meses, Nacho Duato cumplirá quince años al frente de la Compañía Nacional de Danza. Durante este tiempo ha creado más de una treintena de ballets para sus bailarines, y ha ido escalando posiciones dentro del panorama coreográfico internacional. No es extraño, pues, que los fieles de Duato a lo largo de estos quince años encuentren ya pocos elementos de sorpresa (no tiene por qué ser algo negativo) en los programas presentados por la Compañía. Estructuralmente son, salvo contadas excepciones, idénticos: tres coreografías de duraciones similares, donde siempre hay al menos una del propio Duato y en la que es frecuente la presencia de coreógrafos como Jiri Kylián o William Forsythe, sus dos principales compañeros de viaje. La fecundidad de Duato es, también, denominador común de estos tres lustros, a lo largo de los cuales ha vivido en constante evolución, con etapas líricas naïfs tenebristas poéticas elegíacas Diecisiete es el último trabajo de Duato. El título hace referencia al número de sílabas que tiene el kaiku una forma poética japonesa, cuya cultura inspira las imágenes y la música (de Pedro Alcalde y Sergio Caballero) Duato, un extraordinario pintor de escenarios, teje aquí un ballet de tintes oníricos, que discurre calmosamente sobre una música que muy a menudo no es más que sonidos, que parece querer contar algo que resulta incomprensible, y en la que Nacho Duato despliega todo su repertorio con una protagonista absoluta, Tamako Akiyama. La bailarina japonesa- -que bailó las tres piezas del programa- -se ha convertido en la última musa de Duato, y no es de extrañar. Posee un sentido del movimiento extraordinario y una dulzura que convierten su baile en pura poesía. Le acompaña una Compañía Nacional de Danza que está, posiblemente, en uno de los mejores momentos de su historia; que se muestra segura, brillante, compacta, con una calidad de la que se deben sentir orgullosos sus responsables. Lo demostraron en Cautiva una sinuosa coreografía que cuenta con una cautivadora (en todos los sentidos) música de Alberto Iglesias; y se comprobó en Falling angels esa prodigiosa joya creada por el checo Jiri Kylián para ocho bailarinas.