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ABC DOMINGO 30 1 2005 Cultura 75 Dos casos difíciles Willi Friedrichs: Salvó a numerosos judíos, pero después de la guerra cometió un asesinato cuando robaba empujado por la necesidad. Durante la persecución nazi, hospedó a una judía, Lea, en su casa, presentándola como su novia polaca, sin obligarla a mantener relaciones sexuales. Él la buscó cuando ya estaba en la cárcel. La encontró y ella quiso recompensarle. Dio a conocer a los jueces de Colonia la parte respetable de la vida del condenado lo que le valió la conmutación de la cadena perpetua por 20 años de prisión. No se le reconoció título alguno porque no se le podía juzgar bajo el punto de vista judío, sino con la visión universal del valor supremo de la vida humana. Obtuvo la libertad en 1968. Rolf Pechel: Una mujer judía presentó un caso difícil: el de un oficial de la policía criminal nazi en Varsovia. Había ayudado a Sandra Brandt y a otros judíos del gueto. Moshe vio en el caso sólo una historia de amor y ella decidió luchar por su cuenta. Escribió un libro. Tras años de lucha consiguió para Pechel, el 23 de enero de 1997, el título de Justo entre las Naciones. pado de la memoria del bien realizado durante el Genocidio. Repetía sin cesar: No quiero que un solo justo sea olvidado por nosotros, los judíos Quizá el primero en quien pensó fue en Oskar Schindler, en cuya fábrica de Brinnlitz trabajó hasta el final de su cautiverio. Hubo otros muchos que le salieron al paso y los atendió como justos en la convicción de que lo único que cuenta frente al mal es el comportamiento generoso de las personas Para ellos hubo árboles y medallas, ambas cosas o una sola, según los casos. Los justos vencieron a Auschwitz. Moshe no buscaba héroes, sino seres humanos. Como Oskar Schindler, para el que trabajó y de quien le llamaba la atención el desprecio con que trataba a su esposa, en contraposición a la generosidad con que era capaz de tratar a los trabajadores judíos. Recuerda cómo en tiempos de escasez, se lanzó a la calle para encontrar manzanas para satisfacer a una moribunda joven judía, o cuando se empeñaba, por ejemplo, en salvar a un grupo de niñas de los nazis explicándoles que sus dedos largos conseguían llegar al interior de los casquillos mejor que los adultos Schindler devolvió el sentido de la dignidad a quienes trabajaron para él. Los trabajadores le ayudaron a escapar cuando los rusos se acercaban a la fábrica. La deuda podía estar pagada, pero Moshe eligió ser coherente: que el deber de recordar no se concentrase sólo en el mal, sino en el bien recibido. A los justos no había que juzgarlos por su comportamiento en la vida cotidiana y privada, sino por la actitud de ser capaces de salvar vidas humanas. A pesar de Auschwitz, el mal ha continuado presentándose en la escena mundial, desde Biafra a Ruanda, o en la ex Yugoslavia. Pero si el mal continúa intentemos comprender cómo puede continuar también el bien dice Bejski, quien a sus 84 años sigue subiendo a la colina del Jardín de los Justos. MOSHE BEJSKI Presidente emérito de la Comisión de los Justos en el Memorial de Yad Vashem El antisemitismo continúa Nacido en Cracovia (Polonia) en 1921, Moshe Bejski, que pasó por seis campos de concentración hasta llegar a la fábrica de Schindler, reside actualmente en Israel TEXTO: S. L. S. -Buscar el bien cuando se ha vivido en el infierno, ¿es una manera de sobrevivir, de salvarse? -Decir que yo me he salvado es exagerado. Los prisioneros de los campos hemos sufrido mucho para salvarnos Estar vivo es una suerte... Con mi trabajo he querido buscar a los justos de la Shoah, que son más de 20.000, aunque seguro que habrá más, para mostrar que en cualquier caso, fueran las que fueran las leyes, se podía ayudar a los judíos, salvar a otro ser humano, si la humanidad asume esa responsabilidad. Por eso considero que es muy importante, en primer lugar, dar reconocimiento a todas esas personas y, en segundo lugar, demostrar al mundo que se podía ayudar, que se podía hacer algo. De hecho, hubo gente que lo hizo. Hay que dar muestras del horror, pero también del bien. -En ocasiones se afirma que la sociedad es responsable de la maldad del hombre como individuo, pero, a fin de cuentas, la sociedad es un colectivo de individuos. -No estoy de acuerdo con aquellos que condenan a toda una sociedad porque un conjunto de individuos realiza un crimen. Si se trata de toda una sociedad implicada en el crimen, no queda más posibilidad que condenarla. En Alemania, por ejemplo, es difícil hacer distinciones entre buenos y malos En mis 30 años como presidente de la Comisión de los Justos, se han encontrado unos centenares de casos de alemanes que han salvado judíos. Como hicieron los franceses, los daneses, los suecos, etc... No se puede hablar, pues, de todos los alemanes. Por otra parte, fue la nación alemana quien creó los campos de concentración, y no un solo individuo, Hitler. Pero aún así, ahí están los casos aislados. Schindler era alemán e hicimos todo lo que pudimos por él después de la guerra. Pero si hablamos de Alemania, toda la nación fue responsable de lo que pasó. -A usted le salvó de la muerte Oskar Schindler, pero no volvió a verlo hasta veinte años después del fin de la guerra. ¿Por qué lo buscó? -Yo fui uno de los testigos del caso Eichmann. Después de declarar ante el Tribunal, me di cuenta de que había hablado de todas las atrocidades, pero no había contado que un alemán me salvó. Pensé buscarlo e invitarlo a Israel, para darle muestras de mi gratitud. ¿Ha perdonado a Spielberg, autor de la película sobre Schindler, que utilizó su documentación y sus investigaciones sin citar su nombre? Bejski habla durante la inauguración de la calle de Schindler el 19 de abril de 2001 -No tengo nada que perdonar porque no hice nada. Fue Schindler quien hizo algo. Lo que sucedió es que Spielberg me llamó cuando estaba en Israel para que participara en la última escena de la película, cuando los miembros de la lista conmemoran a Schindler en su tumba, pero yo no soy un actor y además no quería figurar. Le repito, yo no hice nada. Me molestó que Spielberg no me llamara durante el proceso de creación de la película, porque yo conocía a Oskar mejor que los otros. Estuvo aquí, en mi casa, después de la guerra, diecisiete veces. Si Spielberg no me contactó antes, cuando podía ser útil, ¿de qué servía que apareciera en una escena? ¿Cuál ha sido el justo que más le ha impresionado? -Cada caso es especial y singular. Pero si tengo que elegir me inclino por la médico francesa Adelaida Hauval. Le resumiré la historia. Se la conocía como la amiga de los judíos Era prisionera en un campo en Francia y, al ver como trataban a los judíos, se quejó a las autoridades de la Gestapo. Como castigo tuvo que permanecer de pie durante varios días y después fue trasladada a Auschwitz en un tren de judíos Por su profesión, en este lugar le pidieron que hiciera abortar a las mujeres judías, ya que se les prohibía tener hijos. Ella no sólo se negó, sino que protegió a las mujeres afectadas de tifus que estaban en su barraca, la número 10. La llamaban el ángel blanco La conocí años después en Israel y fuimos amigos hasta su muerte. En Francia va a publicarse una enciclopedia que recoge todos los nombres de los justos de la Shoah. Se trata de una buena herencia para las generaciones futuras. ¿Cuál es la gran lección de Auschwitz? -Desgraciadamente, el mundo no ha aprendido mucho. El antisemitismo continúa, en toda Europa hay antisemitismo. El odio sigue. Irak, sin ir más lejos, es el nuevo genocidio. -A sus 84 y después de todo lo que ha vivido, ¿qué piensa de la condición humana? -Prefiero no contestar a esta pregunta. Con mi trabajo he querido buscar a los justos de la Shoah, que son más de 20.000, para mostrar que, fueran las que fueran las leyes, se podía salvar a otro ser humano Me molestó que Spielberg no me llamara, porque yo conocía a Oskar mejor que los otros El caso que más me ha impresionado es el de la médico francesa Adelaida Hauval, el ángel blanco