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74 Cultura DOMINGO 30 1 2005 ABC Moshe Bejski planta un árbol en el Jardín de los Justos de Jerusalén Bejski (a la izquierda) junto a Schindler (corbata clara) y Adenauer (a la derecha) Historia del judío que salvó del olvido la valentía de Schindler y otros hombres justos Publican la biografía de Moshe Bejski, cuya vida cobró sentido buscando el bien en el infierno nazi b Quien salva una vida, salva a la Humanidad dice la Torah. Bejski, judío de la lista de Schindler, decidió que no se instalaría en la memoria del odio, sino en la del bien SOFÍA L. SOLANO MADRID. Como el juez del bien. Así pasará a la historia alguien que lo merece: Moshe Bejski. Conoció de lo que eran capaces los nazis en su inhumano empecinamiento por borrar a los judíos de la Tierra. Este judío polaco conoció varios campos de concentración y trabajó en la fábrica de Oskar Schindler, a quien, como a tantos otros, rescató del olvido o el odio que no merecían. Él mismo no permitió que ese atroz sentimiento anidara en su corazón. La historia de este hombre la narra Gabriele Nissim en El jardín de los justos (Kailas) El autor, ensayista y periodista, es experto en la política y cultura de los países del Este, razón por la que es buen conocedor de la comunidad judía en esa zona. Su conocimiento de la labor de Bejski, que ideó la creación del Jardín de los Justos en Jerusalén, le ha llevado a él mismo a fundar una asociación que reconozca a los justos de los genocidios del siglo XX. Moshe Bejski, judío polaco, no sólo sufrió el terror nazi sino que experimento la hostilidad de los polacos. En Dzialoszyce, al ser detenidos los judíos por los alemanes, con destino incierto pero imaginable, veía asomarse tras la ventana a un polaco al que conocía y me daba cuenta de que nadie se compadecía de nosotros. Nos quitaron todo, incluso las casas. Los polacos pensaban que con un judío no se podía compartir el mundo y nos llamaban adeptos al Viejo Testamento una definición que nos ridiculizaba No obstante, también tenía en el recuerdo la comprensión de algunos, aunque fueran minoría. Así, el caso de Bejski y algunos supervivientes de la lista en la calle que recuerda a Oskar Schindler en Tel Aviv Marian Wlodarczyk, que le ofreció cobijo, pero tuvo que renunciar muy a su pesar ante la presión de los vecinos. Pero, ¡ay! la impasibilidad de los polacos iba a ser sustituida por hombres que habían renegado de lo que de humano hay en la persona. Llegó el día en que subió a un tren en el que la maldad era su maquinista. Empezó así su calvario, un camino que despertó en él el odio que provoca una situación que además de injusta parece no tener fin. La mente humana no logra controlar un estado psicofísico donde ya no existe la cognición del tiempo dice Bejski. El joven Moshe- -22 años- -entró en el campo de Plaszow en 1943. Lo que él cuenta de aquel tiempo y del que siguió añade iniquidad a la historia de la infamia. El espanto diario de ver fusilar por capricho a quienes, según los asesinos propietarios de seres humanos, cometían lo que era un error Un horror que llevó a un rabino a dejar de creer en Dios. Era demasiado soportar la vida negada, el imperio de la muerte, el etcétera, en fin, del Holocausto. ¿Qué iba a hacer Moshe Bejski después de vivirlo, de ser una víctima que logra salvarse? Decidió tras la soledad extrema no establecerse en el mundo del odio, sino dedicar su existencia a las personas que ayudaron a los condenados. Encontró, precisamente en Polonia, 5.800. Una nación que colectivamente salvó a muchísimos judíos pasándolos en barca a Suecia sólo figura con una cifra que en principio se antoja pobre, 19, pero es debido a que la Resistencia danesa pidió que sus militantes fueran mencionados como grupo. Moshe fue presidente de la Comisión de los Justos en el Memorial de Yad Vashem, en Jerusalén, el primer organismo del siglo XX que se ha ocu- Los hombres justos vencieron a Auschwitz. Moshe Bejski no buscaba héroes, sino seres humanos