Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 30 1 2005 Los domingos 69 EL PERFIL DE LA SEMANA Manuel Monteiro de Castro Nuncio de Su Santidad en España EN LA ACERA ESCRIBÍ TU NOMBRE FERNANDO IWASAKI Ha causado revuelo que Exteriores llamase al Nuncio por unas palabras del Papa. Pero no es la primera vez. Con Aznar fue por un silencio del Pontífice Paciencia vaticana pasado martes por la tarde, el Nuncio de Su Santidad en España, Manuel Monteiro de Castro (Braga, 1938) bajó de su coche oficial y subió apresuradamente la media docena de escalones del Palacio de Santa Cruz para encontrarse con Luis Calvo, subsecretario del Ministerio de Exteriores, quien le hizo patente la extrañeza del Gobierno por unas supuestas críticas de Juan Pablo II a la política del Ejecutivo socialista. No era la primera vez que el arzobispo portugués realizaba este recorrido. En junio de 2002, fue el entonces titular de Exteriores, Josep Piqué, quien le llamaba a consultas para hacer patente el malestar del Gobierno de José María Aznar por la tibieza de la Iglesia frente a los posicionamientos de los obispos vascos. En uno y otro caso, Monteiro de Castro hizo gala de una fineza con contrasta con la desmesura de la llamada del acólito de Moratinos en Exteriores, lo que no fue óbice para instar al representante del Ejecutivo socialista a una lectura profunda y despolitizada del discurso del Pontífice, así como a resaltar la necesidad de construir puentes de diálogo entre la Iglesia y el Gobierno, en un momento especialmente tenso en sus relaciones por determinadas iniciativas legislativas que amenazan la doctrina católica sobre la defensa de la vida, el matrimonio o la enseñanza religiosa. Y es que el prelado portugués, Nuncio en España desde marzo de 2000, es un buen ejemplo del modo de actuar de la diplomacia vaticana, la más antigua del mundo. No en vano, existe conocimiento de la presencia de legados pontificios desde el siglo IV. En España, el representante de la Santa Sede es el decano de los embajadores acreditados en nuestro país y, como tal, es el encargado de pronunciar el discurso anual ante Su Majestad el Rey, en representación de todos los estados con los que España mantiene relaciones diplomáticas. La fina diplomacia ejercida por Monteiro de Castro viene de lejos. Ordenado sacerdote en 1961, desde 1967 realiza su labor en el servicio diplomático de la Santa Sede. Así, ha sido representante pontificio en Panamá, Guatemala, Vietnam, Australia, México y Bélgica, y ProNuncio en Trinidad y Tobago, la isla de Granada y Antiguas y Barbados. Antes de llegar a nuestro país- -uno de los mayores premios a la MATRIMONIO ACADÉMICO El POR JESÚS BASTANTE LIÉBANA A trayectoria de un diplomático vaticano- el arzobispo portugués fue Nuncio Apostólico en El Salvador, Honduras, Sudáfrica, Namibia, Swazilandia y Lesotho, lo que le permitió entrar en contacto con la pobreza más profunda y con los restos de la Teología de la Liberación. Manuel Monteiro de Castro habla a la perfección español, italiano, inglés, francés y portugués, lo cual no impide- -más bien al contrario- -encarnar el más puro el perfil de un representante pontificio: neutralidad y prudencia. Son pocas las entrevistas concedidas por el Nuncio en España- -la primera, nada más llegar, a este diario- quien cuida sobremanera que sus intervenciones públicas giren en torno a temas puramente eclesiales o relacionados con la diplomacia vaticana, de la cual es uno de los mayores expertos a nivel mundial. Hombre profundamente espiritual, se Ha pedido una lectura despolitizada de las palabras del Papa, mal interpretadas en otras ocasiones muestra en el trato cercano con una humildad que en ocasiones es difícil percibir en algunos de sus hermanos en el Episcopado. Entre sus funciones, destaca su permanente contacto con los distintos estamentos políticos y sociales de nuestro país, lo que ha permitido a Monteiro de Castro- -tras unos inicios titubeantes- -tener un profundo conocimiento de los principales problemas existentes en España. Muchas de las afirmaciones pronunciadas por Juan Pablo II en su audiencia a los obispos españoles el lunes pasado provienen de los exhaustivos informes que, cada trimestre, hace llegar el Nuncio hasta la Secretaría de Estado. En los últimos tiempos, Monteiro de Castro ha sido objeto de algunas críticas con motivo de la designación de algunos obispos, sobre todo en Cataluña. Porque otra de las funciones principales del representante del Papa en España es la de elaborar ternas de candidatos a obispo que después utilizarán Juan Pablo II y la Congregación de Obispos. En los próximos meses, habrá de acometer el relevo de obispos tan conocidos como Yanes (Zaragoza) o Sebastián (Pamplona) Quienes trabajan con él saben que ya está en ello. Sin prisa pero sin pausa ndaba el personal soliviantado por el debate surgido en torno a la ampliación del matrimonio civil a las parejas homosexuales, cuando de pronto apareció la Real Academia para poner las cosas en su sitio. A saber, que no se puede hablar de matrimonio entre homosexuales, porque dicha palabra tiene en nuestra lengua una inequívoca identidad heterosexual. Y miren por dónde comprobé que era cierto, porque la voz matrimonio en la última edición de la RAE tiene la siguiente definición: Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales Encantado de saber que la sensatez y autoridad de la Real Academia por fin erradicaba la crispación, decidí buscar la definición de la palabra Hombre y encontré lo siguiente: Hombre: Ser animado racional. Varón, criatura racional del sexo masculino Sin embargo, aunque estaba persuadido del rigor de la acepción femenina del concepto anterior, busqué Mujer y leí perplejo: Mujer: Persona del sexo femenino. La casada, con relación al marido ¿O sea que según la Academia la mujer no es racional y sólo tiene sexo? La clave tenía que estar o en el concepto racional o en el significado sexo En cualquiera de las últimas ediciones del DRAE, racional es simplemente perteneciente o relativo a la razón así que acudí a la fuente y transcribo: Razón: Facultad de discurrir. Acto de discurrir el entendimiento Y como nada me sugería una diferencia entre hombres y mujeres, decidí adentrarme en los dominios del sexo y encontré: Sexo: Condición orgánica que distingue al macho de la hembra en los seres humanos, en los animales y en las plantas. Débil las mujeres. Fuerte los hombres (como se entere mi madre, nos cruje a mí y a mi padre) Parece claro que si aceptáramos el argumento académico que impediría hablar de matrimonio entre homosexuales, deberíamos también asumir que el matrimonio reconocido por la Real Academia es una unión entre dos individuos desiguales, mas no sólo en lo sexual sino esencialmente en lo racional, pues el DRAE no admite mujer como criatura racional Por lo tanto, lo que me pide el cuerpo es recomendarle a la Academia que no meta su cuchara en estos pucheros sin antes haber actualizado esas definiciones que ni siquiera son tridentinas, porque ya el benemérito Diccionario de Autoridades (1737) se expresaba así: Muger: Criatura racional del sexo femenino En realidad, la naturaleza racional de las mujeres desapareció de los Diccionarios de la Academia en la edición de 1884, y desde entonces no se ha modificado la definición de marras. No obstante, por fortuna no sólo tenemos diccionarios sino también constituciones, y espero que en ellas conste- -algún día- -que el matrimonio civil es simplemente el derecho que tienen los ciudadanos para unirse conyugalmente. Otra cosa es que las personas se quieran y se respeten toda la vida, lo cual sería siempre más deseable que cualquier prurito legal, religioso, civil y- -por supuesto- -académico. www. fernandoiwasaki. com