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68 Los domingos DOMINGO 30 1 2005 ABC Benítez, todo expresividad y locuacidad, adoctrina a Julio durante la entrevista Viene de la página anterior del mundo, cuando dominas ese pedazo de mole que pasa por ahí y pasa por donde tú quieres y que te puede herir... Supone una descarga de adrenalina impresionante. El toreo, aparte de hacerlo bonito y posturitas y eso, es dominar y someter al toro No fallaron los criterios de los aficionados que lo habían contemplado en las escasas plazas por las que se ha rodado el nuevo Cordobés: se pone en un sitio donde las vacas lo huelen, casi le lamen la calzona, pero parece como si no lo percibiesen, como si sobre ese punto mágico Julio se transformase invisible a los sentidos de las eralas. No cabe duda de dónde mana su toreo. Su tauromaquia es un espejo colocado frente a la del padre, sin rana ni otros batracios saltando, mucho más pulida a estas mismas alturas de ambas carreras, cuando los porrazos, las volteretas y los revolcones se sucedían como los reglazos del maestro de escuela frente al encerado, ahí donde quería borrar El Renco, su primitivo apodo, la palabra hambre para escribir su historia sin saber coger siquiera la tiza. La elástica muñeca izquierda se la han copiado al chico en un mismo molde. Anda obsesionado con la ligazón, con hacerse domador en un palmo de terreno. Impacta su quietud y la tranquilidad con la que se mueve y con la que no mueve ni una pestaña. La nota predominante y global es una: ahora mismo no se parece a nadie. Bueno, a su padre. También con el capote... El hecho de su singularidad no producirá indiferencia, caldo de cultivo de disidentes de la causa y los cosos. Habrá partidarios y contrarios, habrá pasión. El dios toro dirá hasta dónde, suya siempre fue la última palabra. Tras el pertinente resfrescón y el imprescincible almuerzo de avituallamiento, la tertulia entrevista se desarrolla a la vera de la ventana que ilumina una campera mesa redonda con un sol de atardecida que dora las caras de los Cordobeses, la carcajada de lobo de uno y la sonrisa inocente de otro, las canas indomables de aquél y el flequillo de rubiales ingenuo de éste. Manuel Benítez, y el apodo parece como si se tatarease a los acordes de su pegadizo pasodoble, trastea con la palabra, la revuelca, la muerde; Julio Benítez se Yo nunca he intentado imitar a mi padre en nada. Podría hacer otras cosas que él hacía y no las hago La personalidad de Julio es la de un tipo serio, tal vez más cortado por la presencia de su locuaz progenitor apoca y se mide junto a la traviesa figura del padre. Quiere ser figura, si Dios quiere quiere aportar un estilo propio, que la gente se divierta, que es lo importante quiere y quiere, que ahora es lo que cuenta. Su manera de interpretar el toreo tan acordobesada ¿fluye de la genética o de haberse empapado en vídeos y películas? Sólo he visto tres vídeos suyos. Quizá sí, sigue, aunque yo nunca he intentado imitarlo en nada. Hago lo que me sale. Podría hacer otras cosas que ha hecho mi padre y sin embargo no las hago La personalidad de Julio, su nombre se debe a su padrino Julio Iglesias, corresponde a la de un tipo serio, tal vez más cortado de lo normal por la presencia de su locuaz progenitor, algo que no pasa inadvertido ni en la charla ni en el ruedo: Yo soy de una forma y mi padre es de otra. Él es una persona que acapara todo, que absorbe con un magnetismo especial, y eso en cierto modo sí que puede pararme en algo ¿Pesa el apellido? Notas que la gente te espera. Pero cuando se dan cuenta de que vas de verdad, se acaban entregando A Julio Benítez le funciona la cabeza, en la cara del toro y fuera. Esa es la impresión. Tengo una seguridad completa en mí. Domino y rompo más las embestidas con la mano izquierda. En ese sitio que piso le saco mucho partido a los toros, siempre cuando se hagan las cosas bien. Si no, todo es atropello y disloque Y el atropello y el disloque pertenecen al lejano pasado. Diálogo fogoso, de guerra, balas y barrancos Durante el transcurso de la entrevista, El Cordobés padre insiste en varias ocasiones en hacer las veces de periodista y formular una pregunta a su hijo, hasta que por fin consigue su propósito y se establece un diálogo fogoso, de guerra, balas y barrancos: -Julio, fíjate tú, yo en la vida no he tenido las cosas que tú has tenido, pero... ¿Tú vienes al toro por capricho o a dejarte matar? -Eso ya lo hemos dicho antes, que yo vengo aquí... ¿Pero vienes a dejarte matar? -Hombre... -Es fuerte, pero así soy yo. Si te doy la alternativa, si Dios quiere, no te voy a conocer ni tú a mí. Te lo digo ahora de padre a hijo: yo voy a matarme, ¿te la juegas? -Venga, nos tiramos los dos por el barranco. Aquí uno viene... -A por toas a por toas los guerreros somos guerreros. Y en la guerra hay que aceptar las balas, o si no no vamos a la guerra.