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ABC DOMINGO 30 1 2005 Los domingos 61 Escenas de la estación central Una muchacha sonríe en la estación de Bagdad. El tren muestra la huella de un disparo. En general, moverse por Irak resulta todavía muy difícil- -además de arriesgado- Un recorrido como el de Bagdad- Mosul, de unos 400 kilómetros, supone nueve horas en tren. Sobre estas líneas, un partidario de Al Sadr aguanta el sol con la camiseta del Barcelona Aulas a pleno funcionamiento Fue una de las primeras cosas que se puso en marcha, a pesar de los cortes de luz y de agua. Alumnas de enseñanza secundaria en un Instituto en la parte este de Bagdad, se ríen ante la presencia del fotógrafo. Aunque el uso del pañuelo es ahora muy frecuente, sigue siendo una opción libre para las muchachas, al menos en la capital traducción al árabe de La tierra baldía Y confiesa a media voz que prepara la comida, que alguna vez va a hacer la compra, y que pasa un montón de horas viendo la televisión: Deportes. Fútbol y tenis, sobre todo. Cuando puedo, también sigo la Liga española en Al Yasira Deportes A partir de las cuatro y media de la tarde, cuando empieza a oscurecer, todo el mundo tiene que estar en casa. Entonces se suceden unas horas que, para Raina, resultan interminables, pero que también tienen algo de especial: No me apetece hacer nada. Ni ver la televisión, ni nada. Pero en esas horas me siento más cerca de Dios. Rezo por nosotros, por mi familia. Para que podamos seguir con vida. Cuando pienso en ellos, me siento muy triste por todos. Pero yo, en estos años, creo que me he acercado a Dios Se queja de que su hija no le ayuda en casa. Se pasa las horas tontas habla que te habla con su prometido comenta Mulham: Si alguno de nosotros se acerca, enseguida buscan una excusa para irse a otra parte ¿Es eso verdad? También cuido de la ropa- -replica Zina- y del gatito El gatito ha sido el último en llegar a la familia Nakib. Intentamos buscarlo para la fotografía de grupo, pero se escabulle hacia el jardín. Imposible. ¿Y no se escapa? No, no. Sabe que esta ciudad es muy peligrosa por las explosiones, por si los cristales salen volando cuenta Mustafá. Igual pasa en la Universidad interviene Zina. Y en casa explica Raina: Hemos alejado las camas de las ventanas. Y a Mustafá le he dicho que duerma en el colchón sobre el suelo. Así está más seguro A partir de las cuatro o las cinco de la tarde, las horas, es verdad, son eternas. Antes visitaban a amigos, a familiares. Ahora ya no- -dice Mulham- por la inseguridad. Si no es por una emergencia, nadie sale de casa. Hace unos meses asesinaron a un primo mío, que era oficial de la Policía, y estuvimos dudando sobre si ir o no al funeral. Es duro tener que admitirlo en voz alta, pero nos preocupa seguir vivos Mustafá pasa las tardes enganchado al ordenador, Mulham a los deportes y los versos de Elliot, Zina mima al gatito y a su prometido, y Raina pide a Dios que cuide de su familia: Lo pido constantemente; incluso en la oficina, a todas horas Todo lo que queremos es seguir con vida. Puede parecer egoísta, pero pensamos que es nuestro deber. Es toda nuestra preocupación Y así un día y otro día. El médico me ha dicho que tengo que hacer ejercicio- -cuenta Raina- -Y yo le digo: ¿dónde voy a pasear? Vete al garaje, me dice, lo recorres de una pared a otra varias veces al día. Pero a mí no me gusta esa clase de ejercicio Los Nakib viven en una buena casa, de dos plantas, con su pequeño jardín, pero en un barrio muy peligroso, junto a la carretera del aeropuerto. En cuanto se hace de noche, esto es una sinfonía dice Mulham en referencia a las bombas y tiroteos que son tan frecuentes en la zona. Las bombas no son novedad por aquí. La gran novedad fue el blindado norteamericano que aparcó el otro día en el jardín, y los marines que llamaron con los nudillos a las ventanas. Hello se presentó uno de ellos. Nos quedamos helados- -recuerda Mulham- Nos preguntaron si teníamos armas. Y yo les dije que ni siquiera sabía cómo se utiliza un arma. Parece difícil de creer, pero en nuestra casa no hay ni un arma. Probablemente estaban limpiando la zona porque, a dos manzanas de aquí, han instalado un colegio electoral. A ver cómo les explico yo ahora que, de todas formas, no pienso ir a votar... Otras 24 horas La cena a las nueve de la noche es la gran comida familiar. Sopa, algo de pollo o cordero, tomates, unas verduras. Cada iraquí dispone de una cartilla de racionamiento para harina, legumbres, aceite y pastillas de jabón. Y quien dispone de dinero puede comprar sin problemas en los bien abastecidos mercados de Bagdad. En las tiendas de la capital iraquí no falta de nada: un ordenador de última generación, bananas o chocolates de importación. Los precios de los productos básicos siguen subsidiados, y cada vez son mayores las colas para hacerse con ellos. Para el resto, los precios han subido. Aunque a los funcionarios del Estado- -y sobre todo a los muy bien cuidados del Ministerio de Petróleo- -también les han aumentado los sueldos. Así llega la hora de acostarse entre esporádicas explosiones y tiroteos. Es inevitable recordar que ésta no es una ciudad como cualquier otra. Acaba el día. Y Mulham recapitula: Todo lo que queremos es seguir con vida. Puede parecer egoísta, pero pensamos que es nuestro deber. Es toda nuestra preocupación, todo nuestro cuidado. Hay que vivir Y así un día y otro día. Pupitres peligrosos Los Nakib no quieren obsesionarse con la inseguridad de esta ciudad. Pero se trata de una realidad inesquivable. El instituto de Mustafá está en las inmediaciones de la sede del partido de Iyad Alaui, el primer ministro iraquí, donde ya han estallado dos coches bomba. Fueron dos sobresaltos que le dejaron lívido, recuerda. Y eso que él, como todos los iraquíes, ya casi ha asimilado el trasfondo seco de las bombas a la rutina diaria. Nadie quiere colocarse en los pupitres que están junto a las ventanas... Con la compra a cuestas Una mujer transporta algunas mercancías sobre la cabeza, con carteles políticos de fondo. La imagen no hubiera podido tomarse en las horas anteriores a los comicios porque el temor a los atentados había ahuyentado a la población de las calles