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60 Los domingos DOMINGO 30 1 2005 ABC VIVIR EN BAGDAD Un esfuerzo por volver a la normalidad Desde que se dio por finalizada la guerra, a mediados de 2003, los iraquíes han luchado por recuperar sus hábitos más simples. La reunión en la barbería, por ejemplo, y la posibilidad de discutir de fútbol. En la imagen, los reunidos se emocionan con el encuentro olímpico Irak- Portugal, en agosto La rutina del mercado callejero En las calles de Bagdad puede encontrarse de todo- -sobre todo, si se tiene dinero para los productos del mercado negro- A las tiendas tradicionales se unen los tenderetes más o menos improvisados. Un vendedor bromea con una lupa. Lo cierto es que, sobre los mostradores callejeros, se exhiben productos electrónicos, material médico, pornografía... (Viene de página anterior) hasta el instituto. Tiempo que el chico aprovecha para enlazar el sueño de la noche con otra cabezadita en el autobús. Zina no tiene amigos en la Universidad. No le gusta el ambiente que se ha creado en este último año. Estudiantes suníes y chiíes están cada vez más enfrentados. Los suníes vienen con carteles de Faluya; los chiíes, con retratos del ayatolá Sistani. Cuando se dan la vuelta, unos se arrancan los carteles de los otros. Cada vez discuten, y se pelean más por esas cosas. A mí me asustan esos problemas. No hablo con nadie. Ni siquiera bajo a la cafetería. No quiero saber nada de ellos Los Nakib son suníes alejados de cualquier exageración religiosa o ideológica. En el instituto de Mustafá también discuten de lo que pasa en la calle y de si unos somos suníes y otros chiíes pero no nos peleamos. Los profesores nos aconsejan que nos olvidemos de esos problemas, que ni hablemos de ello Él sí que tiene un montón de amigos. Hablamos de deportes, de nuestras cosas... y nos intercambiamos juegos de ordenador Porque Mustafá es un loco del ordenador; es uno de esos adolescentes enganchados la mitad del día al Windows. de gas y de gasolina son como el monótono compás que articula la rutinaria lucha por la vida de la familia. La gasolina es esencial para mantener en funcionamiento el generador casero que suple la falta de electricidad. El precio oficial del combustible es ridículamente bajo, pero, desde que empezaron las restricciones, hay que soportar colas de hasta cuatro o cinco horas para llenar el depósito. Mulham no está dispuesto a aguantar ese calvario. Él compra la gasolina en el mercado negro: veinte litros por cuatro dólares. En su casa, los ingresos mensuales son de unos 300 dólares, lo que no está nada mal en Irak. Le permiten acudir al mercado negro, e incluso ahorrar un poco para el ordenador de Mustafá. Pero hay que mirar mucho cómo se emplea cada gota de gasolina, así que, cuando se va la luz- -una media de cinco o seis horas cada día, a veces hasta dos, tres y cuatro jornadas completas- -Raina tiene prohibido que se despilfarre el combustible del La familia es suní, pero sin exageraciones. Aunque la madre reconoce que ahora reza sin parar por la seguridad de los suyos generador con la televisión, el ordenador y otros lujos. Aunque no siempre le hacen caso. La claustrofóbica vida de Bagdad ha convertido a los Nakib en adictos de la red. Cuando termina sus clases en la Universidad, a las dos de la tarde, Zina se hace acompañar por su prometido al café Internet que éste regenta. Toman un emparedado. Luego, ella pasa un rato navegando. Le preguntamos si busca noticias. Zina asiente dubitativamente con la cabeza, pero, al final, rectifica y se sincera: En realidad, busco páginas de cocina y de modas. Noticias, pocas veces ¿Y Mulham? ¿Qué hace el padre de familia en todo este tiempo? Mulham se había mostrado renuente a dejarse entrevistar. Ahora adivinamos por qué: Díles que llevo una vida de idiotas comenta. Mulham es intérprete y profesor retirado de inglés que recibe una paga de cien dólares por completar su tesis doctoral. Y murmura entre dientes que su principal tarea ahora es hacer todo lo posible para no acabar nunca esa tesis y no tener que solicitar empleo, porque teme que, en Bagdad, sea hoy más peligroso tener un trabajo evidente que no tenerlo. Sobre todo, en un oficio tan peligroso en esta zona como el de traductor de inglés. Fútbol y horas muertas Lee todo lo que cae en sus manos sobre la poesía de T. S. Elliot para completar su interminable tesina sobre la Carencias rutinarias La familia Nakib se ha mudado de domicilio hace algo más de un año. Y Mustafá, que es un muchacho muy sociable, también dejó un montón de amigos en su antiguo barrio. Al principio, su padre, Mulham, le llevaba en el coche a que los visitara, pero, desde que comenzaron las restricciones de gasolina, apenas usan el viejo Toyota más que en caso de verdadera emergencia. Pero no por eso ha olvidado Mustafá a sus amigos con quienes se mantiene en contacto diario mediante un chat en el café Internet que hay junto a su casa. La carencia de agua, de electricidad, Jalid Mohamed, dos años Perfectamente arreglado, el pequeño Jalid Mohamed observa la cámara, mientras un soldado norteamericano habla con alguien del centro para autistas de Bagdad, una de las tres instituciones abiertas en la ciudad para niños con deficiencias. Las tropas donaron juguetes y bolsas de comida y bebida cuando los centros volvieron a funcionar, al terminar la guerra