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ABC DOMINGO 30 1 2005 Sociedad 53 REUTERS la ampliación de la UE supondrá una penalización financiera, ya que a alumnos de Polonia, Hungría y demás Estados que ingresaron en la UE el pasado mes de mayo ya no se les podrá cobrar más que a los británicos. Cambridge calcula que por este concepto dejará de ingresar un millón de libras al año. quedó limitada en 1919, cuando comenzaron las subvenciones. A partir de entonces se produjo un proceso de nacionalización que Margaret Thatcher reforzó en 1988 en un deseo de castigar a las universidades por inocular el vene- no socialista como recordaba esta semana The Times Un reciente informe de The Economist concluía que el mal de las universidades europeas es su casi total dependencia del Estado de la que si no se libran no podrán competir con las mejores universidades norteamericanas. Oxbridge, término que engloba a los centros de Oxford y Cambridge, confía en romper esa dependencia, pero de momento tendrá que esperar. Internacionalización John Hood, vicecanciller de Oxford, considera que la ampliación del número de estudiantes de otros continentes supondrá una mayor internacionalización, y esto llevará a una mejora de la calidad De esto último no se muestra tan seguro el sindicato de estudiantes, que advierte que, ante la acuciante falta de recursos económicos, las clases las acabarán dando recién licenciados con bajos sueldos, mientras que los académicos de mayor rango se concentrarán en la investigación. El sistema de colleges tampoco beneficia a la hora de conseguir donaciones. Los graduados se sienten vinculados al college al que pertenecieron y como muchos de los 39 que constituyen la Universidad de Oxford gozan de buena salud económica, pues cobran por los servicios que prestan, no se preocupan de fomentar aportaciones a la universidad entre los antiguos alumnos. El resultado es que mientras Harvard obtuvo el curso 2002- 2003 un total de 262 millones de libras de donaciones, y Stanford llegó a los 250 millones, Oxford sólo percibió 58. Quienes plantean un cambio radical del sistema universitario británico reclaman que las universidades de elite tengan plena libertad de tasas y para ejercitar su titularidad privada. Ésta Los imaginarios cambian y los visitantes del Christ Church College ya no buscan, como hacían años atrás, los detalles relacionados con Alicia en el país de las maravillas sino con Harry Potter. Las tres hileras de largas mesas de su gran comedor del siglo XVI, sus altos techos con artesonado y la amplia escalera que conduce a este Dinning Hall remiten continuamente a las escenas de Hogwarts. En este lugar, el tutor de Matemáticas Lewis Carroll, cuyo nombre verdadero era Charles Dodgson, asistió a ocho mil comidas. Carroll se inspiró para sus relatos en Alicia, la hija del deán del College. Pero los estudiantes del Christ Church no parecen muy interesados en fantasías. La realidad de la subida de las matrículas les inquieta. Convertir en un mercado la educa- A la mesa con Harry Potter los pagos sólo cuando comiencen a trabajar y tengan ingresos superiores a las 15.000 libras anuales (unos 21.425 euros) Pasados 25 años, la obligación de devolver el dinero quedará anulada. La nueva ley incluye además una ampliación de las becas y ventajas para estudiantes de familias con pocos recursos. Este último no es el caso de Williams, pero tampoco procede de una familia adinerada a la que le traigan sin cuidado los gastos de matrícula. Lo que en casa más nos preocupa- -confiesa- -es que mi hermano, que dentro de unos años podría comenzar a estudiar en Oxford, no pueda hacerlo porque el precio ha llegado a ser prohibitivo o porque, como británico, deba ceder su puesto a alguien que venga de fuera y al que se le puede cobrar más El largo comedor de Hogwarts inspirado en Oxford ción superior fuerza a las universidades a percibir a sus alumnos como clientes y además favorece en el proceso de admisión a quienes pueden pagar más se queja Williams, que cursa segundo de Derecho. La ley aprobada hace un año permite a las universidades elevar las tasas que deben pagar los estudiantes hasta un máximo de 3.000 libras anuales (unos 4.280 euros) a partir de 2006. Los estudiantes deberán abonar