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40 Madrid DOMINGO 30 1 2005 ABC MADRID UNA Y MEDIA VOLUNTAD DE DIOS JESÚS HIGUERAS ESTEBAN ué difícil es entender el verdadero sentido del espíritu de las Bienaventuranzas! Son multitud, desde los Santos Padres hasta hoy, los que las han comentado, y sin embargo, cada vez que las leemos se nos sigue estremeciendo el corazón, pues ninguno de nosotros quiere llorar, sufrir o ser perseguido. Sin embargo encierran una sabiduría, la de Jesucristo, que nos indica cuál es el camino para entrar en el Reino de los Cielos, que no es otro que ajustar nuestra voluntad a la voluntad de Dios. Jesús dijo muchas veces que su alimento era hacer la voluntad del Padre y que sólo aquellos que cumplían la voluntad de su Padre, que está en el Cielo, pueden entrar en el Reino de los Cielos. La voluntad de Dios se puede manifestar muchas veces y de muchos modos, pero ajustar nuestra voluntad a la voluntad divina en la lágrima y en el sufrimiento, con una aceptación serena y responsable de aquellas cosas que no nos gustan, que nos contrarían y que incluso nos pueden hacer llorar y sufrir con mansedumbre buscando la justicia, ése es precisamente el quicio de nuestra identificación con la voluntad de Dios. Ser cristiano no es una garantía de que todo nos vaya a ir bien en la vida. Dios permanece fiel y cercano siempre, y espera que nosotros le sigamos bendiciendo incluso en aquellas circunstancias en que la vida se nos puede volver contraria. ¡Cuántas veces nos escandalizamos de Dios por el misterio del dolor! ¡Cuántas veces hemos preguntado al Señor el por qué del sufrimiento de los justos! Sin embargo, Dios nos llama a superar ese misterio del mal con su compañía y su presencia dentro de cada uno de nosotros. Seremos bienaventurados si sabemos ser pobres en el espíritu: sufrir, llorar, ser misericordiosos, tener un corazón limpio, ser mansos e incluso ser perseguidos por causa de la justicia. Las Bienaventuranzas nos vienen a enseñar y a recordar que el hombre, por sus propias fuerzas, no es capaz de nada, sino que todo lo tiene que recibir constantemente del Señor. ¡Q DIMES Y DIRETES ANTONIO SÁENZ DE MIERA. AMIGOS DEL GUADARRAMA ANDAR POR LA SIERRA El autor evoca sus largos paseos por la Sierra madrileña y su relación afectiva y cambiante con el paisaje. M e gusta andar por el monte. Los fines de semana, siempre que puedo, salgo a andar por los caminos y senderos de nuestra sierra. Después de muchos años, se ha convertido en un hábito, en una necesidad. Estoy leyendo al inolvidable Enrique Herreros y me doy cuenta de que, como dice él, la escapada del sábado es para mí, probablemente, el momento central de cada semana. Pero no, es algo mas, es una relación afectiva y cambiante con el paisaje, que siento como propio de tanto verlo y quererlo; una relación con los compañeros de excursión, con los que hablo, con los que comparto sensaciones, silencio, fatiga; una relación conmigo mismo, que me ayuda a pensar en todo lo que me pasa. Pienso, quizás, en estos artículos o no pienso en nada. Salimos un día de invierno, un día de frío y viento, con el cielo limpio de nubes, un sol radiante pero que apenas calienta. La sierra está nevada y, razonablemente bien equipados, decidimos subir a La Peñota. A pesar del frío y de la nieve, nos encontramos con gente en el camino. Otros hay, quizás muchos que todavía ven la sierra como un inmenso decorado para esos días de sol espléndido, de calor. Tengo la esperanza de que algún día se decidan a entrar en ella, a andarla sin pereza, con objetivos imprecisos, dejándose llevar por las sensaciones diversas que provoca. Pero no todos, y no a la vez; dejémosles estar en sus casas, por el momento, mientras nos fijamos un objetivo, allá arriba, y nos ponemos a andar. Al comienzo, todo discurre lento, suave. Pasan poco a poco los pinos, llega el cansancio, sobran las palabras, se va abriendo el horizonte, ya estamos en la nieve, nos hundimos en la nieve, y sentimos el aire frío en nuestra cara. La Peñota es nuestra, queremos creer, pero, en realidad nosotros ya somos parte de esas enormes peñas, de esa nieve helada por la que resbalamos... Largos paseos en tardes de verano por el pinar de Valsaín, excursiones de otoño por senderos poco transitados de la Sierra Norte, subidas a La Maliciosa, casi sin aliento en las últimas pedreras cuando no queda más pensamiento que alcanzar el Collado, beber agua y dejarnos invadir por el cansancio y la felicidad Caminamos por los angostos senderos de La Pedriza, mientras hay quien trepa por sus retadoras moles de roca, o seguimos la ruta de la Cuerda Larga, ese hosco monte que acongoja el ánimo como dice mi amigo Alberto. No hay día bueno ni malo para andar por el monte, todos tienen un misterio oculto entre sus pliegues. Si llueve, embutidos en nuestros anoraks, seguimos el suave y embarrado camino que nos lleva al Molino de Horcajuelo, y allí descubrimos un paisaje inesperado, único. Cuando otros duermen o se desperezan, entre la niebla y mientras las nubes dejan paso a un tenue sol de otoño, nos sorprenden unas enormes manchas de acebos en la dehesa de Robregordo. Andar por la Sierra da para mucho, se lo digo yo que no paro, da para pensar, para soñar, para hacer ejercicio, para no pensar, para olvidar, para sentirse bien el resto de la semana. Cualquier ocasión es buena, cualquier tiempo es bueno, cualquier itinerario puede ser un descubrimiento, cualquier encuentro puede ser un hallazgo. Porque me gusta andar, sí, pero también ver a los otros andar; descubrir en los rostros de la gente que se cruza conmigo o que está ya la cumbre, la misma felicidad que siento yo y que ellos, si se fijan un poco, pueden detectar en mi mirada. Una solidaridad instintiva me lleva a pensar que ellos también, como yo, andamos por el monte para transmitir un mensaje de amor y defensa hacia nuestra sierra, para demostrar que estamos a favor del Guadarrama. cuadernodelguadarrama hotmail. com