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ABC DOMINGO 30 1 2005 Nacional 17 España estaría en el bloque de los no alineados ¿Cómo definiría la política internacional del presidente del Gobierno? -Tenemos una relación intexistente con Estados Unidos, lo cual es perjudicial para nuestros intereses. El acercamiento al eje franco- alemán no nos haya reportado ningún beneficio aún. No entiendo lo que se está haciendo con Gibraltar, pues se están pasando límites que ningún Gobierno español había traspasado. Se está produciendo un cambio sobre el Sáhara occidental. Si ese cambio lo hubiera aplicado el Gobierno del PP, hoy tendríamos a toda la izquierda manifestándose en la calle. Nuestros principales aliados no son compañías muy recomendables. Cuando un Gobierno democrático como el de España recibe los elogios del partido comunista de Cuba, es que algo pasa. Tengo la sensación de que, si volviéramos a los años sesenta y todavía existiera una política de bloques, España estaría en el grupo de países no alineados. Hay una crispación en la política española que es atribuible al sectarismo socialista. Alardear de talante es casi ridículo La pugna nacionalista entre ERC y CiU beneficia al PP catalán -En esa búsqueda del consenso entre los partidos políticos catalanes para acordar un nuevo Estatuto, ¿quién puede adoptar una postura más radical, ERC o CiU? -Si ERC intenta trasladar al Estatuto su ideario político, es lógico que sea imposible llegar a un consenso. Si ERC, en aras al posibilismo político, plantea mejoras dentro del marco constitucional, entonces no tiene por qué haber obstáculo. No sé si dentro de esa pugna nacionalista que mantiene con CiU puede poner un freno. Pero sí que es verdad que ERC quiere mantener un apoyo estable al PSOE en el Gobierno español y desea mantenerse en el de la Generalitat. Cualquier planteamiento inasumible por parte de ERC complicaría esos objetivos de consenso. Por su parte, CiU está en la oposición y puede hacer planteamientos más marginales, sobre todo ante la posibilidad de que exista un Estatuto bajo el Gobierno de Pasqual Maragall. ¿Esta pugna nacionalista beneficia al PP catalán y a su estrategia para hacerse con la centralidad política catalana? -Nuestra estrategia persigue que el PP sea un partido de gobierno, no un simple partido de defensa o de oposición. Eso sólo se consigue desde la centralidad, incrementando nuestro espacio. Tenemos dos fronteras, CiU por un lado y PSC por otro. No nos podemos centrar sólo en un aspecto. En anteriores procesos electorales, nuestro incremento de voto vino en gran parte del espacio socialista. Hasta ahora nos ha sido difícil penetrar en el espacio electoral de CiU. La sociedad catalana irá percibiendo esa radicalización de CiU, que ha cambiado su estrategia secular de buscar posiciones responsables para convertirse en un referente de la política catalana. Esa parte del electorado que buscaba ese ejercicio pragmático del poder y confiaba en un liderazgo que nunca hizo del Estatuto un instru- duzca esa generalización del proceso autonómico y que determinados temas sólo puedan resolverse en el ámbito multilateral. Cualquier pretensión de volver a un esquema bilateral tal como existía cuando no había Comunidades autónomas y sólo reivindicaciones autonomistas por parte de Cataluña y País Vasco, me parece extemporáneo. Nuestra crítica no va tanto dirigida a la inconstitucionalidad como a la falta de realismo que implica no reconocer la realidad del Estado autonómico. -En materia de financiación todo parece indicar un principio de acuerdo, pero existe esa propuesta de relación bilateral de CiU y ERC. -CiU se ha pasado muchos años negociando con el resto de Comunidades y con el Gobierno el resultado final de cada modelo de financiación. Si alguien sabe cómo se hacen estas cosas, es CiU. Por eso pienso que es una posi- ción de cara a la galería que no responde a una convicción profunda. ¿Cree ambigua la posición del presidente de la Generalitat sobre el concepto de nación? -Creo que se están empezando a modular los discursos. Muchos planteamientos se hicieron cuando se daba por segura la continuidad del PP en el Gobierno. Las elecciones del 14 de marzo cambian ese escenario y ya no se puede suscitar la confrontación con fuerzas políticas afines; ése es el caso de los socialistas. El énfasis de todas las fuerzas políticas respecto a que es más importante la financiación que conceptos como nación, va por ahí. Veo diferencias de discurso entre Maragall y el PSOE. Esta última semana hemos asistido a afirmaciones muy claras respecto al artículo segundo de la Constitución, que define España como una nación formada por nacionalidades y regiones. Maragall plantea una modificación y recibe una respuesta del PSOE contraria. Este dato, que afectó en su momento al posible reconocimiento al derecho a la autodeterminación, está marcando los límites. ¿Qué le parece el término comunidad nacional? -Ha sido muy utilizado por Maragall, pero fue rebatido por su propio inspirador, el presidente del Consejo de Estado, Francisco Rubio Llorente, que separó completamente el contenido cultural de cualquier traslación territorial, política o institucional. No estamos ante un debate para cuestionar la naturaleza del Estado que hemos construido en estas dos últimas décadas, sino ante un debate en el que prima el interés de los ciudadanos. Es una evidencia irrebatible que en estos 25 años han pasado muchas cosas que no podían prever los constituyentes del 78 y los estatuyentes del 79. Si la aproximación a esas reformas es sincera y honesta, sin romper el pacto del 78, estaremos prestando un buen servicio. mento político, lógicamente debe ser recogido por el PP. -Es inevitable la recurrente pregunta sobre un posible pacto entre UDC y PP. -No hay en estos momentos ninguna posibilidad. Es cierto que cada vez destaca más la diferencia de discurso entre CiU y el propio Artur Mas. Pero no veo de momento la posibilidad de que la federación pueda desmoronarse. No veo nada en las actitudes de UDC que se pueda interpretar como una disposición a un acuerdo del centroderecha catalán. Nosotros no estamos trabajando con esa hipótesis. Siempre tengo la incógnita de saber con qué activos cuenta UDC, que lleva mucho tiempo sin contrastar su posición política ante el electorado.