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ABC DOMINGO 30 1 2005 La Entrevista 11 la que se nos habla de un estado asociado, cuando en realidad lo que están proponiendo es salirse de la Constitución y del Estatuto. Yo a ese planteamiento no le llamo estado asociado sino estado disociado. En cualquier caso, ése es un proceso que espero que sea reversible, como han sido reversibles en otros muchos momentos las tesis del Partido Nacionalista Vasco. -Hoy por hoy, ¿hay motivos reales para la esperanza, o es que no nos queda otra que seguir teniendo esperanza? -No puedo distinguir bien entre una cosa y otra, porque yo siempre he tenido esperanza, debe ser una condición de mi carácter. Siempre he apostado por la racionalidad, y pienso que la democracia seguirá afirmándose. Toda la historia del siglo XX está llena de marchas atrás que han sido horribles, pero al final, paso a paso, el reconocimiento de la persona, de los derechos humanos y derechos ciudadanos se han consolidado y fortalecido. Por supuesto, se siguen produciendo motivos para la desesperanza, pero hoy por hoy creo que la violencia puede declararse vencida y toco madera (y José Ramón Recalde acerca la mano a la mesa del apartamento) -Además de la acción policial y judicial, ¿qué otro factor está siendo determinante en esta batalla contra el terror? -Ha sido muy importante el proceso por el cual los ciudadanos se han enfrentado a la irracionalidad del nacionalismo étnico. De nuevo se está consiguiendo que el ciudadano sea el centro de la construcción política. ¿Cuándo empezó a darse cuenta de que a pesar de la democracia, la Constitución y el Estatuto la violencia iba a continuar? -Siempre creí que iba a durar, aunque no tanto. Pero cuando llegó la amnistía y los radicales empezaron a declarar que aquello no era suficiente, me dije, Dios mío, ya tenemos enquistado el problema. ¿Aquella tesis de que mientras España aceptaba la reforma el País Vasco apostaba por la ruptura, ¿qué fue, una fantasía malintencionada? -Entre la reforma que más o menos quería la derecha y la ruptura que más o menos quería la izquierda se consiguió llegar a un compromiso que dio paso a la Transición, a la Constitución y a la democracia. En el País Vasco el proceso fue muy similar, pero existía un invitado que lo alteraba todo, el nacionalismo y las dificultades que el nacionalismo tenía y tiene para apostar por el Estado democrático. Durante la dictadura los nacionalistas sufrieron, naturalmente, pero también (incluso bastante más) los comunistas, los socialistas, los anarquistas... En aquellos tiempos, hubo un momento, una fase, en la que los nacionalistas dejaron de manifestarse como una oposición visible, mientras que el resto de la oposición a Franco daba con sus huesos en la cárcel. Eso no sucedía con los nacionalistas. Ahora se apuntan a todo pero yo sí que les puedo apuntar dónde estaban en algunos años y en ciertos momentos. -Cuándo era un militante antifranquista y estaba en la cárcel en los sesenta, ¿alguna vez pensó, pensaron, que hoy, cuarenta años después, medio país estaría discutiendo sobre el plan Ibarretxe? -La verdad es que no, nunca lo hubiéramos creído. El plan Ibarretxe es una vuelta atrás, y el primer argumento central que se puede lanzar en su contra es que su raíz sea esa base social étnica de legitimación que cifra el origen de los vascos hace dos mil años, lo (Pasa a la página siguiente) Felipista de toda la vida M. DE LA FUENTE En cualquier país donde cuando alguien llama a la puerta a las seis de la mañana resulta que es el lechero, aquel 14 de septiembre de 2000 hubiese sido un día cualquiera. Pero aquel día de aquel mes de aquel año, en San Sebastián, no fue un día cualquiera, aunque quizá fuera un día más. Otro día en el que un pistolero de ETA descerrajaba varios disparos sobre la cabeza de un ciudadano, el socialista vasco José Ramón Recalde, cuando llegaba a casa en compañía de su esposa, Teresa Castells. Recalde se debatió entre la vida y la muerte, y tras una laboriosa operación para reconstruirle la mandíbula vivió para contarlo. Fue consejero de Educación y Justicia por el PSE- PSOE en los gobiernos nacionalistas de Ardanza, se retiró de los despachos pero no de la calle, en cuya acera de enfrente los asesinos aún tenían la cara y el rostro encapuchado y kaleborriko de insultarle, mientras impasible el ademán los antidisturbios de la Ertzaintza guardaban las distancias. Viejo antifranquista, felipista de toda la vida, pero no de Suresnes, sino del Felipe, el Frente de Liberación Popular, aquella vanguardia antifascista tan heterogénea como combativa que llenaba la España de los sesenta de pintadas y octavillas. Aquella organización deudora de Lenin y de Truffaut, de Rosa Luxemburgo, y de Godard, llena de troskos pero también de cristianos más o menos por el socialismo, de obreros especializados y de poetas más o menos malditos. Guipuzcoano de 74 años, preso en los sesenta, y preso en su propia tierra por atreverse una y otra vez a decir ¡Basta ya! Recalde recuerda a nacionalistas como el lingüista Koldo Michelena ojalá hoy hubiera muchos nacionalistas como Koldo. Valía la pena reunirse, aunque fuera para correr delante de los grises O mantiene un diáfano punto de vista sobre las relaciones entre populares y socialistas en el País Vasco además de la lucha común contra el terror tenemos que ser contricantes y hasta debemos criticarnos con dureza En septiembre, cuatro años después de que la fiera se le tirase a la cara garras en ristre, Recalde recibió el Premio Comillas por un libro de memorias, Fe de vida que es eso, precisamente, el testimonio de un luchador de aquellos de Bertolt Brecht: Hay hombres que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles