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ABC DOMINGO 30 1 2005 Opinión 7 I. SÁNCHEZ CÁMARA No se trata de gobernar mediante consenso, pero sí de mantener las cotas mínimas de respeto CONTAMINACIÓN POLÍTICA E EL RECUADRO ANTONIO BURGOS A Don Quijote lo sacaba de su locura el fiel Sancho, quien le decía que no son gigantes, maestro, que son molinos. A Bono no hay quien tenga cojones de decirle que los palos de las banderas no son barras de hierro BONO, LOS MOLINOS Y LA SOCIAL ODEMOS llegar a saber quién mató a Prim en la calle del Turco o a Kennedy en Dallas. Mas por mucho que investiguen los expertos, por muchas lupas que metan a las fotos, por mucho que para su examen detengan los vídeos, páralo ahí, que le voy a cantar una saeta, nunca llegaremos a saber si en la manifestación de las víctimas del terrorismo (sector histórico, no el renovado de Pilar Manjón) a Bono le dieron un sopapo, un cosqui, una tragantá, una guantá, una cachetá, una galleta, una bofetada, media o nada, pues hay quien sostiene que Bono no tiene ni media bofetada. Más de media docena de dignísimos funcionarios del benemérito Cuerpo Nacional de Policía... -Muy bien lo de llamar benemérito a ese Cuerpo, usted. Claro que sí. Dentro del topicazo de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado si la fuerza, la Guardia Civil, es la Benemérita, ¿por qué el cuerpo, el Cuerpo Nacional de Policía, no va a ser el Benemérito? ¡Toma igualdad de género, de género gramatical! Como lo de ciudadanos y ciudadanas o vascos y vascas: Benemérita y Benemérito. Y más de media docena de funcionarios del Benemérito no han podido encontrar prueba documental alguna ni del cosqui, ni de la tragantá, ni del sopapo a Bono. Y mira que el jefe les conminaba a que las encontraran y hallaran presuntos, para obedecer las supremas órdenes de quien pedía detenciones como quien pide café: -Quiero detenciones... ¿Solas o con leche, señor ministro? -Con la peor mala leche posible contra el PP... En cuanto a la célebre barra de hierro, tengo una cervantina explicación. Trátase de los fastos del Centenario del Quijote, que como saben formaba parte del programa de ZP mucho antes de que se le pasara por la imaginación que unas mochilas asesinas le llevasen a la Moncloa pasando por Atocha. En plan por el Imperio P hacia Dios, ¿no? pero por Atocha hacia la Moncloa. La famosa barra de hierro de la manifestación es un homenaje a Cervantes por parte de Bono, que por algo el paisano de Sarita Montiel fue presidente de CastillaLa Mancha y sabe tela de molinos de viento. Todo es asunto cervantino, manchego, quijotesco. Los manchegos imitan a Don Quijote para no dejarlo por embustero, como los andaluces hablamos como los personajes de los Quintero para no defraudar a la afición. Sarita Montiel imita a Don Quijote y se cree que los maromos cubanos son espías de Fidel. Bono imita a Don Quijote, y como el Ingenioso Hidalgo veía gigantes en los molinos de viento, ve barras de hierro en los palos de las banderas. Ocurre que a Don Quijote lo sacaba de su locura el fiel Sancho, quien le decía que no son gigantes, maestro, que son molinos. A Bono no hay quien tenga cojones de decirle que los palos de las banderas no son barras de hierro y que los achuchones de la bulla no son mascás. No sabe Bono que al que se mete en la bulla le cogen el culo, y que a él se lo cogieron en la pajarraca de la boruca como los moros cogieron Perejil. Y anda buscando culpables. Es como si la Santa Hermandad hubiera detenido al cura y al barbero como culpables del pellejazo que Don Quijote se pegó con los molinos. El ingenioso hidalgo don José Bono de la Mancha y su fiel escudero el ministro del Interior, Sancho Alonso, que suena cervantino, han dicho a la Brigada Político- Social de la Policía que quieren detenciones para que nos olvidemos de la claudicación del Gobierno ante la ETA. No, no me he equivocado. Dentro de la conmemoración cervantina, han convertido a los gigantes del democrático y benemérito Cuerpo Nacional de Policía en antiguos molinos de la Brigada- Político Social, que les llevan en bandeja los detenidos que hagan falta. Porque en esa Policía, ay, hay quienes quieren ganarse el cielo de la roja comulgando con ruedas de molino y no les importa volver a hacerla Brigada Político- Social del régimen. L ambiente público en España se está enrareciendo, casi envenenando. Acaso la responsabilidad incumba a muchos, pero, si no me equivoco, en primer lugar y en grado sumo, al Gobierno. Urge recuperar la concordia básica entre el Ejecutivo y la oposición sobre lo fundamental. Ni la dureza de los debates ni la firmeza en la crítica son males. Por el contrario, constituyen parte esencial de la democracia. No se trata de gobernar mediante consenso, pero sí de mantener las cotas mínimas de respeto. Entre el pasteleo y la indigencia ideológica, por un lado, y la discordia civil por otro, caben términos medios. El aire público puede llegar a ser irrespirable. Los excesos críticos de la oposición y de los medios de comunicación nunca pueden ser equiparables a los abusos del poder. Lo normal es que el Gobierno gobierne y la oposición se oponga y lo hostigue. Lo que no es democráticamente normal es que sea el Gobierno, que es de todos, el que hostigue a la oposición y a los sectores sociales que no le son adictos. Por ese camino, la democracia se corrompe. Pretender arrojar al primer partido de la oposición extramuros del sistema y deslegitimarlo no es sólo un abuso de poder; es también una vía abierta hacia el totalitarismo. La reacción gubernamental ante las inaceptables y muy minoritarias agresiones verbales al ministro de Defensa durante la manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo constituye un acto más en esa equivocada dirección. Todo parece indicar que se ha tratado de hacer culpable al Partido Popular, sin dudar para ello en utilizar de manera ilegítima a la Policía. La arbitrariedad del poder está censurada por la Constitución. Es un abuso imputar gubernativamente la comisión de un delito a dos militantes del PP, cuando la imputación sólo compete a los jueces. Por lo demás, el Gobierno no ha aclarado por qué se les detuvo como imputados y no como testigos, o por qué sólo se les ha detenido a ellos y no a otras personas que más cercanamente rodeaban a Bono. Se diría que la función de la oposición se deba limitar a aguantarse y a colaborar, si acaso, en la defensa de la Constitución y en la aprobación del referéndum constitucional europeo. Para lo demás, sobra. La actitud del Gobierno contrasta con la que exhibió en la oposición. Entonces, la mayoría absoluta del PP no impedía, no ya la crítica, cosa razonable, sino el insulto y la voluntad de deslegitimación. Es un grave capítulo más que se añade a otros. El Ejecutivo discrimina entre las víctimas del terrorismo de ETA y las del 11- M, convoca de manera maniquea e injusta a los fantasmas de la guerra civil, hostiga a la Iglesia católica, fomenta el radicalismo izquierdista y la intolerancia y gobierna en coalición o con el apoyo de fuerzas políticas que aspiran a la destrucción de la unidad nacional y del orden constitucional. Acaso lo peor sea ese empeño por invocar la herencia de la Segunda República, época en la que la discordia nacional alcanzó el paroxismo que condujo a la guerra civil. Hay que purificar el ambiente. Aún hay tiempo para combatir esta asfixiante contaminación política. Luego puede ser tarde.