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ABC SÁBADO 29 1 2005 Los sábados de ABC 103 Modelo de Lorenzo Caprile, en crepé negro de seda y estola de visón blanco, años 30 y peinada por José Luis más o menos como lo hacíamos en la niñez, recortando, pegando... Lorenzo Caprile ha intervenido de un modo más sociológico, con dos muñecas, en una alusión a esta historia del siglo XX y de sus cambios. El primero es para una Barbie vestida de emperatriz, de principios de siglo XX, con un traje romántico, realizado en seda natural con encaje de Chantilli y rebordada con pedrería; el maquillaje y la peluquería ha sido obra de José Luis, mientras que la puesta en escena es de Carlos Bustamante. La segunda, por su parte, lleva un modelo de los años 20 en negro elegante, de línea sirena, en crepé negro de seda natural y estola de visón blanco, peinada y maquillada también por José Luis, y en un decorado de Carlos Bustamante. Lo que han intentado los dos diseñadores es transmitir el contraste entre una Barbie moderna, vestida de noche y la otra más barroca. Han querido interpretar una historia desde un punto de partida del Siglo XX y una transición hacia la modernidad. Carlos Díaz de Bustamante, por su parte, explica con sentido del humor las dos escenas a través de una ventana: una muy años 20, con una moda Decó, sobre suelo en blanco y negro, líneas rectas, espejos y luces de cristales, dando una idea de ascensor en Nueva York, y la otra, todo romanticismo, curvas y oro, da una idea de la desesperación a que está sometida una Barbie, saturada de palacios y de fiestas, que rompe el espejo tirándole un zapato y se suelta la melena. Todo un símbolo. Bratz versus Barbies, ¿madres contra hijas? Cuarenta y cinco años y sigue estupenda. Cierto que algo ha cambiado, pero a mejor, y los modistas y diseñadores más fashion se la disputan para vestirla. Ninguno ha podido resistirse a esta tentación. Es la muñeca símbolo de una generación de niñas y del sueño por ser una top. Su imagen inicial se fue modificando, y con el tiempo se convirtió, para bien o para mal, en una auténtica fashion victim Muñeca deseada por una generación de niñas- -que siguen, o seguimos adorándolas desde el humor- más tarde se convirtió en regalo para nuestras hijas. Pero ellas- -nuestras hijas- -resulta que pasan de Barbie. Les parece lo peor el colmo de lo perfecto y de lo redicho. Prefieren algo más real y que se parezca a lo que ven en la calle, o en sus hermanas mayores. Como réplica a Barbie y su vida tan llena de aspiraciones y glamour ha salido una pandilla de muñecas, toda una colección de tribus urbanas. Bratz y sus amigas van vestidas con faldas- cinturón, pantalones campana, minicamisetas y boinas. Llevan mechas Las Bratz y sus amigas plantan cara a las Barbies rojas o verdes, botas con alzas radicales, no esquían porque hacen snowboard y no llevan disc- man sino un IPOD. Elena Escobar, una madre que jugó con muñecas a las que les crecía el pelo y hablaban por lo codos, y que tiene tres hijas, como las de cualquiera, nos explica que ellas no quieren oír hablar de otra cosa. Aparecieron hace unos 4 años. Al principio nos horrorizaban sus cabezotas, sus ojos, lo feas... iban vestidas grunge pero luego te acostumbras. A nuestras hijas les va su moda, que no tiene nada que ver con la nuestra, pero también su variedad, las hay chinas, negras, indias, morenas, rubias con mechas, rastas... Es lo que están viviendo en la calle A ellas no les aceptaría ningún diseñador, pero ellas, como nuestras hijas, se visten en Berchka, en Pinkie o en Blanco... El diseño de Pedro del Hierro lleva hasta medias de encaje negro