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90 SÁBADO 29 1 2005 ABC Deportes La aragonesa dejará el tenis a final de temporada. Es, junto a Arantxa Sánchez- Vicario y Lily Álvarez, la mejor jugadora española de la historia. Su triunfo en Wimbledon, en 1994, la elevó a la gloria. Su adiós cerrará el ciclo más importante de este deporte en nuestro país Match point de Conchita Martínez TEXTO: TOMÁS GONZÁLEZ- MARTÍN Conchita Martínez, la mujer que consiguió el sueño que Lily Álvarez tantas veces rozó, la única tenista española que ha conquistado la gloria en Wimbledon, anuncia su retirada en la presente temporada. Va a ser mi último año declaró en Australia después de caer eliminada en las semifinales de los dobles mixtos. Con ella acabará el mejor ciclo de la historia del tenis femenino español, el que nació en los años ochenta de las manos, de las raquetas, de Conchita y de Arantxa. Una etapa en la que ambas consiguieron los grandes éxitos internacionales que secundaron los que Santana, Gimeno y Orantes celebraron en los años sesenta y setenta. Camino de los 33 abriles, la aragonesa se dispone a cerrar diecisiete temporadas de profesional, dos años y tres meses después de que su compañera de alegrías y rivalidades, Arantxa, hiciera público su adiós aquel inolvidable 12 de noviembre de 2002. En esa fecha comenzó un cambio de ciclo del tenis femenino español que ayer acusó su punto final con la decisión de Conchita Martínez. Un cambio de ciclo que, con todos los respetos para las jugadoras actuales, deja a nuestro tenis femenino huérfano de profesionales de tanto nivel. No ha surgido el relevo esperado. Un pasaporte mundial Nacimiento: 16- 4- 72, en Monzón (Huesca) Características: diestra, revés a una mano. Debut profesional: 1988. Primer triunfo en un torneo: Abierto de Sofía, en 1988. Títulos de la WTA: 32. Mejores resultados en Grand Slam: Wimbledon: campeona en 1994; semifinalista en 1993, 1995 y 2001. Roland Garros: subcampeona en 2000; semifinalista en 1994, 1995 y 1996. Abierto de Australia: subcampeona en 1998; semifinalista en 1995 y 2000. Abierto de Estados Unidos: semifinalista en 1995 y 1996. Dobles mixtos: cuatro títulos y cuatro veces subcampeona. Participaciones en el Masters: 12. Copa Federación: cinco victorias, en 1991, 1993, 1994, 1995 y 1998; subcampeona en 1989, 1992, 1996, 2000 y 2002. Medallas en Juegos Olímpicos: plata en Barcelona 92, con Arantxa; bronce en Atlanta 96, con Arantxa; plata en Atenas 04, con Virginia Ruano. que su hora, como a todas las figuras, ha llegado. Si no hubiera tenido tantas lesiones habría ganado más títulos Hace balance. Después de festejar 32 torneos individuales desde 1988 hasta el año 2000, en los trece años más cualitativos de su juego, ya no puede aspirar a ganar Wimbledon, como hizo en 1994. Ni a levantar las cinco Copas Davis (Copa Federación) que celebró en 1991, 1993, 1994, 1995 y 1998, además de las finales perdidas en otras cinco ediciones. La Copa Federación es difícil, el año pasado la comencé y no la pude acabar Enseñar para encontrar el relevo El tenis femenino español no ha encontrado relevo, todo lo contrario que el masculino. Es triste observar cómo la imagen de mujeres competitivas que han dejado ella y Arantxa se queda simplemente en el historial, con un camino trazado del que no se sacará provecho. Piensa ser entrenadora, buena noticia en el objetivo de recuperar el timón: Me gustaría enseñar todo lo que sé y aportar mi experiencia Lo malo es que, hoy, el punto final de Conchita es el punto final del tenis femenino nacional a nivel internacional. Ojalá lo transforme en un punto y seguido. Conchita saluda a Scott Draper tras perder en la semifinal de dobles mixtos Conchita y Arantxa, sin sucesoras La realidad confirma el temor que nació cuando Arantxa abrió el tie break de su carrera. Martínez y Sánchez Vicario no tienen sucesoras. Dejan abierta una pista que no encuentra tenistas que la ocupen con tanta personalidad, con tanta capacidad, con tanta calidad universal. Después de tanto tiempo es muy difícil mantener la ilusión de cada día, levantarme, entrenarme y seguir con la rutina La medalla de plata obtenida en los recientes Juegos Olímpicos de Atenas se presume que será el colofón de una trayectoria de éxitos internacionales que a escala individual rubricó en el año 2000 con el torneo de Berlín. Estuve más cerca de no empezar este año. Cuando estás así no disfrutas y eso me pasaba al final de 2004. Es frustrante. Pero comencé a entrenarme, me animó la gente de mi entorno, especialmente Gabriel Urpí, con quien me preparé dos semanas, y aquí estoy para intentar mantener la ilusión La edad, como el algodón, no engaña. El empuje de una juventud cada vez más precoz, los cientos de partidos sobre sus codos y las lesiones le dicen PERFIL Comenzó a jugar con la oposición de su madre, pero su tozudez la llevó a la meta. El Club de tenis de Lérida y la residencia Blume fueron sus soportes. La evolución era meteórica y Van Harpen explotó una mina La victoria de la calidad frente a la soledad T. G. -M. Ser niña, querer ser deportista y no morir en el intento fue una proeza para esta aragonesa tozuda, que aparcó los cochecitos, a principios de los años ochenta, a los sones de sus raquetazos en el frontón de la multinacional en la que trabajaba su padre. Mientras sus amigas escuchaban música, ella sólo sentía el rutinario ruido de la pelota golpeando el muro. Era el año 1981. Tenía nueve y su madre, Concepción, la reñía por ensuciar la pared de su casa, su otra rival. Con esa edad recibió sus primeras clases de tenis. Tarde, en comparación con las estadounidenses o las europeas del norte, pero es que su familia no pensaba que eso del tenis sería una profesión. Conchita, tampoco. Sólo sabía que le gustaba mucho. Con diez años, sus amigas jugaban a las muñecas y ella madrugaba los fines de semana para darle a la raqueta. En 1983, con once, fichó por el Club de tenis de Lérida. La cabezota era dura de roer. Así comenzó una carrera en la que debía vencer a sus adversarias y a la soledad. Un año después obtuvo una beca de la residencia Blume de Barcelona. Los pelotazos iban en serio. Aprendía demasiado rápido. De los doce a los quince años progresó enormemente. A los catorce empezó a sufrir problemas en los gemelos. Su evolución era sensacional, un genio en potencia. Campeona alevín en 1986, conquistó en torneo infantil de la CEE. En 1987 se adjudicó los Juegos del Mediterráneo. Allí sintió el profesionalismo. Firmó una oferta del millonario suizo Renee Stammbach, se trasladó a vivir a ese país y, a las órdenes del holandés Eric van Harpen, se formó física y mentalmente para ser una tenista de alto nivel. Van Harpen, su forjador En 1988, el Abierto de Sofía, el torneo de Reggio Emilia y su triunfo sobre Arantxa en el Campeonato de España abrieron una carrera de éxitos. Pasó, de la nada, a convertirse en la jugadora 40 del mundo. Cambió muchas veces de entrenador, tuvo desencuentros con Van Harpen, pero con él se adjudicó Wimbledon en 1994. Fue quien la transformó de niña en mujer, quien la ayudó a soportar la soledad