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ABC SÁBADO 29 1 2005 Sociedad 51 Salud La predisposición biológica a la obesidad se puede superar al reducir dos horas los hábitos sedentarios Un estudio de la Clínica Mayo incide en la importancia de la termogénesis para reducir peso b Andar suavemente o evitar permanecer sentado 150 minutos al día lograría un mayor equilibrio entre las calorías aportadas por la nutrición y el gasto energético G. ZANZA MADRID. ¿Se hereda o se induce la obesidad? La pregunta ha revoloteado durante el último siglo insistentemente hasta encontrar una respuesta: más lo segundo que lo primero porque la obesidad es una enfermedad provocada por la interacción de factores genéticos, ambientales y asociados al comportamiento. Incluso existe una cuantificación más o menos precisa: las variaciones en la grasa corporal se corresponden, en un 25 a los factores genéticos, un 45 a motivos ambientales y un 30 a cuestiones culturales. Pero la pregunta también tenía una segunda parte muy repetida: ¿por qué con iguales índices de sedentarismo unas personas están gordas y otras flacas? A esta cuestión acaba de responder una investigación de la Clínica Mayo de Estados Unidos con una explicación muy simple: reducir dos horas el sedentarismo puede ser la clave entre obesidad y peso saludable. Y para eso, añaden, no hace falta ir al gimnasio, porque de lo que se trata es de gastar tan sólo 350 kilocalorías más al día, por ejemplo, caminando pausadamente. Su contestación parece simple, pero no lo es y puede comenzar a cimentar una nueva biología de la obesidad o a destacar un nuevo factor regulador de la obesidad. La revista Science publica en su último número la investigación de la Unidad de Endocrinología de la Clínica Mayo, que partió de analizar a diez personas obesas y a otras diez delgadas, pero que declaraban similares índices de sedentarismo. Durante diez días se les controló, valorándose sus posturas físicas y los movimientos que casi instintivamente realizaban cada diez minutos. Aunque sus movimientos parecían iguales, no lo eran; aunque sus posturas ante una mesa, por ejemplo, parecían similares, tampoco. Al final se demostró que los obesos permanecían sentados durante 150 minutos más que los delgados. Aquí entró a trabajar uno de los conceptos más usados en la endocrinología, la termogénesis. Ésta comprende el aumento del gasto energético frente a diversos estímulos como la exposición al frío, al estrés o al más mínimo movimiento, pero sin vincularla en ningún momento al deporte. De la misma forma que la actividad física incrementa el consumo calórico, la termogénesis, por mínimo que sea el movimiento, puede llegar a equilibrar la relación entre aporte calórico y gas- Jóvenes obesos intercambian juegos como terapia contra la enfermedad en una clínica de Davos (Suiza) to energético. Pero los investigadores, encabezados por James A. Levine, sospechan que las posturas físicas que cada uno adopta a lo largo del día pueden estar determinadas biológicamente en cada individuo, aunque son modificables. Así- -mantiene Levine- -los obesos que copien los comportamientos de los delgados podrían tener un consumo adicional de 350 kilocalorías diarias Todo ello equivaldría a unas dos horas o dos horas y media de actividad absolutamente normal, sólo alejada de permanecer sentado o tumbado. En un comentario al artículo en Science Eric Ravussin, un investigador de la obesidad del Pennington Biomedical Center de Baton Rouge (EE. EPA UU. muestra su conformidad con la investigación, pero plantea que en el estudio hay una mala noticia. Para Ravussin, si la tendencia a permanecer sentado más tiempo es biológica no podemos decirle a alguien siéntese menos y sea algo más nervioso, porque lo harán un par de horas pero no lo mantendrán durante semanas, meses o años Cáncer de próstata y cálculos renales La obesidad no sólo es un factor de riesgo ante determinadas enfermedades cardiovasculares u otras de índole diversa, si no que también puede ser un obstáculo para detectar uno de los tumores más recurrentes entre los varones: el cáncer de próstata. Una investigación del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas (Estados Unidos) sugiere que el peso de un hombre podría alterar la precisión de la prueba más común de detección del cáncer de próstata. El estudio se acaba de publicar en la revista Cancer y descubre que cuanto más obesos eran los hombres menor era su nivel de antígenos en la próstata (PSA) -el marcador más común para detectar el tumor- -hasta el punto que esos hombres tenían una tercera parte menos de PSA. Es probable que la detección del cáncer de próstata podría ser menor en los hombres con sobrepeso u obesidad advierte, Jacques Baillargeon, uno de los autores y, por lo tanto, que los casos de este tumor se estuviesen infradiagnosticando hasta fases avanzadas de la enfermedad. Estudios previos señalan que el cáncer de próstata es más agresivo en obesos que en personas con peso equilibrado. Otra consecuencia de la obesidad es que pesar más de 100 kilos podría aumentar el riesgo de cálculos renales hasta un 82 en mujeres y un 44 en hombres, según una investigación de la Escuela de Medicina de Harvard (EE. UU. que publica Journal of the American Medical Association (JAMA) Y no sólo haría falta llegar a la cifra mágica de 100 kilos, puesto que el estudio determina similar riesgo con mayores índices de masa corporal y circunferencia de cintura. Los investigadores creen que una masa corporal mayor a la indicada supone un incremento en la excreción urinaria de calcio y ácido úrico, lo que eleva el riesgo de piedras en el riñón. Otro de los resultados que ha arrojado el estudio fue que los hombres que engordaban más de quince kilos desde los 21 años tenían un 39 más de posibilidades de sufrir piedras en el riñón, en comparación con aquellos cuyo peso no cambió. Respecto a las mujeres, y ajustándose a igual incremento, el riesgo se elevaba un 89 en el caso de las de mayor edad y un 92 en las más jóvenes.