Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
36 Madrid SÁBADO 29 1 2005 ABC MADRID AL DÍA VÍCTIMAS Y VERDUGOS M. DE LA FUENTE Ha sido una semana de verdugos. No el tragicómico de Berlanga que además ni siquiera era austrohúngaro. Ni el del garrote vil. Ha sido una semana de aquel verdugo de la infancia, aquel tormento que los compañeros (y compañeras) de generación de Carlitos Alcántara padecimos. Aquel pasamontañas de andar por casa, o por el barrio, camino del colegio, aquel verdugo opresor símbolo de una España tenebrosa en la que cuando llamaban a la puerta a las seis de la mañana nunca era el lechero. Jamás sabremos si el verdugo nos lo endilgaban nuestros padres con la esperanza de que no nos resfriáramos y se viesen luego obligados a darnos friegas con el Vick Vaporup, aquel ungüento casi mágico, sólo comparable a los efectos del agua milagrosa sobre las espinillas de Pirri, Amancio, Velázquez y Gento. O si por el contrario era para que la bestia parda que de vez en cuando sonreía desde el televisor y nos llamaba españoles fijase sus ojos en los nuestros. Entonces los verdugos eran seres cuasi míticos, personajes de leyenda, aunque muy negra, encargados únicamente de cumplir la voluntad del sátrapa, de llevar a la triste práctica lo que su firma a pie de página, a pie informe decretaba. Pero hoy, ahora, están entre nosotros, puede que incluso alguno duerma en nuestra misma cama. Coinciden con nosotros en los ascensores y en la cola del híper y del banco, ven las mismas películas y hasta es posible que lean los mismos libros. Se sientan, tal vez en el ordenador de al lado, comen de un pan muy parecido al que nosotros, las víctimas, comemos. Porque ellos hoy no obedecen los dictados de ningún tirano, sino los designios de sus propias, personales y a menudo inconfesables satrapías. Ellos se mueven a sus anchas mientras las víctimas están de baja en el mejor de los casos, en la UVI o dos metros bajo tierra en la Almudena en otros, y ya saben que no estamos exagerando. Primero el acoso, ya saben, y luego el derribo. Ellos, en aquella infancia de chapas, sacalextric y madelmanes, nunca pudieron llevar verdugo. Su siniestra calavera no daba para tanto. DIMES Y DIRETES ELY DEL VALLE. PERIODISTA DE OFERTA La autora indica que las rebajas de enero llegan justo después del consumo desmedido de Navidad y con la cuenta bancaria temblando pensar fríamente, lo cierto es que bajar los precios cuando acabamos de gastarnos un pastón en esas mismas cosas que ahora cuestan la mitad, es de un sadismo serio; al fin de cuentas, si nos hemos quedado sin un duro es porque ya hemos comprado todo lo que teníamos que comprar, ¿no? El maldito cartel de rebajas pegado a los escaparates significa algo así como Miren qué clavada les hemos estado pegando hasta hace unos días por algo que, aunque ahora lo cobremos a mucho menos, nos sigue dejando margen de beneficios, porque tontos no somos, ¿eh? Además tampoco entiendo por qué se les llama rebajas a las rebajas cuando se tenían que llamar bajas a secas. Lo del re sólo se explicaría si durante todo el año, los precios estuvieran por los suelos, que no es el caso. Conclusión: que aquí me tienen cabreadísima conmigo misma porque el mes pasado me compré un abrigo que me costó una pasta y ahora resulta que lo he visto a mitad de precio. Y encima, cuando se lo comento a U na idea así sólo puede ser producto de una mente con el colmillo más retorcido que el argumento de un culebrón venezolano. Me refiero a lo de poner las rebajas justo después de que hayamos dejado la tarjeta de crédito temblando. Todavía no le has quitado la etiqueta del precio a la Play Station del niño y resulta que por lo que has pagado por ella hace un par de semanas, hoy podrías comprar tres, que maldita sea la gracia. Las rebajas de enero sirven fundamentalmente para darnos cuenta de que todo lo que compramos fuera de este mes es una estafa, y para que repitamos, como todos los años, eso de las próximas navidades me dedico a regalar papelitos de vale por lo que sea y después lo compro en rebajas cosa que después jamás hacemos porque nos parece un cutrerío. Habrá quien piense que abaratar los precios el mes en el que vamos con el bolsillo más congestionado, es un gesto de generosidad por parte de los comerciantes, pero si nos paramos a la dependienta me dice que me tenía que haber esperado. ¡Qué graciosa! ¿Y qué quería que hiciera? ¿que fuera en cuerpo gentil hasta enero para pillar esa gripe con ínfulas de plaga bíblica que mantiene al personal anclado a la cama con cara de acelga y una mala leche de aúpa (sobre todo entre los que no pueden ir a las rebajas a comprarse el abrigo que debieron comprarse en noviembre) ¡Imagínense el negocio! no solo no me hubiera ahorrado nada, porque la diferencia me la hubiera gastado en Frenadol, sino que además habría perdido varios puntos en elegancia; ningún ser humano puede comparar su aspecto en pijama, con 39 de fiebre y los ojos más colorados que los de un hamster, con la prestancia que confiere un abrigo nuevo... ¿o no? Pues eso, que para mí esto de que las rebajas de invierno lleguen cuando ya no necesitamos comprar nada de invierno es una incógnita sólo comparable al texto de la Constitución Europea- -del que todo el mundo ha oído hablar pero que nadie conoce- -y que, por cierto, también está de rebajas; o mejor dicho, de oferta, a juzgar por lo que la vocean. Están los políticos que parecen vendedores de acera: ¡La llevo calentitaaa! ¡Constitución europeaaa! ¡Por un SI se lleva usted además una ciudadanía de la Unión! No sé si, al final, tendrán éxito, porque intentar vender un producto que el comprador potencial desconoce siempre es un riesgo... aunque a lo mejor en este caso cuela... ya lo ha dicho uno de Los del Río: ¿Por qué voy a votar No si no me la he leído? Implacable argumento. Estoy deseando escuchar a Llamazares, a ver cómo lo desmonta.