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22 SÁBADO 29 1 2005 ABC Internacional ELECCIONES EN IRAK El petróleo del Golfo Pérsico se hace chií Los partidos religiosos intentarán crear un Gobierno de coalición con la inclusión de suníes b Los chiíes de la calle no quieren ni en pintura a las tropas norteamericanas; creen que Sadam fue un títere puesto por EE. UU. para combatir al Irán de Jomeini ALBERTO SOTILLO. ENVIADO ESPECIAL BAGDAD. Las elecciones en Irak no van a acabar con la violencia, pero sí tendrán una consecuencia histórica de alcance, que no había entrado en los cálculos de la Administración norteamericana: van a abrir las puertas del poder a los chiíes, más exactamente, a los partidos religiosos chiíes, marginados por el Imperio Otomano, por los colonialistas británicos y por la dictadura de Sadam. Pronto podrá decirse que el petróleo del Golfo será chií. Y aquí, quien dice petróleo, dice poder. La población suní, integrada en el mundo moderno y de la que se han nutrido las elites más occidentalizadas del país, contempla con estupor la llegada al poder del ancestral mundo chií, con sus ayatolás, sus santos, sus héroes de caballerías, sus mujeres envueltas en un manto negro de la cabeza a los pies, sus épicas de perdedores y su sentido trágico de la vida. Yo no los entiendo. Confunden el Islam con una novela de aventuras nos relataba un amigo suní, que, por otra parte, insistía en que nos equivocábamos cuando hacíamos distinciones entre suníes y chiíes. El nuevo poder chií será relativo. No se cree que la coalición chií, Alianza Iraquí Unida, pueda alcanzar la mayoría absoluta. Los kurdos- -20 por ciento de la población- -presentan un frente unido; y del partido del primer ministro, Iyad Alaui, se espera también un resultado apreciable. Es más, aunque los suníes no acudan a votar, se apuesta por la creación de un Gobierno de coalición- -en el que los chiíes repartan el poder teniendo en cuenta la diversidad étnica del país- y por la asignación en la futura Asamblea de un proporcional número de escaños a representantes suníes. Pero, por relativo que sea su poder, los partidos religiosos chiíes tendrán la clave del Ejecutivo. Será un cambio fundamental. Basta con observar la composición étnica del Golfo, donde chií es el 60 por ciento de la población iraquí, el 89 por ciento de la iraní, el 70 por ciento de la de Bahrein y el 30 por ciento de la kuwaití. Los representantes de los partidos religiosos chiíes se acercan al poder con pies de plomo y declaraciones conciliadoras. Pero para quien haya estado en las ciudades santas de Nayaf o Kerbala le resulta muy difícil concebir que los chiíes quieran un régimen alineado con EE. UU. Los políticos son cautos, pero los AP Los cadáveres de cuatro soldados iraquíes yacen en las afueras de Ramadi ante la mirada despreocupada de un grupo de niños chiíes de la calle no quieren ni en pintura a las tropas norteamericanas. Creen que Sadam fue un títere puesto por EE. UU. para combatir al Irán de Jomeini. Y consideran que la invasión y ocupación del país no ha hecho más que corroborar sus convicciones. El clérigo Moqtada y sus acólitos, por su parte, se encargan de predicar a sus masas de desheredados que la influencia norteamericana es impía, soberbia, corrupta y pecaminosa. Los políticos iraquíes dan por supuesto que la democratización significa control de los recursos y poder Cambio de cara Los políticos iraquíes hablan siempre con el sobreentendido de que, en esta parte del mundo, democratización significa control del petróleo y del poder. Motivo por el que los primeros planes norteamericanos no pasaban ni mu- cho menos por entregar el poder a los partidos religiosos. Al contrario, en los primeros días de ocupación, eran constantes los registros y la fiscalización de esas organizaciones. Incluso cuando el ayatolá Sistani pasó a ser una influencia benéfica el general Ricardo Sánchez envió a sus fuerzas a tomar el arrabal chií de Sadr City con el objetivo de encarcelar o matar a Moqtada al- Sadr. Hoy, Sadr City parece más bien un puesto adelantado de la democracia, en el que se espera la plena participa- Comienza el voto de los iraquíes en el extranjero Miles de iraquíes residentes en el extranjero acudieron ayer a votar en sus embajadas y en otros centros habilitados para ello, dos días antes de la jornada electoral en Irak. Los analistas estiman que la participación será alta, aunque no determinante del futuro Gobierno de Bagdad. En la imagen, un grupo de jóvenes exiliados iraquíes en Irán, en uno de los centros de votación de Teherán. AFP