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64 Espectáculos VIERNES 28 1 2005 ABC VIERNES DE ESTRENO El buscavidas Dos hombres y un destino El largo y cálido verano El primer relámpago. Con ésta sí que tuve buenas vibraciones desde el principio declaraba Newman aún con el polvo del desierto de Éxodo en las orejas. A Robert Rossen le bastó una luz de café encharcado, unas mesas de billar de tapete gris y kilos de amargura subterránea para meter en el bolsillo del actor su primera obra maestra. Pareja de hecho. Pelotazo histórico tanto para Newman como para un Hollywood que, en aquella época (1969) apuraba las últimas gotas de edad dorada antes de que llegaran los tiburones setenteros. Al principio iban a ser Steve McQueen y hasta Brando los partenaires del astro, pero un problema de egos cazurros inclinó la balanza hacia Redford. Joanne. Mañana mismo se cumplirán cuarenta y siete años del matrimonio más extraterrestre de Hollywood. Newman y Joanne Woodward se conocieron en El largo y cálido verano y, desde entonces, han coincidido en filmes como Rachel, Rachel (opera prima como director del intérprete) o hace escasas fechas, en el telefilme Empire Falls Paul Newman, posiblemente el mejor actor de todos los tiempos, cumple ochenta años La leyenda del octogenario indomable TEXTO: J. CORTIJO Cuentan las crónicas que los copos de nieve caían como coliflores aquella mañana del 26 de enero de 1925 en Ohio. Así que la sorpresa de la familia Newman fue aún mayor cuando descubrió dos llameantes soles azules incrustados en el rostro regordete (tres kilos seiscientos de cachorro, concretamente) de Paul Leonard. Arthur, su padre, se frotaba las manos pensando en que su negocio de artículos deportivos ya tenía otro tendero de lujo. Pero el hombre ya se temía lo peor cuando, diez años después, vio al jovencito Paul vestir al bulldog familiar de dragón macarrónico para encarnar él mismo a un épico San Jorge. Ésa fue, posiblemente, la primera proeza interpretativa de una criatura tan singular que creó su propio canon como escribió Chesterton y que, consciente de que su insultante belleza podría cerrarle más puertas de las esperadas, decidió cultivarse el intelecto a base de un par de libros diarios (de Tolstoi para arriba) mientras soportaba los pepinazos japoneses en Okinawa durante la Segunda Guerra Mundial. Al regresar del frente, se colocó un mostacho mexicano para llamar a las puertas del Actor s Studio con propiedad. La historia, siempre cruelmente caprichosa, quiso que su primera prueba seria con Elia Kazan como árbitro, le enfrentase cara a cara (ambas bonitas, naturalmente) con otro golden boy de la época: James Dean. El resultado fue catastrófico para Newman: El cáliz de plata un debut tan sonado que el propio ac- James Dean le adoraba, Marlon Brando le ninguneaba y Steve McQueen le envidiaba. Pero ninguno redondeó su carrera y su vida como él tor pediría disculpas a los espectadores que, años más tarde, tuvieron que soportarla durante sus pases televisivos. Pero, tras bailar como una mariposa a la romana, llegó la hora de conectar directos como churros. El primero, en pleno mentón, fue Marcado por el odio biopic de Rocky Graziano en que el elegantemente marrullero unodos de Newman empezaba a sumarle galones en el escalafón y, de paso, posteriores envidias de elefantes sacrosantos como Marlon Brando: Paul es buen chico, pero sólo un mal imitador mío Pues, para ser un mono de feria, tampoco le fue tan mal: tras este despegue, su carrera fue subiendo como el Sputnik, encadenando hasta tres hits al año El zurdo La gata sobre el tejado de zinc y El largo y cálido verano todas de 1958) Precisamente con La gata obtuvo su primera nominación al Oscar, estatuilla que se le resistió en media docena de ocasiones más, hasta el punto de que, en 1982, Variety publicó un anuncio a toda página clamando: ¿Qué tiene que hacer Paul Newman para ganar un Oscar? tras La trayectoria de Paul Newman ha estado jalonada de grandes éxitos ver cómo se le volvía a escamotear el premio al mejor actor por Veredicto final para muchos su actuación más apoteósicamente contenida y su inesperada resurrección tras unos aciagos años donde tocó fondo profesional con unos títulos sin alma (aunque con Robert Altman) y la trágica muerte de su hijo Scott. La respuesta la sabían casi todo: No haber sido, ni seguir siendo, tan guapo. Incluso el propio actor, que dictó su propio epitafio con la retranca que le caracteriza: Aquí yace Paul Newman. Fue un fracaso porque tenía los ojos azules Al final, llegó el reconocimiento gracias a los vuelos rasantes de El color del dinero (1986) cinta en la que, además, le daba la alternativa- -no sólo profesional, sino también política y automovilística- -a un mocoso llamado Tom Cruise. Atrás quedaba la bicicleta de Butch Cassidy, el pitillo durmiendo a pierna suelta de Harper, investigador privado, el bigotillo trampero de El golpe y hasta los dientes en el hielo de El castañazo Y delante, algún bólido imberbe al que adelantar en la próxima recta. Porque a los 80 es cuando se empieza a meter la quinta, ¿no?