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ABC VIERNES 28 1 2005 Espectáculos 61 Old boy Elektra La venganza es un plato que sirve un pingüino E. R. M. A E. le sienta bien el rojo A. W. Hay quienes creen que con decir eso de la venganza es un plato que se sirve frío ya lo han dicho todo sobre la venganza. De cada tres comentarios sobre Kill Bill dos coqueteaban en el título con esa frase, lo que da una idea de que, o bien la película de Tarantino es a la venganza lo que Otelo a los celos (o lo que Zapatero al talante) o es que la imaginación y creatividad de los críticos y comentaristas de cine también deberían de servirlas frías. Digamos ahora que al lado de este Old Boy a la venganza de Uma Thurman la habían pegado antes un buen repaso por el microondas. Con ser duro y bruto el cartel promocional de Old boy ni siquiera le hace justicia a la dureza, el retorcimiento y la brutalidad de la historia que se cuenta. En el cartel se ve al protagonista (el de la cara de loco es el protagonista) con un martillo a punto de darle a algo o alguien. El director de este revés a la tranquilidad es el coreano Park Chan- Wook y lo que narra se inscribe con todas las letras en un género equidistante entre el thriller y el terror paranoico. Uno lo sigue a trompicones, sin acabar de pillarlo por completo (es muy moderno, luego no te lo da mascado, sino escupido) pero en un cierto estado hipnótico en el que pesa tanto la curiosidad como el temor a lo que puede suceder en cualquier momento. El protagonista (ése del martillo) es un tipo tranquilo el ochenta por ciento del tiempo que sale en pantalla, y en el otro veinte res- Jennifer Garner Dirección: Park Chan- Wook Intérpretes: Choi Min- Sik, Woo Ji- Tae, Gang Hye- Jung, Chi Dae- Han Nacionalidad: Corea del Sur, 2003 Duración: 120 minutos Calificación: tante se convierte en alguien con el mismo humor que un leopardo con hemorroides... Su misión es alucinante: descubrir por qué asesinaron a su mujer, lo secuestraron a él y lo soltaron mucho tiempo después ¡quince años! para que descubriera por qué lo secues- traron... en fin. Esos golpes de malhumor repentino del protagonista hacen posibles al menos media docena de secuencias que le volverían loco de contento al Amenábar anterior a Mar adentro y la intriga desemboca en el desagüe de un final indescriptible, de diván de psicoanalista, de pregunta- respuesta de la señora Francis... Poco se puede decir de la interpretación, si apenas sabemos balbucear los nombres de los intérpretes. Son todos villanos y se saben su papel. Director: Rob Bowman Intérpretes: Jennifer Garner, Goran Visnjic, Kirsten Prout, Will Yun Lee Nacionalidad: EE. UU. 2004 Duración: 96 minutos Calificación: De pequeño no me gustaba leer los tebeos Marvel (donde estuviera el malvado visir Iznogud... y de mayor no me gusta ver películas basadas en tebeos de superhéroes: le han acabado quitando la razón a los que defendían la legitimidad del comic como fuente literario- visual del cine. Pertrechado con estos mimbres, como se dice, me senté a ver Elektra desesperando de ver algún efecto especial que superase los suculentos labios de Jennifer Garner, la (super) heroína de la función. El director Rob Bowman parece compartir esa falta de fe porque no le echa ninguna imaginación a las escenas de acción y prefiere enseñarnos a cada poco el rostro de Jennifer, lo que nos permite comprobar que es capaz de ser tan expresiva como Giselle, Noemi, Claudia u otra de esas top models que suelen asomarse al cine; o sea, nada. Más bien pone cara, es decir, morritos de preocupación, no se sabe si por los flash- backs traumáticos que la asaltan a cada minuto, por el ridículo disfraz rojo de superwoman que le ha caído en suerte o porque no entiende mucho del argumento, que empieza aludiendo a un combate primigenio entre el bien y el mal y acaba como una versión piliymili de Raíces profundas no es la única, éste debe de ser el primer tebeo filmado que obliga (es un decir) a revisar el original para encontrarle sentido. Esto no importaría mucho si la película fuese más descarada o supiera divertirse con su propia trivialidad, pero no es el caso: alguien debería decirles a los conspiradores empeñados en llevar al cine el corpus de la Marvel que un superhéroe neurótico es aún menos interesante que un mazas prepotente. Por lo menos a esta Elektra le sienta bien el rojo. Síndrome Somnolientos delirios JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Cuenta un buen amigo de la redacción que en determinadas películas la mejor manera de expresar la decepción producida por su visionado es comenzar diciendo de ella algo así como hoy se estrena tal película, ¿por qué? Pues ahí estamos, no de forma tan cruenta pero casi porque la voluntad de agradar a todo el mundo se le supone. Sin embargo, este primer trabajo de Liberto Rabal como director muestra delirios de modernidad en su deseo de expresar sensaciones contraproducentes en un submundo de vidas cruzadas. En realidad las intenciones del filme se deducen del folleto de propaganda, que es donde se explica algo de la supuesta narración, ya que en el celuloide en sí nada se entiende pues no hay diálogos, no hay argumento y no hay conexión entre las escenas que explique algo de lo que está, o no está, sucediendo. Y, por ende, todo el desarrollo visual es de valium grado máximo, por no hablar de la interpretación, deficiente en algunos casos y algo peor que eso en otros. El trabajo de cámara intenta acercarse al documental, probablemente Adriana Davidova Dirección: Liberto Rabal Intérpretes: Javier Albalá, Adriana Davidova, William Miller, Carolina Bona Nacionalidad: España, 2004 Duración: 90 minutos Calificación: por falta de medios, pero también por escasez de ideas que expresar con imágenes. Si no hay historia no hay manera de plasmar nada en la pantalla, sólo ciertas alucinaciones presuntuosas de un vanguardismo que da al trabajo una capa de cutrerío escasamente agradable. Todo lo demás, los silencios, los planos cortísimos, los tiempos cortados, no generan más que un buen número de bostezos. En suma, un fallido, muy fallido, intento del joven Rabal, con pocas cosas que contar y mal expresadas. Quizás la próxima vez...