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ABC VIERNES 28 1 2005 Espectáculos 59 Un hombre sentado al piano El 10 de junio del pasado año, moría en su casa de Beverly Hills Ray Charles. Tenía 73 años, y era desde hacía mucho tiempo una de las grandes leyendas del jazz. Ciego desde los seis años como consecuencia del glaucoma, escribió páginas inolvidables y fue uno de los precursores del rock and roll. Su estampa es ya imperecedera: sentado al piano, con sus desbordantes gafas negras y llamativas y brillantes chaquetas sobre camisas coloreadas; el torso inclinado hacia atrás, la cabeza torcida y la dentadura desafiante, siempre en actitud de sonrisa, mientras su voz arañada se dejaba oir. Ray Charles Robinson nació en Albany, en el estado sureño de Georgia, el 30 de septiembre de 1930. Tras quedar ciego estudió en Florida, donde empezó a desarrollar sus aptitudes musicales que le llevarían a obtener trece premios Grammy y a dejar canciones como Georgia on my mind o I can t stop loving you Ofreció más de diez mil conciertos a lo largo de su carrera, y su síntesis de blues y gospel le hizo encadenar un éxito tras otro. Se preocupó también de la formación de los jóvenes, al crear una escuela en Los Ángeles. La celebración del XL aniversario de su fundación, en abril del pasado año, fue precisamente el último acto público en el que se le vio. Ray La música de Dios y del diablo ANTONIO WEINRICHTER Los biopics de grandes artistas son un género especialmente ingrato porque se enfrentan a una serie de obstáculos de altura: deben superar la beatería hagiográfica sobre el biografiado, venciendo la tentación de convertirlo en el protagonista de una marcha triunfal hacia la fama; explicar su aportación a la historia del medio en el que se expresó y ser capaces de representar al genio en su trabajo. La verdad es que desde Cary Grant, poniéndose inspirado para componer Noche y día hasta Russell Crowe, poniendo cara de intenso sabio matemático, Hollywood no ha avanzado mucho en este terreno. Esta biografía de Ray Charles insiste demasiado en su trauma de infancia ¡cómo les gustan los flash- backs explicativos a los americanos! y, al igual que hace Scorsese con su Howard Hughes, detiene el relato cuando la vida de su protagonista empieza a hacerse aburrida. Charles vivió muchos más años de los que aquí se muestran (de hecho, participó en los preparativos de la película) pero Dirección: Taylor Hackford Intérpretes: Jamie Foxx, Kerry Washington, Clifton Powell, Harry Lennix Nacionalidad: Estados Unidos, 2004 Duración: 152 minutos Calificación: ya había hecho su contribución principal a la cultura popular del siglo XX y su dorada madurez- -y vejez- -son mucho peor carne de ficción que sus duros comienzos y la forma en que revolucionó la música negra- -y su hijo natural, el pop global- -en la década de los años 50, al establecer una milagrosa fusión entre la intensidad emocional de la música gospel y la potencia rítmica y sexual del blues urbano. Ésta es la historia que interesaba contar aquí, so pena de caer en las vidas ejemplares y el director Taylor Hackford, para quien este proyecto largamente madurado es un genuino trabajo de amor ha sabido hacerlo de forma incluso emocionante desde el punto de vista musical: las actuaciones de Ray en tugurios donde se cocía en sudor el mejor rhythm blues, su forma de desublimar la música de iglesia inyectándole sentimientos profanos, la creación de las Raelettes, incluso la licencia de comedia musical que presenta el tema Hit the road Jack son momentos que hubiera aprobado el auténtico Ray, estupendamente interpretado (e imitado) por Jamie Foxx. Los Oscar pueden acabar de coronar a Hackford como director, aunque Scorsese no le dejará Foxx parece empeñado en demostrar a su padre que siempre ha estado equivocado respecto a él del músico hace Foxx- su forma de moverse como un ciego, su capacidad para leer la belleza de las mujeres a las que nunca se cansó de cortejar sólo palpando sus muñecas y oliendo sus esencias. El gran Ray Charles le concedió a Taylor Hackford (Santa Bárbara, California, 1945) los derechos para hacer un filme sobre su vida y milagros sin omitir los aspectos más sórdidos o menos ejemplares de su biografía, como su adición a la heroína y su perseverancia en la infidelidad. El retrato que Hackford ofrece no es precisamente una hagiografía. A Hackford sí cita David Thompson en su tocho. Es un director insólito para la plantilla de Hollywood, donde ha estado entrando y saliendo a lo largo de 25 años desde que ganara un Oscar con su primer corto, Padre adolescente en 1978. Productor y director que pasó dos años decisivos con los Cuerpos de Paz, allí empezó a desarrollar una especial empatía por los otros los latinos y los negros. Ejemplo de lo primero fue La Bamba trasunto cinematográfico de Ritchie Valens; de lo segundo, y no el único, este Ray en el que puso toda su fe. Tuvo su gran éxito con Oficial y caballero retrató las bandas de Chicago en Bound by honor y dirigió a Al Pacino en El abogado del diablo además de sus constantes incursiones en el documental, como el notable Cuando éramos reyes dedicado al boxeo. Este licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad del Sur de California ha reiterado su empeño por contar historias que afectan a la clase media, gente verdadera enfrentándose a verdaderas dificultades y hecho hincapié en que la médula de todo filme es el guión. Y Ray que logró llevar adelante pese a que un gran estudio como Universal sólo entró al trapo cuando ya estaba hecha y como distribuidora, resume todas sus ambiciones. Colaborando codo a codo con Charles confirmó la condición de genio de un artista complejo y lleno de luces y sombras. Eso queda claro en un filme independiente que empezó presupuestado en seis millones de dólares, acabó costando 35 millones y recaudó cerca de 80 millones. Recompensado por público y crítica, los Oscar pueden acabar de coronar a Foxx como actor, a Hackford como director, aunque Scorsese no le dejará. Taylor Hackford ha sabido contar la historia de forma incluso emocionante desde el punto de vista musical