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ABC VIERNES 28 1 2005 Internacional 27 ELECCIONES EN IRAK Ataques contra los colegios electorales A. SOTILLO BAGDAD. La insurgencia iraquí prosigue sus ataques contra los colegios electorales en su esfuerzo por reventar las próximas elecciones, marcadas por una imparable espiral de violencia pese a los 300.000 soldados iraquíes y norteamericanos desplegados para vigilarlos. En la ciudad de Ramadi, centro neurálgico del Triángulo suní, fueron secuestrados y asesinados cuatro guardias nacionales iraquíes sobre cuyos cadáveres pusieron varios carteles descalificándolos como traidores también en Ramadi fueron atacados con morteros y coches bomba cuatro colegios electorales. Un ataque contra la base militar norteamericana en Iskandariya provocó la muerte de un marine. En Samarra, dos bombas situadas al borde de la carretera mataron a cinco civiles y un soldado. En Baquba estalló un coche bomba junto a un colegio electoral, que mató a un civil. En Tikrit fue asesinado un traductor que trabajaba para las fuerzas norteamericanas. En total, ayer murieron diecinueve iraquíes y un soldado norteamericano. Un clima de violencia que ratifica que ni las tropas estadounidenses ni las fuerzas iraquíes han conseguido garantizar la seguridad de los próximos comicios, a los que los iraquíes irán a votar con la conciencia de que se juegan la vida por depositar el voto en la urna. Y pese a todo, se espera que la violencia siga creciendo a medida que se aproxima la fecha de las elecciones, después de que el grupo del terrorista jordano Abu Musab al- Zarqaui, haya declarado por cuenta propia la guerra santa a estos comicios, y de que varios otros grupos de la insurgencia integrista hayan amenazado con provocar un baño de sangre. Campaña electoral no existe. Pero, a falta de la misma, la polémica la sirve la trifulca mantenida por el polémico Ahmed Chalabi, antiguo protegido del Pentágono pasado a la coalición chií, que acusa al ministro de Defensa, Hazem Shaalan, de desviar con fines muy poco claros 500 millones de dólares que han sido transferidos del Banco Nacional Iraquí a una institución financiera libanesa. El ministro de defensa admite la transferencia, pero asegura que es para comprar armas. Y asegura que, detrás de esta acusación, hay turbios intereses de países vecinos. Habitual coletilla del Gobierno iraquí cada vez que se enfrenta a un problema. Una militante del partido kurdo de Masud Barzani distribuye en la ciudad de Suleimaniya panfletos de su formación política AFP Mahdi es un chií que votará pase lo que pase. Sami es un suní que cree que no vale la pena arriesgar la vida por unas elecciones en las que nada tiene que ganar. Así es el debate electoral iraquí a tres días de los comicios Votaré, y llevaré a mis ancianos padres, aunque no puedan caminar TEXTO ALBERTO SOTILLO. ENVIADO ESPECIAL BAGDAD. Mahdi es un chií. Está claro por su nombre, porque, para los chiíes, el Mahdi es el mesías el esperado, que vendrá a redimir a los desdichados en el fin de los días. Pero, por si no había quedado bastante claro, comprobamos que Mahdi es un chií cuando nos cuenta que, en las elecciones del próximo domingo, no sólo va a votar él, sino que se llevará a votar su padre y a su madre, de 85 y 83 años, aunque no puedan caminar, aunque los tenga que llevar en mis brazos En cambio, Sami es un suní que no tiene ningún interés en votar: Votar, ¿para qué? Votar es exponer la vida, ¿y qué tenemos que ganar nosotros en estas elecciones? En opinión de Sami, los únicos suníes que van a votar son gente con la mentalidad de los tiempos de Sadam que piensan que, si no votan, les van a echar del trabajo Mahdi dice que va a votar al partido de Sistani el ayatolá que insiste en que los religiosos no deben intervenir en política, pero que en esta ocasión ha aseverado que el voto es un deber religioso y ha aconsejado, además, que se vote por la coalición chií Alianza Iraquí Unida. Pero, en definitiva, Mahdi sabe muy bien por qué va a votar: Los suníes ya han gobernado demasiado tiempo este país. Los chiíes también tenemos derecho Le decimos que tal vez habrá que compartir el poder con los suníes si quieren que haya paz en el país. Y Mahdi está completamente de acuerdo, aunque puntualiza: Pero primero queremos ganar las elecciones Lo que se disputa en estas elecciones no es una cuestión de ideologías, de izquierdas ni derechas, sino un desplazamiento del poder provocado casi inadvertidamente por la intervención norteamericana. Es sintomático que uno de los lugares en los que se espera una más alta participación electoral sea en Sadr City, el deprimido arrabal chií que las tropas estadounidenses tirotearon y bombardearon durante meses para intentar echar el guante- -en vano- -al rebelde clérigo Moqtada al- Sadr. Abdul Sattar Yawad, director del periódico Soberanía, es uno de los pocos candidatos que no enarbola la bandera suní, ni la chií, y ni siquiera la del Gobierno de Alaui. Es un pájaro exótico en el paisaje político iraquí, que se autodefine como liberal, secular y defensor de un Gobierno tecnócrata Su campaña electoral la desarrolla sobre todo en los cafés de artistas e intelectuales que rodean la calle de los libreros de Bagdad. Tiene que mostrarse optimista, y asegura: Nos votarán las clases medias y educadas Y la verdad es que, en Bagdad, hay una considerable clase media y educada, pero nosotros no hemos encontrado a nadie que vaya a votar por Lista 299, partido secular, liberal y tecnócrata La extravagancia de Abdul llega hasta el punto de no ocultar que él es candidato electoral. Son poquísimos los que se atreven. Los iraquíes votarán listas de partidos de los que desconocen a los aspirantes. Abdul da la cara: Reconozco que fue un error plantear así las elecciones. Hay muchas amenazas e intimidación. Pero la próxima vez habrá que hacer las cosas de forma correcta Habrá un Irak unido Porque todos dan por descontado que estas elecciones no son final, sino principio de otra historia. Sami, como todos los suníes, asegura que votará en cuanto las tropas norteamericanas abandonen el país. Abdul señala que las fuerzas de EE. UU. abandonarán gradualmente Irak, en el curso de un año o unos meses Y Mahdi insiste en que habrá un Irak unido Inshalá (así lo quiera Dios) exclaman todos a este guión moderadamente optimista. Sami no lo termina de creer. Sus pensamientos tienden más bien a trazar apocalípticos cuadros de guerras civiles y turbias conspiraciones norteamericanas. También Mahdi cree que la violencia va a seguir. Y sólo Abdul se mantiene inasequible al desaliento. Inshala sí, pero el caso es que Abdul- -catedrático de periodismo- -nos parece un iraquí más de café que de la calle.