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22 VIERNES 28 1 2005 ABC Internacional Eduardo de Inglaterra, Chirac, Putin y Kwasniewski, el presidente polaco, escuchan a los oradores ayer en Auschwitz AP La emoción de los supervivientes desborda la solemnidad de los actos en Auschwitz Diez mil personas y 40 líderes mundiales acudieron al 60 aniversario de la liberación del campo del nunca más en el que coincidieron los líderes mundiales y los supervivientes se produjo en una vasta explanada a temperaturas bajo cero BLANCA TORQUEMADA ENVIADA ESPECIAL AUSCHWITZ (POLONIA) La altísima temperatura emotiva pudo ayer con los rigores del invierno polaco y el país anfitrión superó con notable alto el reto sin precedentes de encarrilar la visita oficial de más de cuarenta altos representantes institucionales de todo el mundo con motivo de la celebración del 60 aniversario de la liberación del campo de exterminio de AuschwitzBirkenau. El clamor unívoco de nunca más en el que confluyeron los líderes mundiales y los supervivientes del genocidio reunidos ayer en el escenario del horror ofreció, sin embargo, sutiles e intencionados matices en algunos de los discursos pronunciados bajo una persistente nevada, eco ampliado y melancólico de la ventisca del día anterior. Así, el presidente de Israel, Mosze Kacav, no dejó pasar por alto la indib El clamor ferencia de los aliados hasta el final de la Segunda Guerra Mundial se pudo haber bombardeado las líneas férreas que llevaban a la muerte reprochó) en tanto que el mensaje oficial enviado por Su Santidad el Papa, leído por el arzobispo Jozef Kowalczyk, hizo referencia a los males del comunismo, eludidos por otros oradores volcados en ensalzar el papel del Ejército Rojo en la liberación de Polonia y, singularmente, en la de Auschwitz. Precisamente el empuje soviético en aquellos acontecimientos y la sangría de vidas de soldados de la URSS (hasta 600.000 murieron en el empeño) sellaron una eterna deuda de gratitud histórica que ha quedado fielmente reflejada en el protagonismo cedido en estos actos al presidente ruso Vladimir Putin, orador oficial en todos los foros convocados para la ocasión, pese a que su vuelo se resintió con el mal tiempo y sólo alcanzó a aterrizar ayer mismo en Polonia. La jornada fue intensa. A primera hora de la mañana el hermoso teatro Slowacky de Cracovia había acogido una elaborada y brillante ceremonia, trufada de testimonios y breves discursos de algunas de las autoridades convocadas. Un preludio del complejo tras- lado de los invitados a Oswiecim (nombre polaco de Auschwitz) donde tendría después lugar la solemne celebración de homenaje a las víctimas. El estoicismo y recogimiento con que más de diez mil personas (muchas de ellas de edad avanzada) soportaron durante más de cuatro horas las temperaturas bajo cero junto al austero monumento conmemorativo del principal escenario de las atrocidades nazis representaba apenas un mínimo tributo a la memoria de los que fueron atrozmente asesinados. Fuego y nieve se fundieron a partir de las tres de la tar- de (la ceremonia arrancó con media hora de retraso) en un proceso de evocación lento y respetuoso, suspendido en las llamas que sirvieron como principal recurso escénico, en un despliegue consecuente con el hecho de que esa vasta explanada y su paisaje hostil de alambrada y barracones es, sobre todo, un inmenso cementerio sin lápidas ni tumbas. El ayer y el hoy En la misiva enviada por el Papa, Juan Pablo II relataba en primera persona su profunda impresión cuando visitó Auschwitz en 1979 y aprovechaba para recordar cómo Polonia cayó, tras la infamia del nazismo, en la esclavitud del comunismo soviético una realidad onerosa demasiadas veces olvidada en el transcurso de esta celebración. Llegó después el turno de los supervivientes. Tomaron la palabra Wladislaw Bartoszewski, preso número 4.427 de Auschwitz, y Simone Veil, que también fue reclusa del campo asesino. A estos testimonios vibrantes se sumaron otros conmovedores, como el de una mujer recluida de niña en aquel infierno y que ayer mostró su antebrazo, con el número grabado e indeleble. El proceso de evocación del Holocausto fue lento y respetuoso, suspendido en las llamas que sirvieron como recurso escénico Tras los discursos llegaron los símbolos con un imaginario silbido de tren