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28 Internacional MIÉRCOLES 26 1 2005 ABC El Holocausto está de cuerpo presente en Israel, es el elemento central de su identidad, de un Estado que quiere ser más fuerte cada día para evitar que algo así le vuelva a suceder Sangre de Auschwitz en las venas de Israel TEXTO: JUAN CIERCO JERUSALÉN. Rubén llora desconsolado junto a la puerta de la conmovedora Sala de los Nombres, uno de los puntos más sensibles del Museo del Holocausto en Jerusalén. Vestido con su uniforme del Ejército, no puede contener sus lágrimas fruto de una emoción que experimenta hoy más que nunca, y eso que ya ha pisado este lugar en más de una ocasión. Sarit, compañera de visita, también de armas en el Tsahal le consuela como puede, acaricia con dulzura su espalda, mesa con cariño sus cabellos. Ambos han querido acercarse hasta aquí, sólo dos días antes del 60 aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, para demostrar con su presencia que su generación no olvida ni perdona; que su generación trabajará duro para hacer un país más fuerte, seguro y unido y evitar así que algo parecido vuelva a suceder. Palabras antes que gas Antes que el gas fueron las palabras. Antes que el exterminio físico, vino el intelectual. Antes que los trenes de la muerte circularon el silencio y la complicidad. Natan Sharansky, ministro israelí de la Diáspora, denuncia con gesto adusto el auge del antisemitismo en Europa en los últimos años, coincidiendo con el estallido de la Intifada de Al Aqsa. Y tiene, entre otros, un argumento estelar: La parcial cobertura de los acontecimientos, sobre el terreno, de los corresponsales y enviados especiales extranjeros parte del día a día de los israelíes, no sólo de su pasado. Nuestro gran reto es evitar que la sangre de Auschwitz que corre por las venas de Israel deje de hacerlo en un futuro dice el ministro israelí de la Diáspora, Natan Sharansky. En ello insiste asimismo el presidente de Israel, Moshé Katsav, quien se reconoce preocupado por la transición crítica entre la generación de los supervivientes de Auschwitz y la que hoy en día mira más al futuro dando a veces la espalda a su propia memoria. En lo que coinciden miembros de generaciones pasadas, como Bernard Dov Lemel, de 75 años, con el número 125442 tatuado todavía en su antebrazo, superviviente de Auschwitz, y Rubén, quien enjuga sus lágrimas junto a la Sala de los Nombres, es en que Israel debe ser cada día más fuerte, para protegerse sin necesidad de depender de un tercero que le pueda abandonar a su suerte como sucedió hace 60 años ante la pasividad de la comunidad internacional, que reaccionó tarde, mal, nunca. Ese Israel atómico, la única potencia nuclear de la región; ese Israel tan militarizado; ese Israel con una perpetua economía de guerra tiene mucho que ver con esa necesidad de autoprotección que el Estado judío ofrece hoy en día a sus ciudadanos, como destaca el ex ministro de Justicia y hoy jefe de la oposición, Tommy Lapid, superviviente asimismo de la Shoá. Una Shoá muy viva en el día a día de Israel, no sólo por expreso deseo de sus políticos, sus militares, sus intelectuales, sus artistas, sino porque uno de cada tres israelíes es superviviente del Holocausto o familiar de uno de ellos, como atestiguan las lágrimas de Rubén, nieto de Menahem, asesinado en una cámara de gas de Auschwitz. Punto de inflexión El Holocausto, la Shoá (en hebreo) Auschwitz son elementos centrales de la identidad israelí. Así lo destaca el historiador Tom Seguev, quien apunta que la vuelta de tuerca decisiva se produjo tras el proceso contra el criminal de guerra nazi, Adolf Eichmann, secuestrado por los servicios israelíes en Argentina en 1960 y juzgado y ejecutado en Israel un año después. Fue la única vez en la historia que se cumplió una condena a muerte en este país. Hasta entonces, en opinión de Seguev, trataba de ocultarse la tragedia. Muchos israelíes jugaban la carta de los héroes de la guerra como una evasión. Desde entonces, se tomó mayor conciencia de las víctimas, se incorporó como elemento central a la identidad nacional. Seguev, sin embargo, denuncia también que, 60 años después, el Holocausto se utiliza en Israel con fines políticos. Ahí está el ejemplo de los colonos judíos de Gush Katif, en Gaza, que hace sólo unas semanas se cosieron en el pecho estrellas de David de color naranja para protestar contra los planes de evacuación de Ariel Sharón. Pero también los adversarios de Israel hacen ese uso político, al comparar, como hiciera hace dos años en Ramala el premio Nobel de la Paz, José Saramago, la ocupación israelí de los Territorios Palestinos con lo sucedido en los campos de concentración nazis. Lo que hace falta, lo que es imprescindible es que Auschwitz, la Shoá sean siempre, como lo son hoy, ABC Árabes e israelíes, contra la publicidad del coche anti- kamikazes JERUSALÉN. Un joven árabe, con su kefiya a cuadros blancos y negros, sale de una casa inglesa y se sube a un Volkswagen Polo negro y reluciente. Arranca y conduce hasta un café al aire libre, donde hay clientes sentados, entre ellos una mujer con su bebé. El conductor acciona entonces su cinturón de explosivos, pero el Polo absorbe la explosión. Sobreimpresionado, el lema publicitario: Polo. Pequeño pero fuerte Este anuncio de la agencia británica Lee and Dan distribuido por internet sin consentimiento de Volkswagen que estudia una querella, ha provocado conmoción en todo el mundo y, sobre todo, en Israel, donde se acusa a los promotores de jugar con la memoria de las víctimas del terrorismo. También asociaciones de inmigrantes árabes y musulmanes han puesto el grito en el cielo por mensaje tan poco delicado: Inmigrante árabe terrorista quiere matar cuantos más inocentes mejor en Europa pero fracasa gracias a la avanzada tecnología occidental