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ABC MIÉRCOLES 26 1 2005 La Tercera CUANDO SE ENFRÍE LA GENEROSIDAD A SISTIMOS a un arranque de generosidad a escala mundial sin precedentes. En respuesta a una destrucción también sin precedentes, ciudadanos y gobiernos de todo el planeta se han movilizado para ayudar a las víctimas del maremoto. Hasta tal punto que algunas agencias humanitarias han llegado incluso a solicitar la interrupción de dichas donaciones, que cubrirán las necesidades de financiación de la fase humanitaria de esta crisis. Esta fase inicial está marcada por un fuerte factor emocional y por aquello que Joshka Fischer describió con acierto como el efecto CNN Pero, al igual que a él, me preocupa el día de mañana para los países siniestrados, pero también para el conjunto de nuestra acción solidaria. Cuando la última de las cámaras de televisión se marche de Banda Aceh, de Galle o de Phuket, la mayor parte del esfuerzo quedará aún por realizar. Porque más de cinco millones de personas seguirán viviendo bajo unos refugios improvisados, sin poder reemprender sus actividades profesionales, a menudo sin colegios, ni hospitales, ni carreteras, ni demás infraestructuras básicas. En los días siguientes a este fatídico 26 de diciembre, lancé una advertencia sobre el riesgo de una segunda catástrofe si dejamos que se cree un vacío entre la fase humanitaria y la fase de rehabilitación y reconstrucción. La comunidad internacional, bajo la coordinación de Naciones Unidas y con un papel central de los Estados afectados, que no deben ser mantenidos al margen, tiene que garantizar a cualquier precio la continuidad de este arranque solidario para que estos millones de personas desplazadas recuperen lo antes posible una vida normal. Mi segundo interrogante se refiere al alcance de esta generosidad. Hay que hacer desaparecer toda ambigüedad y afirmar con claridad que nuestra ayuda a las víctimas del tsunami es y será adicional. No acepto un desplazamiento de solidaridad que, por ejemplo, dé a las víctimas de Indonesia parte del apoyo que debemos ofrecer a las personas desplazadas en Darfur o en la República Democrática del Congo. La generosidad y la solidaridad de Europa no pueden ser selectivas ni efímeras. Más de mil millones de personas en el mundo viven con menos de un dólar diario. Once millones de niños mueren cada año, la mayoría antes de cumplir los cinco años. Y de ellos, seis millones fallecen por enfermedades que podemos tratar, como la malaria, la diarrea y la neumonía. Asimismo, 114 millones de niños no tienen acceso a la escuela primaria y 584 millones de mujeres son analfabetas. Es escandaloso. Nosotros los europeos debemos compartir un poco nuestra opulencia. Quiero recordar en estos momentos todos los compromisos firmados y todavía incumplidos por la comunidad internacional. He luchado, sin éxito hasta la fecha, para lograr un Dentro de esta perspectiva, me alegra la iniciativa del primer ministro británico Tony Blair, que reclama a los países más ricos del planeta un esfuerzo más sostenido para África. Su presidencia del G- 8 y, dentro de seis meses, de la UE es una oportunidad única para alcanzar unos compromisos sólidos en este sentido mayor compromiso por parte de los Estados miembros de la Unión en relación con el objetivo del 0,7 por ciento, prometido desde hace tres décadas. Mientras que la media de la Unión se sitúa apenas en el 0,42 por ciento, propuse alcanzar en 2006 el objetivo intermedio del 0,6 por ciento. Mi reto sigue sobre la mesa. Dentro de esta perspectiva, me alegra la iniciativa del primer ministro británico Tony Blair, que reclama a los países más ricos del planeta un esfuerzo más sostenido para África. Su presidencia del G- 8 y, dentro de seis meses, de la UE es una oportunidad única para alcanzar unos compro- misos sólidos en este sentido. Como comisario europeo de Desarrollo y Ayuda Humanitaria, pero también como hombre político que tiene desde hace tiempo un compromiso personal con África, seré un aliado firme de las autoridades británicas para alcanzar dicho objetivo, sobre la base de nuestra experiencia comunitaria y de los Acuerdos de Cotonú, que son el marco de nuestra cooperación con los países de África, del Caribe y del Pacífico. Sin embargo, no se trata de abrir un nuevo debate. Ya debatimos lo suficiente en el pasado. ¡Hagamos cosas concretas! Redes ferroviarias, ejes de carreteras, la producción y distribución de la energía, la estabilización de conflictos... Todos son logros que impulsan el desarrollo económico y social, a la vez que permiten que África asuma su propio desarrollo, su destino. Impliquémonos a fondo en apoyar a la Unión Africana, para que se convierta en un interlocutor fiable y un mediador efectivo en la resolución de crisis en la región. Revitalicemos la Comunidad Económica de los Países de los Grandes Lagos para que, al igual que hizo Europa hace medio siglo, ahí donde hoy hay conflicto y pobreza, mañana surja un espacio de paz y prosperidad. Debemos consagrar el principio de apropiación y barrer toda huella de paternalismo moralizador en nuestra política de desarrollo. Si queremos tener la más mínima posibilidad de alcanzar los Objetivos del Milenio para el Desarrollo en 2015, debemos actuar con rapidez, con eficacia y de forma coordinada. Estoy rotundamente a favor de reducir la deuda externa de los países en desarrollo. Pero quiero ser muy claro: debe realizarse sin discriminación ni oportunismos políticos, evaluando, caso por caso, el impacto de dicha medida en la reducción de la pobreza. En el ámbito de la ayuda humanitaria, la Comisión Europea actúa por lo general como un proveedor de fondos de las agencias (Naciones Unidas, Cruz Roja, ONG) con capacidad de control a través de su Oficina Humanitaria ECHO. Se han alzado voces que reclaman una presencia más visible de la Unión sobre el terreno. Pero esto requiere un compromiso político y unos medios enormes y no veo hoy una disposición por parte de los Estados miembros en este sentido. En esta fase, considero más realista y eficaz idear una estructura ligera de coordinación, con sede en Bruselas, a la que serían destinados expertos nacionales. Éstos, en estrecha coordinación con ECHO, determinarían la capacidad humana, material y logística lista para ser desplegada por todo el mundo en el plazo más breve y siguiendo unos procedimientos concertados. Porque se trata ante todo de ser eficaces para salvar vidas. LOUIS MICHEL Comisario europeo de Desarrollo y Ayuda Humanitaria