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56 Tribuna MARTES 25 1 2005 ABC SPAÑA es el país que tiene la Red civil de Unesco más importante del mundo. Afirmación esta que tal vez sorprenda, pero verdad contrastada. Y novedosa, pues esa Red civil se ha fortalecido en tan pocos años que se pueden contar con los dedos de una mano. Centros y Club Unesco, Escuelas Asociadas, Cátedras Unesco, grupos de trabajo y bienes Patrimonio de la Humanidad, son terminales de una labor, posible gracias a la colaboración de la sociedad civil, que muestra la vigencia de la Unesco en nuestro país. El Estado o, al menos, la Administración, ha contribuido muy poco a la certeza de tal afirmación, pues, estos últimos años, se ha contado con menos apoyo del que hubiera sido conveniente y razonable, dado el interés despertado, el viento favorable, el voluntariado dispuesto, el desengaño de la sociedad ante tanta etiqueta y la mordiente conciencia social que, espontáneamente, se está encauzando a través de la Unesco. No lo duden, la Unesco es hoy una de las pocas referencias morales que quedan en el mundo, capaz de convocar a la sociedad civil. ¿Va a ocuparse el actual Gobierno de potenciar la Unesco en nuestro país? Algún indicio hay en tal sentido. Bienvenido sea. Pero si lo es por cambiar la actitud del Gobierno anterior, poco sentido tendría, pues, para que lo tenga, debe primar el convencimiento solidario de que la Unesco, estabilizada, devuelta a su sentido fundacional, sin connotación partidista alguna, es un instrumento idóneo al logro de una mayor justicia social internacional. Para eso habrá que olvidar las muchas críticas y el mucho escepticismo cuando hablamos de la eficacia de ciertos Organismos Internacionales. Creo poco en ellos, pero son necesarios, dentro de su aparente falta de operatividad y con todas sus deficiencias, que las tienen en grado significativo. También las tiene la Unesco y por eso es uno de los que padece permanentemente una auténtica crisis existencial, pero no puede dejar de reconocerse que con los años, está adivinando su función real, está acercándose a la consecución de objetivos concretos y empieza a cobrar un papel muy significativo en la defen- E LA UNESCO, CAUCE Y REFERENCIA JOSÉ ANTONIO DE MESA BASAN Escritor sa de los derechos humanos. Por eso, cuando en los últimos años hablaba con altos funcionarios que, por estar en el poder tenían capacidad decisoria, siempre he discrepado de la idea imperante hasta ahora de que la Unesco era una de esas organizaciones a las que aportar una importante cuota, para no ser políticamente incorrecto, pero nada más. Vamos, una suerte de compromiso internacional inevitable. El argumento para tal actitud estaba fundamentado en la falta de contrapartidas, lo cual, a mi entender, era un grave error de percepción. Claro que España tiene poco que aprender y recibir de la Unesco. ¡Faltaría más! La Unesco es un organismo de Naciones Unidas del que forman parte la casi totalidad de los Estados del mundo, cuya principal razón de ser es la solidaridad. ¿Conocen Vds. alguien solidario con algo, que, gozando de una situación privilegiada, pretenda recibir en vez de dar? La Unesco es, tal vez, el único Organismo Internacional cuya voz y protagonismo debe de estar en manos de los países más desfavorecidos. Dicho con otras palabras, la Unesco es el foro de los países pobres. En todo caso, nuestro país empieza a despertar su conciencia y a movilizarse por la cooperación internacional. No hay Unidad de la Administración, Comunidad Autónoma, Diputación Provincial o Ayuntamiento que se precie, que no establezca o quiera establecer contactos con otros países para facilitar algún tipo de ayuda y colaboración. En principio encomiable actitud, pero que para ser eficaz debe de estar coordinada. Y como en España hay mucho que revisar en este sentido, la Comisión Española de Cooperación con la Unesco, un tanto disminuida en su potencial, podría, a mi juicio, desempeñar esa tarea coordinadora, frente a las desperdigadas acciones soli- darias que se llevan a cabo, convirtiéndose así en la gran ONG de la solidaridad. En tal caso, esa entidad, llámenla como quieran, pero empresa nacional al fin y al cabo, que surgida de abajo a arriba, democrática, casi plebiscitaria pues no hay democracia más participativa y nítida que la del voluntariado, con sus bases diseminadas por todo el país, estructurada y soberana en sus cabezas autonómicas, culminada en un rectorado nacional representativo de la mejor sociedad civil, -todo lo supervisada que se quiera, pues nunca habría nada que ocultar y de ella sólo habría que temer el fondo de verdad de su ministerio- -sería un importantísimo instrumento de coordinación solidaria, que, ante la evidencia de la injusticia internacional, podría transformar, algún día el tono de colaboración en el de exigencia. Ciertamente, una sociedad civil estructurada y organizada en base al voluntariado supondría de hecho una fuente de poder. Pero ¡qué bien! ahora que tanto se habla de la dualidad Sociedad- Estado. Qué más puede pedirse a una sociedad que quiera ahormarse ella misma en el ejercicio de la noble tarea de la solidaridad para con ella y para con los otros pueblos. A este respecto, permítaseme una observación que afecta de manera muy particular a nuestro país. España que no acaba de encontrar una armonía estable para mejorar unas relaciones institucionales entre las mismas Comunidades Autónomas, podría empezar por utilizar los órganos colegiados de la Unesco y su propia actividad, potenciando y fortaleciendo en ellos la presencia de estas Comunidades, ya que cabe todo tipo de participación, convirtiéndose así la Comisión Española de la Unesco en instrumento idóneo de puesta en común de aportaciones voluntarias y generosas, dando una marca de calidad a nuestra presencia exterior en los ámbitos serenos de la educación, la ciencia y la cultura. Alguna experiencia a este respecto en reuniones de coordinación entre Autonomías, en las que se respetaron todas las opiniones expresadas, tuvo la mejor acogida. Si, por el contrario, no se hace así, pueden iniciarse recorridos inconvenientes y poco ortodoxos. Pero volvamos a lo más propio de la Unesco, no otro que la cooperación internacional. España tiene algunas obligaciones claras, desde el punto de vista de la solidaridad, con aquellas áreas geográficas sobre las que existe un evidente consenso. Pues bien, concentremos el mayor de nuestro esfuerzo en ellas, para las que reunimos las condiciones más favorables. En este aspecto bilateral, de contacto personal, de posibilidad de entendimiento, nuestro país está especialmente capacitado para cooperar en el desarrollo humano, social y cultural de esas áreas, y nada importaría canalizarla en buena parte a través de la Unesco, cuyas siglas no plantean reticencia alguna. Sépase, además, que como en la cooperación que hace la Unesco el factor personal es el más importante al ir dirigida a lo mas profundo de los derechos de la ciudadanía, la huella imborrable que queda siempre será la de quien la gestione y realice. En tal caso España. Digámoslo mas claramente. Nuestro país y el norte de África se conocen. España y los países iberoamericanos se quieren, por encima de problemas de familia. En ambas zonas el interés mediato de nuestras relaciones es evidente, conveniente para todos y esperanzador. Lo contrario sería contraproducente y peligroso a corto plazo. De ahí que la afirmación sea esta: fortalecer las relaciones bilaterales con todos esos países por medio de la Unesco es posible, poco costoso, deseable, de efectos inmediatos y con una rentabilidad profunda que puede llegar a incidir en una afectividad renovada de efectos multiplicadores para nuestra convivencia bilateral. Para ello nada mejor que ayudar a esos países a organizar sus propias Redes Civiles de Unesco, cosa que nuestro país ha hecho, según se reconoce, de manera sobresaliente. Se trata, sin duda, de unas asignaturas pendientes que, de aprobarse, revalidarían el estatus importante que España ha alcanzado en el contexto internacional. NTRE damas anda el juego, que no entre bobos. Y no hay más que decir, Sancho. Si la frivolidad es, según parece, privilegio y tendencia, casi irrefrenable, de las féminas, una vez más se ha manifestado, en toda su danzarina ligereza, en las palabras de la ministra de Cultura que, con voz risueña, si es válido el oxímoron, y gracejo andaluz y saltarín- caprino, ha prometido- -puedo prometer y prometo- -que ella misma, en persona, trasladará la Dama de Elche a las tierras que la devolvieron a la luz tras la larguísima inhumación que había padecido durante tantos siglos. Hace falta alegría y ganas de jugar... Pero si con las cosas de comer no se puede, atreverse a hacerlo con la joya más representativa y bella de la cultura ibérica es algo que raya en la insensatez, en el desacato y casi en la profanación. ¿Se ha E DAMAS ANA ROSA CARAZO Catedrática de Lengua y Literatura Españolas parado a reflexionar la señora ministra antes de lanzarse al alegre juego de la frivolidad, a lo arriesgado de tan desatinada concesión? ¿Ha medido el alcance de sus palabras? Si hubiesen sido pronunciadas el veintiocho de diciembre, todos hubiéramos sonreído ante tan graciosa inocentada. Pero sospecho que escuchadas por gentes sencillas y de débil cultura, habrán despertado aspiraciones ilusorias o imposibles. Me imagino a mis compaisanos, los de la antigua Basti, reclamando su Dama, la también desente- rrada, no hace tanto tiempo, en un predio situado en el límite entre Baza y Cúllar, tierras lindantes con las de Orce, lugar famoso por sus asentamientos prehistóricos. El director de la Real Academia de Bellas Artes y el director del Museo Arqueológico Nacional han puesto, como es natural, el grito en el cielo- -hace un rato los escuché en la COPE- -y han asegurado que no sólo trasladar a la Dama de una ciudad a otra, situada a cuatrocientos kilómetros, de un clima frío y se- co a otro templado y húmedo, sino hasta moverla dentro del propio museo es un disparate porque podría exponerse a daños irreversibles. Algo así, digo yo ahora, no se le ocurre ni al que asó la manteca. Y permítaseme la frase popular por lo que tiene de expresiva. El caso es que las cesiones y concesiones se multiplican de forma inquietante, lo que auspicia consecuencias que ya empezamos a vislumbrar y a lamentar aún antes de que sean efectivas. Ayer, los papeles del Archivo de Salamanca; hoy, la Dama de Elche. ¿Qué nos deparará el mañana inmediato? Mejor no imaginarlo. Por lo pronto, me pasaré cuanto antes por el Museo Arqueológico a rendirle, tal vez, la última visita a la hermosa señora y, de paso, a su par, la de Baza, no sea que cualquier día de estos nos quedemos en Madrid huérfanos de su belleza.