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10 MARTES 25 1 2005 ABC Nacional Peces- Barba, incapaz de fijar una reunión conjunta para sellar la paz entre las Víctimas Los problemas de agenda de las asociaciones obligan a su Comisionado a recibirlas por separado b Pilar Manjón, de la Asociación Las voces de las víctimas AVT. De carácter asistencial, fue constituida en 1981 con el objeto de socorrer a todas las víctimas del terrorismo del abandono y marginación del Estado, así como de muchos sectores de la sociedad española. Actualmente, el total de la población atendida por la AVT supera las 6.000 personas. Dado el incremento de asociados, y con el fin de atender sus necesidades de la mejor manera posible, la Asociación dispone de doce delegaciones territoriales. Asociación 11- M. Hasta el pasado 6 de noviembre contaba con 375 afiliados, cifra que se elevó considerablemente tras la intervención de Pilar Manjón en la Comisión del 11- M. En las elecciones a la presidencia de la asociación, que tendrán lugar el próximo fin de semana, no podrán votar los nuevos socios. Se presentan dos candidatos: Pilar Manjón y Eduardo Guibelalde. del 11- M, retó a un encuentro único para saber a qué juega cada uno y la AVT insiste en que estudiará la dimisión de Peces- Barba D. M. S. N. MADRID. El Alto Comisionado de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, Gregorio Peces- Barba, se reunirá por separado con la Asociación de Víctimas del Terrorismo- -convocante de la manifestación del pasado sábado- -y con la Asociación Víctimas del 11- M para intentar que la dignidad de las víctimas, su sufrimiento y su recuerdo no sean manipulados Sin embargo, no ha sido posible mantener un encuentro conjunto por cuestiones sólo de agenda de las asociaciones, según la justificación dada a ABC por el gabinete de Peces- Barba. Pese a los problemas de agenda lo cierto es que el cruce de acusaciones entre las asociaciones de víctimas hace que parezca lejana la posibilidad de un reencuentro. Pilar Manjón, que perdió un hijo en el 11- M, expresó su deseo de que la cita fuera al mismo tiempo con las dos organizaciones para saber a qué palo juega cada uno La AVT recibió con malestar estas manifestaciones y precisó que no tiene ningún inconveniente en que la entrevista sea por separado o conjunta. La primera noticia que tuvo la Asociación de Víctimas del Terrorismo del interés de Peces- Barba de reunirse con ellos fue a través de los medios de comunicación. Horas después, a media mañana de ayer, recibieron una llamada telefónica de la secretaria del Alto Comisionado para informarles de la convocatoria. En principio, a la AVT se le planteó que la reunión tuviera lugar ayer por la tarde u hoy por la mañana, pero por motivos de trabajo de su presidente, José Antonio Alcaraz, se fijó que se celebrara mañana. Veincuatro horas después será el encuentro con la Asociación del 11- M. Como la iniciativa ha partido de Peces- Barba, fuentes de la AVT manifestaron a ABC que las propuestas tendrá que hacerlas el Alto Comisionado. Acudimos totalmente receptivos, aunque le plantearemos abiertamente nuestro profundo malestar por su negativa a no asistir a la manifestación del sábado El delegado del Gobierno en Madrid, Constantino Méndez, se reunió con la AVT ayer pasado. La AVT también se plantea pedir la dimisión a Peces- Barba, asunto que será decidido por su junta directiva tras recibir más de mil comunicaciones de sus afiliados en este sentido. Prueba de que las espadas están aún en alto entre la AVT y la Asociación de Víctimas del 11- M es el malestar que provocaron en el colectivo que dirige José Antonio Alcaraz las declaraciones de Pilar Majón cuando dijo que quería saber a qué palo juega cada uno y, sobre todo, que aunque no acudió a la manifestación por estar de viaje, visto lo visto el sábado pasado en Madrid hubiese corrido peligro mi integridad física Más allá fue el presidente de esa asociación, Jesús Ramí- EDURNE URIARTE EL EXTREMISMO TOLERADO a izquierda española descubre, condena y hasta inventa una y otra vez a la extrema derecha, pero continúa siendo incapaz de reconocer a la extrema izquierda. Y las indignadas declaraciones de Alfredo Pérez Rubalcaba sobre la manifestación del sábado pasado o el fulminante comunicado del Gobierno nos dejan con un regusto amargo por su llamativa incapacidad para identificar el paralelismo entre los comportamientos antidemocráticos de esa manifestación y los de los manifestantes de hace unos meses contra el Gobierno popular. Los socialistas han condenado el comportamiento vil y miserable de los derechistas exaltados y radicales pero nunca antes habían denunciado con claridad a los izquierdistas exaltados y radicales que insultaron y agredieron a los políticos del PP. Y, sin embargo, las actitudes violentas e intolerantes del sábado reproducían milimétricamente algunos com- L portamientos del 12 de marzo, o del 13, o de muchas de las movilizaciones contra la guerra de Irak que tuvieron lugar meses anteriores. En todas esas ocasiones ocurrió en España exactamente lo mismo que el fin de semana, pero con dos diferencias significativas. Entonces, las actitudes intolerantes fueron repetidas y mucho más extendidas, y lo que es aún más importante: mientras que en esta ocasión el Partido Popular o los organizadores de la manifestación ni siquiera han esperado al día siguiente para denunciar esos comportamientos, todavía echamos de menos una condena comparable de los socialistas hacia la extrema izquierda. El desequilibrio deriva del viejo y enquistado problema ideológico que lleva a algunos a persistir en la creencia de que la extrema izquierda es más tolerable que la extrema derecha por su pretendida representación de los pobres y oprimidos. Es la asignatura pendiente de nuestra democracia y, en general, de todas las democracias, porque ni siquiera la caída del muro de Berlín consiguió corregir esa manipulación histórica según la cual los totalitarismos de izquierda fueron menos condenables que los de derecha. Si a esto añadimos en España los efectos del franquismo y la continuación de la hegemonía de los intelectuales de izquierda, el resultado es una resistencia aún mayor a la lectura crítica del radicalismo de izquierda. Y en la medida en que ni se la rechaza ni se la aísla, la extrema izquierda continúa contaminando a la izquierda democrática. Sobran las alertas sobre una extrema derecha que el recuerdo del franquismo se ha encargado de neutralizar y falta el reconocimiento de una extrema izquierda que se pasea con la cabeza alta por la política, la cultura o los movimientos sociales con pretensiones de progresismo y legitimidad democrática. Nadie pretende encontrar argumentos para comprender la furia de los agresores de Bono, pero nuestro país estuvo lleno de páginas dedicadas a la provocación y a la culpabilidad del Gobierno de Aznar. Lo del sábado ha sido unánimemente denunciado; su equivalente de hace unos meses aún espera la misma repulsa generalizada.