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56 Espectáculos LUNES 24 1 2005 ABC CLÁSICA Temporada de la ORTVE Obras de R. Strauss y J. Brahms. Int. Orq. Sinfónica de RTVE. Dir. W. Weller. Solista: A. Gerhardt (violonchelo) Lugar: Teatro Monumental. Madrid. Fecha: 20- 1- 2005 AÑO MUSICAL QUIJOTE ANTONIO IGLESIAS l IV Centenario de la publicación del Don Quijote cervantino tendrá la atención debida por parte de Radio Nacional de España, mediante interpretaciones musicales a cargo de la Sinfónica de la RTVE. A título informativo, se trae a colación la espléndidaco lección de Quijotes musicales, guardada en el Archivo o Biblioteca Municipal de Madrid, donde con paciencia benedictina fueron coleccionándolos aquel inolvidable crítico musical que se llamó Don Víctor Espinós, seguido por su hija Juana, asimismo responsable del comentario de nuestra vida musical en el desaparecido diario Madrid fuente segura para conocer tales titulaciones. Así, en su concierto de la tardenoche en el Monumental el pasado jueves escuchamos el Don Quijote, Op, 35 poema sinfónico que Richard Strauss escribió en 1897 y que, sin aludirnos en concreto, retrata musicalmente la ilustre figura en una Introducción seguida de 10 variaciones y un Finale haciéndolo con su maravillosa paleta orquestal, que incluye el violonchelo como solista (aunque jamás lo reclame así) con intervenciones aisladas de la viola, el violín concertino y algún que otro instrumento más. La obra, dilatada en sus cincuenta minutos de duración, nos llegó vencida en sus tremendas dificultades interpretativas, con la excelente respuesta de los profesores de la RTVE, bajo el mando conocedor del vienés Walter Weller, contando con el extraordinario violonchelista Alban Gerhardt (espléndido en una exquisita sensibilidad y gran técnica) que luchó con el accidente de la cuerda rota que es preciso sustituir... El viola de la misma agrupación sinfónica, Alejandro Garrido, y la concertino Mariana Todorova, brillaron con muy alta calidad. La segunda parte del programa la ocupó la Cuarta sinfonía de Brahms, que Weller llevó con admirable holgura y sesudo conocimiento- -olvidados desajustes esporádicos como los asimismo habidos en Strauss- -a la volcada respuesta traductora de los profesores, aunque por llevar a unas muy similares pulsaciones los tiempos primero y segundo, sus non troppo y moderato caerían bastante, por suerte recobrando su fuerza brahmsiana en el tercero y cuarto tiempos, giocoso y energico e passionato Magnífica la intervención de la flauta en su momento final. E Cara de plata en un momento del ensayo en el Teatro María Guerrero de Madrid JULIÁN DE DOMINGO TEATRO Cara de plata Ligazón y La rosa de papel Autor: Ramón del Valle- Inclán. Cara de Plata Dir. R. Simó. Esc. Ch. Schübiger. Vest. M. Araujo. Ilum. Q. Gutiérrez. Mús. J. Alavedra. Intérpretes: Ch. Lera, J. Noguero, P. Oliva, B. Goenaga, L. Quintana, S. Sánchez, M. Brik y J. Codina, entre otros. Lugar: Teatro María Guerrero Ligazón y La rosa de papel Dir. e ilum. J. Margallo. Esc. y ves. G. Carrascal. Mús. M. Moro. Int. V. Gil, O. Margallo, F. Bustos, R. C. García y E. Pedreño, entre otros. Lugar: Círculo de Bellas Artes. Madrid. VALLE Y SUS MÁSCARAS JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN C oinciden en cartel varias obras del tantas veces calificado de irrepresentable Ramón María del Valle- Inclán y alguna más que se anuncia para fechas más o menos próximas. Fiesta, pues, de la palabra de insurgentes frescuras, alborozo de antiguos recovecos del idioma que brillan palpitantes sobre el escenario como peces recién pescados, apoteosis de la teatralidad descarada e imposible, descoyuntada y total. En el María Guerrero se representa Cara de Plata la primera de la trilogía de las Comedias bárbaras si nos atenemos a la cronología argumental y la última que Valle publicó (1922) cuando ya se había producido con Luces de bohemia (1920) la erupción formal del esperpento; de hecho, hay en Cara de Plata escenas- -como la de la fingida agonía del sacristán en presencia de su mujer y su hija- -que participan de la estética tragicómica del género. En el Círculo de Bellas Artes se ofrece Ligazón y La rosa de papel publicadas respectivamente en 1924 y 1926, y agrupadas en 1927 en el conjunto titulado Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte Dos formas de aproximarse a Valle. En el primero de los casos, se han subrayado algunas referencias a la Galicia rural del siglo XIX: paraguas, caballos, vacas... Y en el segundo, se ha trasladado la acción a nuestros días, a un recinto de chabolas de modernos inmigrantes tal vez rumanos. Ramón Simó ha barnizado Cara de Plata con la atmósfera épica del western, con elementos gallegos, sí, pero western, aunque todo esté ya en Valle: el conflicto entre los ganaderos y el terrateniente que no permite que las reses pasen por donde siempre lo habían hecho, las chicas del saloon, la trifulca tras la partida amañada, las galopadas, los tiros, el pulso entre el patriarca y el hijo díscolo, y el duelo final... Una ráfaga estilística acentuada por el vestuario de María Araujo y ayudada por la grandilocuente escenografía de Schübiger: un oscuro Monument Valley formado por grandes bloques móviles verticales de apariencia pizarrosa y divididos por inmensas desgarraduras, símbolo quizás de las convulsiones de esa pasión de los fuertes que embriaga a los personajes de la pieza. En esta línea de dirección de cuidado envoltorio, hay momentos del montaje confusos y desiguales en los que la tensión dramática se diluye, y otros de más vigoroso fuste, fundamentalmen- Apoteosis de la teatralidad descarada e imposible, descoyuntada y total con la programación doble de Valle- Inclán te los diversos cara a cara que contiene la función. También es irregular el capítulo interpretativo, aunque en el conjunto destacan el soberbio Cara de Plata de Jesús Noguero, un actor que tiene la apostura desafiante y pícara del mejor Gérard Philippe, y la atractiva Pichona de Lucía Quintana, arrasada por la vida y trémula de amor; Chete Lera, por su parte, imprime a Don Juan Manuel de Montenegro la aristocrática y desdeñosa arrogancia impune que requiere el personaje, y Juan Codina exprime con acierto las claves esperpénticas del sacristán. Y salto de escenario a escenario. A la hora de abordar Ligazón y La rosa de papel -bautizadas por Valle, respectivamente, como auto para siluetas y melodrama para marionetas -Juan Margallo ha recuperado la estructura de un antiguo montaje que dirigió para su grupo Uroc, aunque diluyendo en él pequeños guiños escenográficos al día de hoy que en nada disipan la rotunda valleinclanidad (permítanme el palabro) del estupendo trabajo que puede verse en el Círculo. Ambas piezas se suelen asimilar al ciclo del esperpento, esmaltadas de truculencias y pobladas por criaturas envilecidas por la miseria moral y física en que se debaten, figurillas grotescas del retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte que es la vida. Dos cortas historias muy bien enlazadas mediante un entreacto que incluye el arriesgado número de la cabra equilibrista; sortilegio de sexo y sangre la primera, necrofilia ardiente la segunda, con la avaricia como aderezo en ambos platos del menú. Los actores están bien, convincentemente sumergidos en la espesura marginal de sus personajes, con sobresaliente para la bronca prestancia de Víctor Gil en el doble envite del afilador y Simeón Julepe, la sensualidad hechicera de Olga Margallo y la mórbida Encamada de Esperanza Pedreño. Y en fin, que ¡Viva Valle!