Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 24 1 2005 Nacional 13 EL DESAFÍO DEL PLAN IBARRETXE GERMÁN YANKE LOS EXALTADOS Y EL TERROR Resulta vergonzoso e impresentable que, en la manifestación contra el terrorismo, unos cuantos exaltados agredieran al ministro de Defensa hasta obligarle, junto a Rosa Díez, a abandonar la marcha. Los insultos y amenazas, ciertamente minoritarios, no son ni el símbolo ni el fundamento de los principios con los que una sociedad democrática debe oponerse al terror. Cuando su objetivo son las autoridades legítimas y los representantes políticos, paradójicamente en este caso de entre los que se han enfrentado valientemente a la violencia y al nacionalismo, los puñetazos, igualmente condenables, se adentran en el absurdo al que puede llegar la indignación irracional. El asunto que me interesa ahora, sin embargo, es analizar hasta qué punto el Gobierno puede mostrar su malestar por este minoritario incidente, cómo puede valorarlo, qué incidencia tendrá en una estrategia que, demasiado a menudo, se basa en criterios de oportunidad, meramente tácticos, aparentemente cambiantes y, en ciertas ocasiones, contradictorios. Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que, tras estallar un coche bomba en Getxo, nada menos que cuarenta kilos de explosivos, el ministro Sevilla se refirió a estos ruidos que es una expresión que no puede interpretarse sino como un modo de quitar importancia al atentado en un ambiente en el que se quería dar la impresión de que el final de ETA, vía definitiva negociación, estaba cercano. El propio ministro añadió que era necesario que cesaran los ruidos para seguir con el diálogo. Si las agresiones de los manifestantes exaltados se valoran con más contundencia que la grave explosión podríamos preguntarnos qué criterio se utiliza para juzgar la violencia, si hay algún principio inmutable ante los disimulos tácticos de los violentos o, por el contrario, todo depende del modo en que se consideran las hipotéticas y coyunturales necesidades del Gobierno. El ministro Bono, tan injusta y lamentablemente insultado y golpeado, no quiso, al menos por las declaraciones que han trascendido, situar a sus agresores en una minoría que nada tenía que ver con los objetivos de la manifestación: En España son muy po- cos, pero allí eran muchos Y, después, una alusión a Franco, que murió hace treinta años: Desde la época de Franco, jamás había sentido en una manifestación que me podían agredir Se puede comprender su nerviosismo, su malestar y su desconcierto, pero si no ha estado desde el fallecimiento del dictador en una manifestación en la que sintiera el miedo a ser agredido es, sencillamente, porque no ha estado en alguna de las que los constitucionalistas han organizado- -y padecido- -en el País Vasco. Todo esto viene a cuento de que sería peligroso añadir a la actitud de los exaltados una lamentable valoración de los hechos, su generalización a los objetivos que contra el terror se habían propuesto los organizadores, la identificación de la solicitud de firmeza al Gobierno con el franquismo. No se quiénes eran los exaltados del sábado, pero sí que son minoría que no representa a los muchos preocupados a los que se cuenta que el Gobierno tiene abiertas líneas de intercambio de información con ETA. Y que rechazar enérgicamente sus agresiones no justifica la debilidad ante el entorno del terrorismo. Y que, siendo cierto que ser víctima no da patente de corso para imponer una determinada política, el hecho de serlo, como la memoria ejemplar del terror, les aporta una razón esencial: que si hay víctimas hay verdugos. Y el objetivo es colocar a los verdugos, a todos, a disposición de la justicia. Los presos etarras suavizan la protesta que ordena la banda por temor a sanciones Ep MADRID. Una gran mayoría de los miembros de ETA recluidos en cárceles españolas que debían participar en el segundo turno de la última movilización, ideada por la dirección de la banda, han evitado cumplir la consigna para evitar que las sanciones derivadas les impidiesen reducir su tiempo de condena. Según fuentes penitenciarias, la falta muy grave a la que se enfrentaban habría dejado a los etarras juzgados por el Código Penal de 1973 hasta seis meses sin posibilidad de restar días a su condena durante ese periodo de tiempo. El día 14 de enero comenzó el segundo turno de movilizaciones, previsto para los centros de Puerto I, Puerto II, Almería y Castellón. Sin embargo, la consigna de la dirección de ETA para que sus reclusos permaneciesen encerrados en sus celdas fue incumplida mayoritariamente. Una minoría de los presos siguió el txapeo otro grupo escaso no realizó ninguna movilización y la gran mayoría tomó la decisión de sustituir el encierro por otras medidas que no les acarreasen la falta muy grave, como negarse a recoger la bandeja de comida, que no implica sanción alguna.