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4 Opinión LUNES 24 1 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO UNIDAD CON LAS VÍCTIMAS ODOS los partidos políticos, sin excepción, han condenado los insultos y agresiones que padeció el ministro de Defensa, José Bono, mientras participaba en la manifestación convocada porlaAsociación de Víctimasdel Terrorismo. No hay estado de ánimo ni discrepancia ideológica que ampare, en grado alguno y por mínimo que sea, la ofensa sufrida por Bono. Los terroristas cotizan al alza cuando consiguenque un ciudadano pierda la capacidad para distinguir entre víctimas y culpables. No hace falta insistir en la actitud personal del ministro de Defensa frente al terrorismo y a favor de las víctimas para hacer aún más intolerable lo sucedido, porque lo importante es que las instituciones del Estado nunca deben verse empañadas por la confusión que generanelodioylaindignación. Seguiríasiendoigualmente reprochable lo sucedido cualquiera que fuera el ministro acosado. Del terror sólo son culpables los terroristas y nunca un Gobierno legítimo y democrático, por discutibles que puedan ser sus pautas políticas. La unanimidad sobre esta obviedad no resulta redundante en una sociedad que debe liberarse de la tentación de dividirse por la manipulación partidista del dolor que causa el terrorismo, como la perversión de llamar asesinos a los ministros del Gobierno, insultos que la historia reciente demuestra que no comenzaron en la tarde del sábado, pero que hay que impedir que se prolonguen un solo día más. La verdad siempre es más creíble si se apoya en la legitimidad moral de quienes la alegan. En todo caso, algunos portavoces que ayer juzgaron los incidentes del sábadodemostraron una vez mássu insolvencia política, como Llamazares, o su hipocresía, como Imaz. Porque conviene recordar que ciertos sectores de la izquierda y los nacionalismos más radicales han hechode la calle instrumento de agitación permanentey tensionado la sociedadhasta extremos insoportables para la convivencia. Fueron ellos quienes prendieron la mecha de la intolerancia, por lo que sus declaraciones de ayer son un ejemplo de sectarismo y de cinismo políticos. No se puede aceptar lecciones de quienes no tienen autoridad moral. T Los organizadores de la manifestación no asumieron debidamente la dimensión del acto, mucho más multitudinario de lo previsto, y las medidas de control fueron insuficientes, aparte de verse perjudicados por la dispersión de los representantes políticos. No obstante, sería desproporcionado diluir el éxito de la concentración por culpa del inaceptable comportamiento de lo que, en esta ocasión, sí fue una minoría. Hubo decenas de miles de ciudadanos que se manifestaron pacíficamente, incluso recriminando los excesos verbales de algún manifestante, representando perfectamente el espíritu de la convocatoria. Las condenas tajantes deben cerrar el paso a los exaltados que aprovecharon el dolor de las víctimas para encubrir su fanatismo, pero algo más habrá que hacer para frenar el proceso de división en torno a las víctimas del terrorismo. Éstas no han sido instrumentos de política partidista. Tal aserto es propio del nacionalismo vasco y de los terroristas. Las víctimas han sido la columna del nuevo Estado que está ganando al terrorismo, y así debe seguir siendo, aunque habrá que restañar los efectos de algunos movimientos tácticos profundamente equivocados, de los que ha resultado una clasificación de víctimas que antes no existía. El Gobierno sabe bien a qué razones obedece esta indeseable situación y nada mejorará si el Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo, Gregorio Peces- Barba, no rectifica radicalmente su actitud. Desde luego, si su convocatoria a las asociaciones tiene por finalidad instruirlas frente a su manipulación con fines partidistas como se ha anunciado, cometerá otro error, porque tras su incalificable ausencia en la manifestación del sábado- -más incalificable aún por las razones que esgrimió- -Peces- Barba carece de esa virtud que un filósofo del Derecho como él a buen seguro que aprecia: la auctoritas necesaria para asumir un liderazgo. Es el momento de que el Gobierno y los partidos reflexionen sobre lo que está pasando, porque lo último que debe perder una sociedad que aspira a derrotar al terrorismo es la fuerza moral de las víctimas. COMISIONES BANCARIAS L negocio bancario despierta pasiones, la última respecto a la generalización de las comisiones. Recordemosla persecución secular de la usura en el mundo cristiano, que todavía se mantiene en otras grandes culturas. En parte es normal, porque se trata de ganar dinero con el dinero ajeno. Sin embargo, es un hecho establecido en el pensamiento económico que un sistema financiero eficiente es una condición necesaria para la prosperidad. Y España tiene uno de los sistemas financieros más eficientes y competitivos del mundo. Con los últimos datos conocidos, bancos y cajas revelan haber aumentado sus ingresos por comisiones casi un 11 por ciento. El cobro por los servicios prestados ya no es algo simbólico, sino que cubre más del 50 por ciento del coste operativo y aporta una cantidad equivalente al 60 por ciento de los beneficios brutos. Las comisiones, junto con la diversificación de productos y la asesoría personal, han constituido el núcleo duro de la respuesta de las entidades financieras a la caída de tipos de interés y el estrechamiento de márgenes, el diferencial entre lo que cobran por dar un crédito y lo que pagan por captar depósitos. Como el crecimiento de las comisiones ha sido muy rápido, ha provocado la lógica inquietud entre los usuarios. Y algunas reacciones desmedidas. La experiencia española y europea demuestra que no hay mejor receta que la competencia y la transparencia. Gracias a la competencia se rompió hace años en nuestro país el status quo que impedía pagar a los ahorradores por sus depósitos, lo que, por cierto, todavía ocurría en Francia hasta que el año pasado una entidad española se atrevió a desafiarel sistema, llevándolo a los tribunales. Gracias a la competencia, España dispone de un parque de cajeros automáticos que es la envidia de Europa, como puede comprobar todo el que hayatenido la desgracia de intentar encontrar uno en Alemania. Pero el servicio no es gratis. Alguien tiene que pagarlo. Gracias también a la competencia, los clientes bancarios tienen la oportunidad de elegir entre un menú muy variado de fórmulas de pago; desde aquellos bancos que renuncian a cobrar comisiones a cambio de menores servicios, a aquellos otros que anuncian tarifa plana por servicios ilimitados o los que negocian las comisiones en función de cada cliente particular. Ningún modelo es mejor ni puede ser impuesto por decreto. Son todas estrategias legítimas que sólo el tiempo juzgará. Las asociaciones de usuarios han de insistir en que la información ofrecida por las entidades se ajuste a la realidad y en denunciar en su caso los incumplimientos, pero no pueden convertirse en un obstáculo a la modernización del sector. Porque los clientes bancarios ganan siempre con la competencia y la transparencia. E LAS AMENAZAS DE ZARQAUI L AS elecciones que se han de celebrar en Irak están señalando claramente los contornos de la formidable amenaza a la que ha de hacer frente el mundo occidental. El mensaje que difundía ayer la nebulosa de Al Qaida a través de la fantasmal voz del jordano Al Zarqaui es que la lucha del terrorismo islámico se dirige sin matices contra la libertad. Es evidente que a los fanáticos integristas no les gusta la perspectiva de que vayan a ser los chiíes quienes ocupen la mayor parte de los puestos en liza, entre otras cosas porque para esos intolerantes sectarios los seguidores de Alí son casi tan heréticos como los no musulmanes. Pero en el fondo, lo que no toleran los violentos es la perspectiva de que las elecciones asienten el principio de que los iraquíes pueden llegar a ser libres para dirigir su destino, sus gobernantes y sus leyes. Diciendo que aquellos que voten serán unos infieles no hacen más que designar lo que consideran como su enemigo. Para los terroristas islámicos, la lucha no tiene más objetivo que acabar con la libertad. Por ello, el desafío que se está produciendo en Irak no es tanto si las elecciones pueden celebrarse o no de una forma parecida a como se imaginan en un país democrático. Lo que se juega este 30 de enero es tambiénel futuro de cientos de millones de musulmanes de todo el mundo, que a estas alturas de la historia lo único que han conocido han sido gobiernos despóticos, ya fuesen medievales, coloniales o simples tiranías personalistas. Lo que se decidees si Occidente es capaz de mantener la esperanza de quienes, a pesar de la violencia, prefieren votar antes que contribuir a que el país se hunda en una devastadora guerra civil.