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80 Tribuna DOMINGO 23 1 2005 ABC N 2004 apareció en Valladolid el magnífico libro de José Guerrero Martín, Por los caminos del Quijote, y en diciembre se anunciaba que un grupo de profesores de la Universidad Complutense ha identificado el pueblo del hidalgo con Villanueva de los Infantes. Si este estudio da pruebas convincentes, ofrecerá una clave para entender la lógica del espacio y tiempo en nuestra novela. Hasta ahora, los investigadores de la geografía del libro han localizado las aventuras en los sitios más diversos, sin llegar a ningún acuerdo. El texto no ofrece apoyo para ninguna localización. La primera alusión al pueblo del hidalgo dice que está cerca del Toboso: En un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, y buscándole nombre... vino a llamarla Dulcinea del Toboso, porque era natural del Toboso (I.1) La afirmación se repite en I.13: Sancho dudaba en creer aquello de la linda Dulcinea del Toboso, porque nunca tal nombre ni tal princesa había llegado jamás a su noticia, aunque vivía tan cerca del Toboso (I.13) La cercanía de los dos pueblos explica que Alonso Quijano conociese a Aldonza Lorenzo, y cuando don Quijote le dice a Sancho que su Dulcinea es Aldonza, la hija de Lorenzo Corchuelo, Sancho la conoce y sabe que es moza de chapa, hecha y derecha, y de pelo en pecho (I.25) aunque poco después se contradice, confesando que no la ha visto en toda su vida (I.31) Don Quijote salió de su pueblo una mañana de julio y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel (I.2) El Campo de Montiel está lejos del Toboso; se trata, por tanto, de la primera inconsistencia en lo referente al espacio. El hidalgo acabó su primera jornada en una venta del camino real de Madrid a Sevilla, que el texto permite identificar con la de Puerto Lápice. Armado caballero de madrugada, se dirige de nuevo a su pueblo. Todavía no había andado mucho (I.4) cuando se enzarza en su primera aventura, librando al rochano Andrés de la paliza que le está dando su amo Juan Haldudo, vecino del Quintanar (I.4) Quintanar de la Orden no es el lugar de don Quijote- -no es paisano de Juan Haldudo- -pero es el pueblo manchego más importante en los escritos de Cervantes. Aparte de esta mención, en el último capítulo Sansón Carrasco le dice a don Quijote que ha comprado dos perros, Barcino y Butrón, a un ganadero del Quintanar (II.74) Y de allí es Antonio, uno de los principales personajes del Persiles (lib. III, c. 9) Si la venta estaba en Puerto Lápice, es imposible que al poco tiempo de salir de ella, don Quijote se encontrase cerca de Quintanar. Desde luego, los pueblos de esa zona tenían fuera de su término terrenos comunes de la Orden de Santiago, donde pastaban sus ganados; Juan Haldudo podría, por tanto, encontrarse en alguna finca de las comunes, pero el texto dice que es dueño de la finca, y cuando Pedro Alonso, vecino de don Quijote, le encuentra apaleado, están cerca de su pueblo, es decir, entre Quintanar de la Orden y la aldea del hidalgo caído. Si Cervantes pensó en un lugar concreto cuyo término linda con el Toboso y con Quintanar, E EL PUEBLO DE DON QUIJOTE CIRIACO MORÓN ALONSO Escritor tuvo que ser Miguel Esteban (Toledo) El primer pueblo desta villa derecho a do sale el sol es la villa del Toboso, que es de esta orden de Santiago, y está una legua pequeña de esta villa (Miguel Esteban, respuesta 13, en Relaciones de los pueblos de España ordenadas por Felipe II 1575- 1576 Reino de Toledo, 2 parte. Ed. C. Viñas y R. Paz, Madrid, CSIC, I (1951) II (1963) vol. II, p. 111) La aldea de don Quijote sólo tenía un cura, pero junto al cura, el otro compadre de Alonso Quijano era el barbero de su lugar, y en 1576, Miguel Esteban no tenía zapatero ni tendero ni herrero ni médico ni barbero, y para proveerse de ello van a los pueblos comarcanos que están una legua e a dos leguas (Ibíd. respuesta 34, II, 113) Es tierra que ha pocos viejos (resp. 17, II, 112) Al presente tiene 80 vecinos y 6 hidalgos con ejecutoria (resp. 40, 113) Los comunes es toda la orden de Santiago hasta el Campo de Montiel (47, II, 114) Si Miguel Esteban no tenía barbero en 1575, pudo tenerlo en los años posteriores, y desde luego la carencia de esos servicios justificaba el calificativo de aldea o lugar que recibe en la obra. Otro pueblo cercano a Quintanar y no muy lejos del Toboso es Puebla de Almoradiel, pero las Relaciones de 1576 dicen que no tenía ningún hidalgo. En la segunda salida (capítulos 7 a 52) don Quijote y Sancho dejan su pueblo una noche (I.7) y caminan tanto que al amanecer se sienten seguros de que nadie los encontrará si los buscan. Pero, si los molinos de la primera aventura (I.8) son los de Campo de Criptana, los andantes no estaban tan lejos de su pueblo. Aquí el lugar debe relacionarse con el tiempo. Hacia las 3 de la tarde del segundo día de viaje, don Quijote y Sancho descubren Puerto Lápice (I.8) y algo más abajo se da la escena de los cabreros (caps. 11- 12) que son del mismo pueblo de Marcela y Grisóstomo (I.12) El tercer día tiene lugar el entierro de Grisóstomo; esa misma tarde los andantes reciben la paliza de los yangüeses, y por la noche llegan a la venta de Juan Palomeque, a una legua del lugar de la paliza (I.15) Por tanto, han tardado 3 días completos, aunque Sancho le dice al ventero que llevan un mes buscando aventuras (I.15) En el Quijote hay dos variedades de tiempo: el que contamos con el reloj (tres días) y la sensación de una trayectoria más larga, que se le impone al lector por la cantidad y densidad de los acontecimientos narrados. Al pueblo del hidalgo se le llama en toda la obra pueblo, lugar y aldea. De ese lugar, en la primera parte sólo aparecen los protagonistas, el cura y el barbero, el ama y la sobrina de don Quijote, la mujer de Sancho y Pedro Alonso, que levanta al caballero de su primera caída. En cambio, en la segunda parte del libro encontramos al pueblo común, al estamento de hidalgos y a todo un estamento de caballeros (I.2) que en general no existía en los pueblos pequeños. Además, aparecen el bachiller Sansón Carrasco (II.2) Tomé Cecial, vecino de Sancho (II.13) Tomasillo el Travieso, hijo del herrero (II.31) Pedro el Lobo, ordenado de tonsura, que tuvo sus más y sus menos con la Minguilla, y algunas mozas alegres, complacientes con los soldados (II.52) El tendero del pueblo había sido el morisco Ricote, que tenía una hija preciosa y sincera cristiana: Ana Félix. De ella estaba enamorado un caballero mayorazgo llamado don Pedro Gregorio (II.54) La aldea tenía, por tanto, al menos un mayorazgo. Por cerca del pueblo pasa un arroyo en el que está lavando Sanchica cuando llega el mensajero de los duques (II.50) y la casa de Sancho está a la entrada del lugar (ib. El Toboso se transforma de pueblo en ciudad. Ya en I.22, don Quijote mandó a los galeotes liberados que volvieran a la ciudad del Toboso, pero en la primera parte El Toboso es lugar o aldea, mientras que la segunda es una vez pueblo (II.9) pero en general es la ciudad y la gran ciudad Ahora El Toboso está más lejos de la aldea de don Quijote y Sancho, puesto que los andantes tardan dos días completos y una noche en llegar (II.8) y desde luego, ninguno de los dos ha visto jamás a la Aldonza elevada por el amor a princesa Dulcinea. Como se ve, el lugar y el tiempo de la novela no obedecen a ningún criterio realista. En la primera parte, don Quijote se funda en alguna realidad para su fantasía: vive de la ilusión. En la segunda, vive en la alucinación; ya no se encuentra con arrieros o pastores, sino con géneros literarios convertidos en realidades sociales. Al salir del Toboso, don Quijote y Sancho toman el camino de Zaragoza (II.10) Al final del capítulo 13, después de vencer al Caballero del Bosque, volvieron a proseguir su camino de Zaragoza Se encuentran al Caballero del Verde Gabán, cuya casa se localiza tradicionalmente en Villanueva de los Infantes, cosa imposible si llevaban varias jornadas caminando del Toboso hacia el Norte. La casa del Caballero del Verde Gabán es ancha como de aldea y en el título del capítulo 18 se la llama castillo En esta casa decide don Quijote visitar la cueva de Montesinos y las lagunas de Ruidera (II. 22- 23) es decir, dar la vuelta hacia el sur. Sin embargo, inmediatamente encontramos a Maese Pedro en la Mancha de Aragón (II.25) El retablo de Maese Pedro narra historias de Zaragoza, y luego se nos explica que Ginés de Pasamonte se había marchado al reino de Aragón (II.27) Dos días después don Quijote y Sancho están en el Ebro (II.28) Claramente el autor lleva a sus lectores a Zaragoza sin atenerse a ningún criterio realista. En cambio, en Ara- gón los duques hacen que Sancho- -y los lectores de sus hazañas- -no se olviden de la Mancha. El médico del gobernador Sancho es el doctor Pedro Recio de Tirteafuera y uno de los querellantes pretende ser de Miguelturra (II.47) aunque Sancho lo duda, porque no le considera honrado (II.47) Tampoco se olvida la Mancha en Barcelona, donde actúan, además de los protagonistas, un castellano Sansón Carrasco, Ana Félix y don Pedro Gregorio. En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme... No quiero acordarme significaba para Cervantes que no podía recordar la patria chica de don Quijote, a pesar de hacer los mayores esfuerzos. En Castilla la Nueva era todavia corriente hacia 1950 la expresión no quiero como sinónima de no logro acordarme Hoy se conserva ese sentido en la expresión quiero recordar que... No quiero acordarme significa que, al escribir la historia del hidalgo que se hizo caballero andante para lograr eterno nombre y fama, el autor no puede recordar su lugar de nacimiento. La primera alusión al desconocido pueblo es, pues, un ejemplo de la ironía que penetra todo el Quijote, y es uno de los pilares de su valor como obra de arte. Este fin tuvo el ingenioso hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenerle por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero (II.74) En la última alusión, don Quijote no es de ningún lugar concreto, sino de la Mancha Cervantes se ha dejado impregnar de su personaje y de su texto, y toda la Mancha se le ha hecho paisaje del alma. Pero la Mancha de don Quijote se extiende a toda España: sederos toledanos camino de Murcia, princesas de la Alcarria y Extremadura, arrieros gallegos, el vizcaíno, los Cachopines de Laredo, moza asturiana, un lugar de las montañas de León, y por supuesto, Aragón, Cataluña y Andalucía. La pregunta por el pueblo de don Quijote sólo tiene importancia en la medida en que nos obliga a una lectura atenta de la obra. Esa lectura no nos lleva a ningún pueblo concreto, sino a toda la Mancha y a toda España, las Indias y Argel. El Quijote ofrece inmensa virtualidad turística, y es legítimo explotarla. Pero el Quijote es ante todo y sobre todo una obra clásica de arte, y estamos obligados a desplegar su virtualidad educativa. En esta dirección conviene señalar que a Cervantes no le interesó la consistencia de lugar y tiempo, que será fundamental en la novela europea desde la segunda mitad del siglo XVII. Por tanto, el realismo del Quijote no consiste en esas circunstancias superficiales, sino en otros modos de dramatizar la realidad. Ojalá los actos del centenario nos ayuden a entender ese realismo. Si repetimos que es una obra maestra y genial ¿en qué consisten su maestría y genialidad? Y si Julián Marías vio en Cervantes una clave española ¿en qué sentido un libro refleja, simboliza y construye identidad nacional? Buena ocasión para reflexionar sobre los usos del clásico por usar la expresión de Joan Ramón Resina. últimos del pasado año unos cazadores franceses mataron a tiros a la última osa autóctona que quedaba en el Pirineo. Se llamaba Canela y dejó huérfano un osezno de diez meses. Ahora el responsable del Office National de la chasse et de la faune sauvage des Pyrénées Orientales afirma que por esa zona de la cordillera merodea solitaria una pareja de lobos, un macho y una hembra. Se analizaron los excrementos de esos animales y se determinó que procedían de los Alpes italianos. Son, pues, una especie de squatters transalpinos nacidos a centenares de kilómetros de dis- A QUE VIENE EL LOBO JAVIER TOMEO Escritor tanciade donde les encontraron. Cruzaron carreteras caminos, carreteras, autopistas y vías férreas y se plantaron en la vertiente francesa de los Pirineos. Vamos a ver ahora cuál es el futuro que les espera. Puede que pasen a este lado, porque los lo- bos no entienden de fronteras ni necesitan que nadie les legalice los papeles, y puede también que sus descendientes se crucen con los lobos de este país, que por ahora viven confinados en las montañas gallegas y leonesas. Dicen también los galos -y la verdad es que sus afirmaciones nos sorprenden- -que los factores para que aumente la población de lobos en los Pirineos son favorables. Según ellos, crece la masa forestal, disminuye la presencia humana en las zonas menos accesibles, retrocede la agricultura y sobre todo, aumenta el ganado. Ahora comprendemos el poco interés que demuestran en prolongar la autovía aragonesa apenas cruza la hermosa cordillera compartida. En fin, que tengan cuidado las ingenuas Caperucitas de nuestros días, si es que todavía queda alguna, con los lobos que se encuentren por el camino.