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76 Cultura DOMINGO 23 1 2005 ABC Las ilustraciones de Broadside incluyen dibujos contra el racismo y el capitalismo, alusiones a la guerra de Vietnam o el peculiar sentido de la cultura de tipos de Oklahoma La revista Broadside fue el trampolín desde el que se lanzaron a las aguas de la canción protesta los cantautores norteamericanos de los primeros sesenta. Ahora se acaba de editar en España The best of Broadside un incunable de la música popular Raíces muy profundas TEXTO: MANUEL DE LA FUENTE Eran un par de oakies (blancos de origen muy humilde del estado norteamericano de Oklahoma) Y, además, rojos. Comunistas, por más señas. Brujas que antes de ser cazadas y llevadas a la hoguera por la CIA, el FBI o caer en las garras de McCarthy, Hoover y demás exorcistas del fascio estadounidense decidieron alejarse del terruño y poner rumbo a Nueva York, al Nueva York más o menos demócrata, más o menos kennedyano, pero siempre más abierto y europeo. El Nueva York don- de empezaba a hervir la gigantesca y suculenta olla revolucionaria y contestataria en los garitos del Village, el Nueva York donde los beat habían dejado huella, el Nueva York inquieto y liberal de 1962. Agnes Sis Cunningham y Gordon Friesen se instalaron en un piso del oeste de la Gran Manzana, un pisito que se convirtió en en el asilo artístico y personal (se habla incluso de que invitaban a zarzaparrilla y hasta a una muda limpia) de las docenas y docenas Rock y música popular, una larga tradición simultánea Aunque a este lado del Charco siempre se le llamó música moderna lo cierto es que pocos estilos han metido las manos tan hondo y tan profundo en la tierra a la búsqueda de raíces como el rock and roll. Ya en la década prodigiosa de los años sesenta, además de Bob Dylan, por supuesto, la música tradicional y popular fue imprescindible para el desarrollo de discografías como las de los Byrds, The Mamas The Papas, la Creedence Clearwater Revival, y tantos y tantos otros grupos. Durante el medio siglo que ha cumplido el rock, cíclicamente se produce esta vuelta al terruño musical, a las raíces, con resultados siempre gratificantes. Así pasó en los años 80 con el llamado Nuevo Rock Americano, con bandas tan genuinas como los Long Ryders, Green on Red, Jason and The Scorchers y Dream Syndicate, con la gente del nuevo country como Lucinda Williams, Nancy Griffith, Dwight Yoakam, Randy Travis o, de plena actualidad como el fenómeno de Steve Earle, un tipo capaz de aunar en su personalidad la herencia de Guthrie, Dylan y Springsteen a un tiempo. Incluso, hoy por hoy, en estos precisos momentos, dos de los fenómenos musicales más interesantes de la música de la Unión son el neocountry o country alternativo, como el de Wilco (que ya rindieron homenaje a Woody Guthrie hace unos años en compañía de Billy Bragg, antes de meterse en los berenjenales del country progresivo) o la llamada americana un género que no para de dar magníficas sorpresas. de jóvenes artistas que, como proclamaba Woody Guthrie, el Vladimir Lenin del folk yanqui, creían que la guitarra es una máquina que mata fascistas. Pero, además, esa casa, ese protestón nido de bohemios y demás gente no merecedora de reposar eternamente en tierra de cristianos, iba a convertirse en apenas unas semanas en la sede de la revista Broadside que daría voz, sobre todo voz, más que voto, a aquella generación tan airada políticamente como inspirada musical y líricamente. En un rudimentario magnetófono Por fortuna, aquel gigantesco y variadísimo material primario y primitivo grabado en aquel remoto local y en un rudimentario magnetófono fue recogido por la Universidad de Carolina del Norte y el Instituto Smithsonian (el Prado multidisciplinar de la cultura norteamericana, un auténtico santuario de las esencias de la joven nación de Franklin y Jefferson) y ha podido así conservarse en todo su esplendor, totalmente entrañable y llegar hasta nosotros cuatro décadas después. Incluso hasta España, donde el desconocimiento de este tipo de música, cuya influencia y significado en la historia del rock and roll es mucho mayor de lo que pudiera parecer a simple vista y a simple oído, es prácticamente total. El milagro (y éste sí que es de candeal, que nos encontramos con el pan de la protesta recién salido del horno, calentito y con toda su deliciosa miga) ha sido posible gracias a esos partisanos de la música popular que son los miembros del sello musical Resisten-