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ABC DOMINGO 23 1 2005 Cultura 75 ble. Le pedí que llamara a TVE y que no decidieran nada hasta que nos pusiéramos de acuerdo. Y nos pusimos de acuerdo, vaya. Retrasamos la película inmediatamente y en ese hueco pudimos encajar La cabina Yo sabía que iba a ser un éxito, como Tres hombres y un destino Lo que no preví nunca es que iba a faltar Agustín: eso nos ha desbaratado a todos. -En la España de los planes de desarrollo se convierte en el padrino de la gran familia de la mesa camilla... -Hice tres, cuatro películas de la saga, una última que luego pasaron por televisión, pero que no estaba tan agraciada como las otras. La primera película es carismática: la siguen viendo los niños de hoy. Todavía estoy ejerciendo de padrino. Aunque no tengo má que un ahijado, porque nunca he podido: no he tenido tiempo para nada. -Su familia ha sido esencial. -Para mí es muy importante, lo que pasa es que no me he podido ocupar de ella y me ha salido mal. Siempre que he intentado hacer o formar una familia no me ha salido bien. No sé por qué. ¿Tal vez porque es un lobo estepario o un lobo solitario? -Un lobo trabajador más que solitario, diría. No he hecho más que trabajar. Soy un animal cinematográfico. -Hábleme de sus directores. -Me he llevado bien con todos y no quiero hacer distingos. He trabajado mucho con Luis García Berlanga, naturalmente, con el que estaba muy identificado y nos entendíamos muy bien, como con Pedro Olea, Mariano Ozores, Pedro Masó, José María Forqué... Hasta con Luis Lucia, que tenía muy mala fama de hombre intransigente y muy irascible, pero para nada: conmigo estuvo encantador siempre. Y también me pasó lo mismo con Alberto Closas: hemos estado muchos años juntos haciendo cine, como una gran familia. ¿La vida le ha sido justa? -Yo creo que ha sido justísima. Me considero un ser privilegiado en todos los aspectos, sencilla y humildemente. No nado en la opulencia, pero he vivido, y sigo, con el esfuerzo diario. ¿Por qué no se hacen obras maestras como Atraco a las tres ¿Dónde están los manolos alexandres gracitas morales agustines gonzález alfredos landas cassenes lópez vázquezes de hoy? -Antes se hacían unas películas que empezaban y tenían interés desde el principio hasta el fin. Era esa época de Atraco a las tres Un millón en la basura Casi un caballero Con Forqué he trabajado mucho y he sido su ayudante antes de empezar mi carrera como intérprete: fui director artístico, decorador, diseñador de vestuario y me gustaba mucho esa vida. ¿Ha perdido usted afición al cine? -Mucha, porque hoy se hace un cine muy raro que no entiendo; muy nebuloso. Y muy poco iluminado. Antes ibas al cine y veías un escenario iluminado, las caras estaban perfectas; ahora todo está entre tinieblas y es muy telúrico. Cuando lo pasan por televisión, la apago porque me cansa. Muchas veces no entiendo ese cine, porque hablan muy deprisa. -Cuando un amigo se va, la crítica lo tilda de secundario de lujo (Ciges, González... ¿No le molesta que le encasillen como sencundario de lujo? -He hecho muchas cosas de secundario, pero cuando me toca ser protagonista intento que salga bien. Hay un menoscabo hacia el secundario, pero los hay buenísimos: Agustín alguna vez ha protagonizado, pero generalmente lo que hacíamos eran películas corales, con Berlanga sobre todo. Ahí no hay protagonistas principales. Éramos un cuadro asombroso. Antes había un cuadro escénico secundario fabuloso, entre ellos, Pepe Isbert, José Orjas don Felipe, el director del banco en Atraco a las tres Manolo Morán... ¿En qué distancia se siente más cómodo: en el drama o en la comedia? -Yo prefiero la comedia, aunque me ha resultado bien hacer tragedias y dramas. Al público hay que brindarle la sonrisa, hay que sacarle la sonrisa y que se divierta. A mí me parece que la vida tiene que ser así. Y yo, muchas veces, los halagos que recibo son así: Mire, me dicen, le agradezco lo bien que me lo ha hecho pasar en la vida Y eso es fundamental, imposible de pagar, ni con dinero ni con nada. Es mejor, ¿no? ¿No se cansa de pisar tablas? le he cogido afición, soy un vicioso de esto. Vicioso de las tablas y de lo que sea. Ahora ya no, no me gusta ese cine. No hay los medios de antes. Y es que cuando se trabaja, se requiere un determinado confort, unas consideraciones. Como decía Miura, Chamartín no es Hollywood. ¿Ha cambiado la sociedad? -Muchísimo. Noto que hay una falta grande de urbanidad, de respeto, se tiene menos devoción por las cosas. Puede que haya un grupo de gente joven que sueñe y que tenga ilusiones y todo eso, pero nosotros procedíamos de otra manera. Había un respeto, había una clasificación de cosas y ahora no. ¿Se lamenta de algo? -Lamento no haber seguido con Saura por un problema con la censura y luego resulta que cuando le dieron luz verde yo ya estaba comprometido. Y no hubo manera. Era una cosa con Geraldine Chaplin, tal vez Elisa vida mía Tuve el guión en las manos y me dijo Saura: Oye, no estudies, porque me lo ha tirado abajo la censura El productor de la nueva película no quiso retrasar el rodaje: lo tenía ya todo cuadriculado y no hubo manera. ¿Era difícil sortear a la censura? -A nosotros llegaba la censura porque estábamos involucrados en el texto y si la censura decía que no, estábamos fuera. El productor luchaba, se desesperaba, sufría y le perjudicaban. ¿Nunca le apeteció dirigir? -No me he querido comprometer en ello, porque yo soy muy perfeccionista y muy exigente y temía que lo iba a pasar mal. Iba a pedir cosas que no me podían dar, a lo mejor, o que no habría presupuesto y, ya entonces, cuando uno va restringido de cosas y no tiene libertad para hacer algo... ¿A quién dedicará el Goya? ¡Hombre! no se lo voy a decir, porque si no descubrimos el pastel. Lo comparto. A mí me gusta compatirlo todo. ¿Y para cuándo el Oscar? -No he aspirado nunca. No se puede aspirar a un Óscar de Lavapiés.