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ABC DOMINGO 23 1 2005 Los domingos 65 Los soldados estadounidenses REUTERS cuelgan carteles en Mosul, al norte de Irak, para animar a la participación en las próximas elecciones do por Ibrahim Yaafari, debilitado y un tanto dividido después de que se aviniera a colaborar con las nuevas autoridades. Los principales líderes de estas dos formaciones han vivido durante décadas en Irán. El primer ministro interino, Iyad Alaui, intenta contrarrestar su influencia enarbolando la supuesta amenaza iraní Pero los representantes de estos partidos insisten en que no tienen el menor interés en crear una república islámica que copie el actual modelo iraní. En todo caso, estarían más bien vinculados con los reformistas iraníes. Defienden la sharia (ley islámica) pero reafirman que no hay el menor fundamentalismo religioso entre sus planes. De protegido de Bush a aliado chií A la Alianza se ha sumado un insólito socio, este sí, laico, aunque controvertido: el antiguo protegido del Pentágono, Ahmed Chalabi, y su Congreso Nacional Iraquí, que se unió a los partidos religiosos chiíes tras ser acusado por la Administración norteamericana de espiar para Irán. Chalabi cuenta con una buena chequera y una poderosa red de jefes tribales aliados nada desdeñables a la hora de cosechar votos. Aunque los chiíes hayan sido discriminados durante siglos y perseguidos durante la dictadura de Sadam, tampoco ellos quieren tropas extranjeras. Lo más probable es que una de sus primeras iniciativas sea la reclamación de un calendario de salida del Ejército norteamericano y aliados. En el campo chií hay un rebelde el clérigo antinorteamericano Moqtada al Sadr, que en teoría no se presenta a las elecciones, pero que mantiene una inmensa influencia entre las masas de chiíes desheredados y más castigados por el antiguo régimen. Aunque Sadr sostenga que no tiene la intención de participar en unas elecciones bajo ocupación militar norteamericana, lo cierto también es que varios de sus asociados y lugartenientes concurren en la Alianza Iraquí Unida o alguna otra formación de por libre. Sadr va a seguir conservando una importante influencia. Y no sólo en los deprimidos arrabales de las grandes ciudades chiíes. También sabrá hacerse oír en la próxima Asamblea. Él sí está bastante más claramente vinculado con algunos de los duros del régimen iraní, y él sí que aboga por la retirada inmediata de las tropas norteamericanas y la creación de una sociedad profundamente islamista. Organizaciones suníes, preparadas para el boicot. Los más influyentes partidos y organizaciones suníes rehusan presentarse a esta cita electoral. El Partido Islámico formó parte del Consejo de Gobierno iraquí implantado tras la entrada de las tropas norteamericanas. Hubo un tiempo en el que las principales esperanzas de que los suníes tuviesen una presencia apreciable en los comicios se centraban en la participación de ese partido. Pero se sumó al boicot tras el asalto norteamericano de Faluya. Llegó a afirmar que podría participar si se retrasaban las elecciones y se facilitaba una mayor participación suní. Pero los partidos chiíes no querían oír hablar de más retrasos. Aunque en algún momento llegó a parecer que el Partido Islámico podría ser la esperanza suní para el nuevo régimen, la realidad es que ésta no es exactamente una organización prooccidental y ni mucho menos pronorteamericana. Sus señas de identidad están más bien con los islamistas Hermanos Musulmanes. Una organización suní muy influyente es la Asociación de Clérigos Musulmanes, que agrupa a los principales religiosos en territorio suní. No están integrados orgánicamente en la resistencia, pero conectan con ellos y apoyan su feroz lucha contra la presencia norteamericana. Proclaman que no puede haber elecciones bajo ocupación militar extranjera y pregonan el boicot de las mismas. Pese a sus contundentes tomas de posición, incluso Estados Unidos comprende que se trata de una organización muy influyente con la que habría que tratar si se quiere integrar a la población suní. Así lo dio a entender la Embajada norteamericana cuando envió recientemente a un emisario a entrevistarse con la Asociación. Nadie se atreve a decirlo en voz muy alta, pero en buena medida la ausencia de partidos políticos suníes fuertes y representativos se debe también a la prohibición del Baas, antiguo partido único del régimen de Sadam, que no es ni mucho menos un arqueológico recuerdo político. El actual presidente interino iraquí, Ghazi al Yawar, es suní y representa la principal baza para atraer a las urnas El primer ministro interino, Iyad Alaui, es chií, pero laico, y su partido tiene ambiciones nacionales, por encima de fidelidades étnicas y religiosas La Alianza Iraquí Unida, chií, está formada por dos grandes partidos políticos de inspiración religiosa, uno de ellos liderado por Abdel Aziz Hakim En el campo chií hay un rebelde el clérigo antinorteamericano Moqtada al Sadr, que mantiene una gran influencia entre las masas de chiíes desheredados a este sector de la sociedad, que supone un 20 por ciento de la población total. No cuenta con un partido más o menos articulado, pero tiene una gran influencia como jefe de una de las más importantes tribus iraquíes. Pese a su participación en el Gobierno y su formación académica en Estados Unidos, ha logrado mantenerse a cierta distan- cia del Gobierno de Alaui y de algunas de sus más controvertidas decisiones, como el asalto de Faluya. Partidos kurdos. El Kurdistán iraquí es uno de los pocos sitios en los que sí están claras las elecciones. La previsión es que todo el mundo irá a votar allí, y que lo harán por uno de los dos grandes partidos que, desde hace décadas, mantienen el control de la vida política local. El Partido Democrático de Kurdistán (PDK) de Masud Barzani y la Unión Patriótica de Kurdistán (PUK) de Jalal Talabani. Desde la entrada norteamericana en Irak ambas organizaciones se mantienen unidas, y unidas piensan seguir en la convocatoria electoral y en la próxima Asamblea que elaborará la nueva Constitución. Su objetivo es la preservación de un Irak federal en el que conserven su actual autonomía Niegan que quieran independizarse, aunque el resto de partidos no pierden la sospecha. Insisten en mantener el poder de veto que les otorga la actual Constitución provisional frente a la oposición de los partidos chiíes, que temen la creación de un Irak libanizado Alaui y la promesa de mano dura. El actual primer ministro, Iyad Alaui, cuenta con el sostén del Acuerdo Nacional Iraquí, partido formado en gran parte por antiguos militares, funcionarios del viejo régimen y hombres del Baas desengañados o reconvertidos a la oposición, que se pasaron la vida conspirando contra Sadam con escaso éxito, ya que sólo pudieron llegar al poder de la mano de la intervención militar norteamericana. Su lema electoral es Orden y Libertad lo que en términos iraquíes significa mucha mano dura con la insurgencia y buenas relaciones con Estados Unidos. Alaui es chií, pero laico, y su partido es el único de los fuertes que se presenta con ambiciones nacionales, por encima de fidelidades étnicas y religiosas. Cuenta a su favor con la Televisión, la Radio estatal y los periódicos adictos al régimen. Pero no está nada claro cuál sería su apoyo popular en las urnas. Uno de sus representantes llegó a asegurar que un sondeo electoral les presenta como segunda fuerza política a escasa distancia de la coalición de partidos chiíes. Lo de sondeo electoral en las actuales condiciones, suena de lo más insólito. En las calles de Bagdad tampoco es muy habitual encontrar a quien proclame en voz muy alta su incondicional apoyo a Alaui. Las minorías. Las minorías cristianas y turcomanas han vivido durante siglos muy bien integradas en Mesopotamia. Pero corren malos tiempos para las minorías en la espiral de fanatismo y violencia que sacude al país. Miles de cristianos han abandonado ya Irak. Con todo, los que quedan ya han organizado sus partidos y asociaciones con el objetivo de preservar una supervivencia cada día más conflictiva. De minoría también podría calificarse al Partido Comunista Iraquí, que es en realidad el único partido con fundadas bases ideológicas y por encima de verdad de lealtades étnicas, tribales o religiosas. Pero es un partido minoritario, casi testimonial. Sadam los persiguió sin clemencia después de haberse servido de ellos. Jamás llegaron a recuperarse.