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46 Madrid DOMINGO 23 1 2005 ABC MADRID UNA Y MEDIA ILUSIÓN JESÚS HIGUERAS ESTEBAN U na de las características de la fe es la ilusión, algo que podemos comprobar de un modo claro en la escena evangélica que contemplamos este Domingo, cuando Jesús llama a Simón, Andrés, Juan y Santiago, mientras estos realizaban su trabajo profesional. Ellos dejaron las redes y le siguieron. El Evangelio subraya la inmediatez de este acto, porque algo debieron de ver en Jesús que les atrajo con tal fuerza, que todo en el mundo les parecía poco valioso comparado con el seguir a Jesús. No pensemos que este Evangelio es para vocaciones específicas, como los sacerdotes y las religiosas, sino que estusiasmarse con el Señor es propio de todo cristiano que ha tenido un encuentro verdadero con Él. Jesús es la fuente de nuestra ilusión, el que pone color a nuestra vida. Solamente desde Dios podemos encontrar sentido a las cosas y hacer que estas cada vez nos gusten más. Ilusionarse con Jesús no es desentenderse del mundo, sino precisamente implicarse en las cosas del mundo, darles más valor, más profundidad; y todo vivido con un corazón limpio de la mano de Jesús. Una vez más Dios se presenta en el Evangelio como luz que ilumina en las sombras. La tierra de Zabulón y la de Naftalí recibieron una gran luz, y es eso lo que supone Dios en nuestra vida, un foco grandísimo de luz. Precisamente el proceso de la fe es dejarnos iluminar por Dios, y a la vez nosotros ser transparencia de esa luz para los demás. ¡Qué lejos debe estar un cristiano de ser una persona rutinaria! ¡Cuánta novedad aporta Dios en la vida de los que creen en Él! Muchas veces vemos nuestras asambleas eucarísticas y la gente que se queja de que son monótonas, que las personas están como frías, distantes, como si el practicar las verdades de fe fueran una obligación aburrida y pesada; y nada más lejos de la realidad. En este domingo podríamos pedirle al Señor que nos concediera un entusiasmo especial. Se celebra en España la jornada de la infancia misionera y es propio de los niños soñar, ilusionarse con las cosas, especialmente con las más sencillas. Por eso, Jesús insistía muchas veces que teníamos que volver a ser como niños pequeños para poder entender y entrar en ese Reino de los Cielos que está tan cerca de nosotros, porque está dentro de nosotros. ¡Señor, dame un corazón de niño! Dame un corazón que tenga capacidad de ilusionarse, que nunca se meta en mi vida el aburrimiento, sino que intente seguirte como te siguieron los apóstoles. DIMES Y DIRETES MARGARITA RETUERTO DEFENSORA DEL PACIENTE LUZ Y TAQUÍGRAFOS PARA RECLAMACIONES SANITARIAS Todas las reclamaciones que han llegado a esta oficina han sido investigadas con rigor, para sacar unos datos concluyentes sobre la situación de la sanidad madrileña E l rigor es un elemento imprescindible para tratar la información sanitaria. Recientemente, una asociación privada ha hecho público que Madrid es la comunidad con mayor número de reclamaciones, más de 3.000, por mala praxis profesional. Esos datos no coinciden con los datos científicos y rigurosos que nosotros tenemos ¿de dónde salen esas cifras y cómo se han manejado? En mi opinión, esas cifras reflejan una perversa utilización de la información y total falta de transparencia. Si lo que se persigue es informar a la sociedad, la noticia no puede expresar una denuncia a secas, sin datos contrastados. Debería diferenciar, claramente, los errores y si estos son excusables o no, de las negligencias sanitarias propiamente dichas, en el caso de que la falta de atención y profesionalidad quede manifiesta. Jurídicamente, un error no siempre lleva consigo culpabilidad pero sí puede generar otro tipo de responsabilidad, y obliga a dar información. Otra cues- tión importante en caso de negligencia sería si ésta ha provocado lesiones, si las secuelas han sido invalidantes, o si han producido un desenlace fatal. Y sobre todo, ¿cuántos de estos expedientes se han denunciado a los Tribunales de Justicia y en cuántos de ellos se ha conseguido un fallo favorable? Sinceramente, pienso que no son datos fiables, que siembran la confusión y que sólo sirven para ampliar una cuota interesada de mercado sin conseguir mayor seguridad para los pacientes. ¿Qué se pretende entonces, además de provocar crispación y desánimo en el sector? La misión de la Oficina del Defensor del Paciente de la Comunidad es valorar la calidad de los servicios percibida por los ciudadanos, favoreciendo la participación de estos en el sistema sanitario. El principal objetivo es, por tanto, la detección de los errores y deficiencias del sistema para ponerlo en conocimiento de la Administración Sanitaria, además de proponer las medidas oportunas para su so- lución. Sólo así puede ésta establecer los mecanismos necesarios para mejorar el sistema. En cualquier caso, lo que se nos exige, y nos exigimos, es el rigor, tanto en el análisis individual de cada reclamación que nos llega, como en el estudio global de todas ellas y las recomendaciones al efecto, reflejado en nuestra memoria anual de actividades. Mi experiencia jurídica me lleva a poder afirmar que la gestión del error no debe basarse sólo en mecanismos de defensa y denuncia, sino en un método científico de detección del error y de propuestas explicativas y de procedimientos preventivos. Hemos de abandonar el concepto anglosajón, ya arraigado, de buscar el máximo beneficio económico o político, a través de la difusión del error, y plantearnos éste no sólo como una cuestión legal sino como una cuestión ética y de trabajo en común de las partes implicadas. Así, durante 2004, esta Oficina constató un aumento general de reclamaciones de un 60 De casi 2.000 expedientes abiertos, sólo un 8 se ha debido a la práctica asistencial, y el porcentaje no ha aumentado respecto a años anteriores. Aunque pudiera parecer éste un dato poco llamativo respecto a otras reclamaciones, sí es importante cualitativamente por el factor personal y humano que lleva consigo. Por ello, hemos informado a las autoridades sanitarias, destacando su importancia y la necesidad de formar e informar a los profesionales sobre la prevención de la mala praxis. Todos sabemos que en Madrid existe un problema de masificación por el constante incremento de la población, pero desde luego debemos descartar que exista un problema de seguridad de los pacientes por la mala calidad de la asistencia o la formación de los profesionales. Puedo asegurar que todas las reclamaciones que han llegado a esta Oficina han sido investigadas y procesadas con el máximo rigor para poder sacar unos datos concluyentes de la situación de la sanidad madrileña actual.