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38 Internacional DOMINGO 23 1 2005 ABC Stanley Fischer GOBERNADOR DEL BANCO DE ISRAEL LA SEMANA INTERNACIONAL El nuevo gestor de la economía israelí es un experto profesor estadounidense judío. Sionista convencido, ha ocupado puestos en el FMI y el Banco Mundial ELECCIONES EN EL INFIERNO La legislativas iraquíes del día 30 son un mínimo resquicio de esperanza, pero también un escenario donde librar otra importante batalla de este largo conflicto MIGUEL SALVATIERRA El americano que sólo quiere hablar hebreo POR J. CIERCO CORRESPONSAL JERUSALÉN. Dos mil judíos norteamericanos emigraron a Israel desde los Estados Unidos en 2004. Se espera, que en el año que acabamos de comenzar, esta cifra se supere de manera considerable. Sean los que sean a la postre los que hagan su aliyah palabra hebrea que significa ascensión que es como se describe el regreso de los judíos de la diáspora, Stanley Fischer, 62 años de edad, nuevo gobernador del Banco de Israel, profesor de macroeconomía de la Universidad de Chicago; directivo durante años del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, actual vicepresidente del Citygroup, encabezará todas las listas. La apuesta personal del ministro de Finanzas, Benjamín Netanyahu, ha salido cara y ha recibido el beneplácito de Ariel Sharón. Y eso que no han faltado críticas al nombramiento. Es un extranjero no es uno de los nuestros es un golpe muy duro para los economistas israelíes Las críticas, lideradas por destacados profesores y expertos de casa, como Ariel Rubinstein, han sembrado de discordia los diarios hebreos a lo largo de las últimas dos semanas. Sin embargo, ninguna ha hecho mella en los políticos que han tomado la decisión ni en Stanley Fischer que, pese a hablar hebreo sin problemas y haber leído sin traductor todos esos comentarios, ha apostado por dar el paso al frente. Para ello ha contado con la protección del escudo diseñado a su medida por la Comisión Baj que ha sentenciado, tras entrevistar a Sharón y a Netanyahu entre otros, que no existe problema legal alguno en que el nuevo gobernador del Banco de Israel no sea israelí. A comienzos de esta semana, cuando voló a Israel para entrevistarse con el primer ministro Sharón y con el presidente del Estado, Moshé Katsav, además de con los responsables económicos y financieros del país, Fischer fue rotundo ante los pe- ABC riodistas: No me hagan una sola pregunta en inglés, sólo hablaré en hebreo No es la primera vez que Stanley Fischer colabora con el Gobierno de Israel. En 1985, en la sombra, asesoró al Ejecutivo de Unidad Nacional que al llegar al poder se encontró con una inflación heredada del 445 por ciento. En poco más de un año, logró rebajar esa tasa hasta el 10 por ciento. Pese a tener la nacionalidad de EE. UU. Fischer, el extranjero que gestionará la economía israelí ha estado siempre en contacto con este país. Traba- El veterano economista cree que la mejor solución para las cuentas israelíes es abandonar el estado de guerra jó en un kibbutz (granja colectiva) durante su juventud, ha viajado en innumerables ocasiones a Tel Aviv y Jerusalén, y ha presumido de sionismo allá donde se ha dejado ver. Las recetas económicas del Gobierno de Sharón y Netanyahu apuestan por la liberalización casi extrema, lo que coincide con la visión privilegiada del nuevo gobernador. Bibi quiere privatizar todo lo privatizable (las líneas aéreas El Al; el Banco Leumi; el monopolio de comunicaciones Bezeq) y Stanely Fischer no le va a llevar en este caso la contraria. En otros, quizás sí. Y es que el veterano economista cree que la mejor solución para que la economía israelí crezca durante años de manera sostenida pasa por abandonar el estado de guerra en el que vive desde hace décadas. Es decir, y entre otras cosas ahora que se habla del plan de evacuación de Gaza, en poner fin a la ocupación. Palabra de mago y de pionero. El próximo domingo se celebran elecciones en Irak en medio de una gran incertidumbre y un profundo temor a que la violencia se convierta en el verdadero protagonista de la jornada. Marcar a sangre y fuego el día 30 de enero y los días que le anteceden es un objetivo declarado de los radicales islámicos. Las medidas de seguridad y el despliegue de las fuerzas de seguridad estadounidenses e iraquíes van a ser máximos, pero en el infierno que se ha convertido Irak, nadie puede garantizar que en estos días no se produzca un golpe espectacular con una matanza salvaje o un secuestro masivo. En teoría, los principales beneficiados de los comicios serán chiíes y kurdos frente a los suníes que ya han avanzado su boicot. Sin embargo, todos saben que esa futura y muy hipotética paz o estabilidad del país pasa de forma forzosa por un acuerdo con los suníes. Un mínimo acuerdo entre suníes y chiíes aparece hoy casi inalcanzable, pero constituye el primer paso para intentar estabilizar el país. La disyuntiva es muy clara: o las fuerzas iraquíes son capaces en algún momento de desmarcarse de la imparable escalada de violencia que sacude el país o la guerra civil está servida. Los responsables de Washington esperan que las elecciones puedan aportar algún elemento que desbloquee este torbellino de horror, aunque nadie se hace ilusión alguna. Para la nueva Administración Bush existe además el peligro de que un nuevo Gobierno iraquí, en mayor o menor medida legitimado por las urnas, pida la salida de sus tropas y contribuya a desbaratar el guión que un día se trazaran los pensadores neocon para llevar la democracia a Oriente Próximo. Pese a que una gran mayoría de analistas atribuye la inexistencia de una estrategia clara de la Administración Bush ante el conflicto, el número dos del Pentágono, Paul Wolfowitz, insistía esta semana en que los planes militares contra la insurgencia estaban dando sus frutos y que buena prueba de ello era el creciente número de iraquíes abatidos. Cierto o no, la realidad es que la inseguridad se ha extendido como una mancha de aceite por todo el territorio iraquí y que las carreteras más vigiladas, se han convertido en el gran reto de la guerrilla, precisamente por saber que ahí están localizados sus principales objetivos. Quizá el Pentágono debía tener en cuenta la máxima de Napoleón de que un Ejército a la defensiva está condenado a la derrota. Igual de incuestionable es que la presencia de las tropas estadounidenses bloquea toda especulación política. Los radicales islámicos ven Irak como la primera línea de confrontación contra el Gran Satán americano, la quintaesencia de lo más odiado de Occidente. La Administración Bush, por su parte, considera el conflicto como el gran pulso del terrorismo internacional contra el mundo libre. En este terrorífico escenario en que ninguna de las dos fuerzas enfrentadas da señales claras de ceder o ganar, las elecciones son un mínimo resquicio de esperanza, pero también un escenario donde librar otra importante batalla de este largo conflicto.