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30 DOMINGO 23 1 2005 ABC Internacional Los grupos radicales palestinos sólo aceptarán una tregua si también obliga a Israel El presidente de la ANP, Abbas, negocia en Gaza una plataforma política de unidad nacional b Hamás y el Yihad Islámico coin- ciden en sus exigencias: el fin de las operaciones y de los asesinatos selectivos de Israel y la liberación de los presos JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Suele ser enero mes tradicional de rebajas en las grandes superficies comerciales. Casi todo puede comprarse a mitad de precio. Incluso más barato. Pero en esta superficie, grande, densa, castigada, abandonada a su suerte que es Gaza, no existen rebajas, nada se compra o se vende sin esfuerzo, sin tozudo regateo, sin discutir hasta el último dólar. Sólo la muerte, siempre de saldo en la Franja mediterránea, escapa a esa regla de consumo tan macabro. Las negociaciones, el diálogo, el tira y afloja, el regateo que protagonizan desde hace seis días en Gaza el nuevo presidente palestino, Mahmud Abbas, y los grupos armados radicales no se han cerrado todavía. Las perspectivas son optimistas. Las filtraciones son positivas. Las esperanzas e ilusiones se han disparado, no así las armas, que llevan varios días en silencio, toda una novedad en esta región de odio y muerte. Pero nada de lo que se acuerde, se negocie, se pacte, saldrá gratis. No habrá rebajas que valgan, no habrá productos ni compromisos a mitad de precio. Y eso lo dejan claro, cada uno desde su particular almacén, todos y cada uno de los grupos palestinos empeñados desde hace años en resistir la ocupación israelí. Las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa (el brazo armado de Al Fatah, partido de Abbas) el FPLP y el FDLP han sido los primeros en hablar, que no en sentenciar. Sus portavoces se han manifestado, algunos tan enmascarados como cualquier tregua cogida siempre con alfileres, a favor de un alto el fuego, tal y como les pide Abbas. Pero los tres grupos en cuestión, como también Hamás y el Yihad Islámico, los más duros de pelar, exigen contrapartidas por parte de Israel. El alto el fuego, en resumen, debe ser mutuo. Miembros de los Mártires de Al Aqsa ayer, tras hablar con la prensa en Gaza los asesinatos selectivos No es posible, en opinión de los portavoces islamistas, hablar de tregua cuando nuestros dirigentes son objetivo de Israel Los palestinos de la calle deben sentir en primera persona una sustancial mejoría en su calidad de vida y por ello exigen el levantamiento de los controles militares en las carreteras para que recuperen su libertad de movi- AP Los cinco grupos armados palestinos negocian la tregua con el sucesor de Arafat, pero advierten que será Sharón quien tendrá que pagar el precio Otra vez El Cairo J. C. JERUSALÉN. Salvo que Mahmud Abbas, alias Abu Mazen, corrija en solitario el guión escrito mano a mano con Hosni Mubarak, la posible tregua que anuncien los grupos radicales palestinos, con Hamás y el Yihad Islámico a la cabeza, no saldrá de Gaza en las próximas horas sino de Egipto, más en concreto de El Cairo, en los próximos días. Hasta allí se desplazarán en breve representantes cualifica- Nada será gratis Estas son las condiciones de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, del FPLP, del FDLP, y también de Hamás y del Yihad Islámico, que siguen negociando con el nuevo presidente de la ANP. Israel debe poner fin a sus operaciones militares de castigo en los Territorios Ocupados y debe hacerlo ya. Sharón tiene que ordenar a su Ejército y agentes de Inteligencia que congelen dos de la Autoridad Nacional Palestina, que se reunirán con la dirección de Hamás y de otros movimientos palestinos en el extranjero. Todos con la colaboración, mediación, presión y supervisión de los servicios de seguridad e Inteligencia egipcios. Otra vez El Cairo, donde se negoció hace poco menos de dos años, otra tregua, la del Nilo, que se pactó con éxito; eso sí, como todas salió de allí cogida con alfileres, pero duró menos que un cordero en cualquier capital musulmana el día de la Fiesta del Sacrificio. Treguas al margen, son las cuestiones políticas las que determinarán el éxito o el fracaso de cualquier estrategia en materia de seguridad. Si no se va al fondo del asunto, la forma saltará una vez más hecha añicos y la vida de millones de palestinos e israelíes se verá, otra vez, amenazada. Como lo ha estado desde hace décadas. mientos. El Tsahal debe retirarse a sus posiciones anteriores al estallido de la Intifada de Al Aqsa en septiembre de 2000. Y, por último, miles de prisioneros palestinos encarcelados en Israel (la mayoría de ellos sin haber sido nunca juzgados ni siquiera acusados formalmente) tienen que ser puestos en libertad. La pelota, pues, en el tejado del rancho de Los Sicamores que Sharón posee en el desierto del Neguev. Si Mahmud Abbas cierra un acuerdo con sus interlocutores de las facciones radicales palestinas, será el primer ministro israelí el que tenga que decidir si está dispuesto o no a pagar ese precio que le exigirán desde Gaza y Cisjordania. De no ser mutua, la tregua no será declarada. Israel lo sabe, pero hasta la fecha siempre ha negado sumarse a cualquier juego de alto el fuego, tregua o hudna como quiera llamarse. Tel Aviv considera que ese arreglo no sería más que un parche temporal que acabaría por descoserse. Lo que le exige a Abbas es desmantelar los grupos terroristas y confiscar sus armas Pese al tsunami de euforia que algunos jalean sobre el terreno o en la distancia, no conviene confiarse. Periodos de mayor optimismo se han vivido en el pasado y nunca como ahora se ha enterrado a tantos muertos en los abarrotados cementerios.