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24 Nacional DOMINGO 23 1 2005 ABC Don Juan Carlos, en los nueve meses de Gobierno socialista, ha visto multiplicado su papel diplomático para deshacer entuertos -con Bush en Crawford o impulsando la nueva era con Marruecos- La sintonía con Zapatero ha influido en ello tanto como la necesidad política Diplomacia coronada POR GONZALO LÓPEZ ALBA MADRID. Una voz remotamente familiar, pero de un registro desconocido, desconcierta a José Luis Rodríguez Zapatero cuando atiende la llamada a su teléfono móvil. No es la voz de Don Juan Carlos, pero es Su Majestad quien, haciendo gala del carácter campechano y guasón que tanto ha contribuido a acercar la Monarquía al pueblo, intenta desde su propio móvil gastarle una chanza al presidente del Gobierno. La anécdota, que se ha repetido en más de una ocasión, no es el reflejo de una actitud frívola sino prueba de una sintonía que- -en menos de un año- -acumula ya un largo repertorio de manifestaciones de complicidad, tanto personales como políticas- -o políticas como personales- aunque en su inmensa mayoría permanecen sometidas a la guardia y custodia del dios del silencio. Tal es el celo con el que Harpócrates se aplica a esta causa, que sus respectivos colaboradores aseguran que entre Don Juan Carlos y Zapatero es más frecuente el uso del móvil que el del teléfono azul ordinario. Si por algo sorprende la fluidez de la relación entre el Jefe del Estado y el presidente del Gobierno es por contraste con la etapa inmediatamente anterior, en la que, aunque se les puso sordina, hubo variados desencuentros entre Moncloa y Zarzuela, siendo el más palmario la inauguración por José María Aznar de la embajada en Washington, acto tradicionalmente reservado al Rey por tratarse de suelo español en territorio extranjero. Fue Felipe González el primero en levantar la voz contra la marginación y en ocasiones, hasta suplantación de Su Majestad el Rey como jefe del Estado durante el mandato de Aznar. Pero como aquella etapa coincidió con la de mayor descrédito de un González verbalmente desatado, las denuncias del expresidente del Gobierno no trascendieron los circuitos enterados y, cuando lo hicieron, se atribuyó a un ánimo despechado contra su sucesor al frente del Ejecutivo. El Rey, con Mohamed VI durante su reciente visita oficial a Marruecos a ver cuándo veo una bandera monárquica Que respetara y preservara el papel de la Corona fue uno de los innumerables consejos que, en el horizonte de que algún día pudiera gobernar España, recibió Zapatero de González- -cuya relación con Don Juan Carlos fue calificada de exquisita incluso por los monárquicos más ortodoxos y que ha seguido manteniendo despachos con el Monarca después de dejar el cargo, aunque nunca han trascendido- Pero era ésta una recomendación innecesaria para alguien que profesa fe inquebrantable en las instituciones del Estado democrático. Recuperar y relanzar al máximo el papel de la Familia Real como los mejores embajadores de España con Don Juan Carlos al frente, era una idea clara de Zapatero desde mucho antes de acceder a la presidencia del Gobierno. El líder socialista tenía claro que debía potenciar la figura del Rey, por respeto a su función institucional y en interés del país Así lo comprome- EFE tió en el ecuador de la campaña electoral que le llevó a La Moncloa y así se lo confirmó personalmente a Su Majestad cuando, el 20 de abril de 2004, celebraron su primer despacho oficial. A un recién estrenado presidente del Gobierno que, además, como es el caso de Zapatero, había prestado una atención muy secundaria a su proyección internacional, el prestigio mundial y la red de relaciones personales del Rey le está siendo de sumo provecho para el desempeño de sus responsabilidades y también para deshacer algunos entuertos El Rey intenta tranquilizar a Bush Así ocurrió, de manera destacada, con la entrevista que Don Juan Carlos mantuvo con el presidente de EE. UU. George Bush, tras el desaire de éste a Zapatero al responder con el silencio a la llamada que le hizo para felicitarle por su reelección, reacción que completaba la secuencia iniciada con el desplante del entonces líder de la oposición a la bandera de EE. UU. en el desfile de la Fiesta Nacional y su posterior decisión de retirar de forma inmediata las tropas desplazadas a Irak. Durante esta reunión, Bush manifestó a Don Juan Carlos su inquietud porque Zapatero le parecía un radical ante lo que el Rey le tranquilizó asegurándole que, lejos de ello, se trata de una persona muy moderada y muy templada También las conversaciones entre Don Juan Carlos y Mohamed VI contribuyeron a distender las relaciones en- tre España y Marruecos, aunque en este caso el jefe del Ejecutivo ya había establecido una buena conexión con las autoridades alauíes siendo líder de la oposición. En diciembre de 2001, Zapatero viajó al Reino alauí y sufrió un polémico lapsus al fotografiarse junto a un inmenso mapa en el que aparecían Ceuta, Melilla y Canarias del mismo color que el Sáhara Occidental y Marruecos. A este país, como es tradición, hizo Zapatero su primer viaje exterior ya como presidente del Gobierno y, en él, desbloqueó la visita que esta semana ha realizado al país vecino Su Majestad, postergada- -según los marroquíes- -por decisión personal de Aznar. Los criterios del ex presidente del Gobierno siempre fueron firmes en este sentido. Así sucedió con la tantas veces anunciada por el régimen castrista de la visita real a Cuba. En la Cumbre Iberoamericana celebrada en La Habana, Castro volvió a la carga, pero sin ofrecer ningún síntoma de liberalización en el campo de los derechos humanos. Aznar no pestañeó y la visita oficial nunca se produjo, y se quedó reducida a un paseo por las calles de La Habana semivacías en vísperas de la cumbre. La Alianza de Civilizaciones Pero, aunque esta vertiente exterior es la más pública, el relanzamiento del Rey tiene también una importante dimensión nacional, ya que Don Juan Carlos y Zapatero han multiplicado la frecuencia de los contactos habituales entre el Jefe del Estado y el presidente del Gobierno, tanto si se trata de asuntos de Estado como de asuntos cotidianos con intercambio de pareceres que algunos días se han repetido en varias ocasiones. No ha pasado desapercibido, en este sentido, que- -aunque es costumbre que el Gobierno supervise los discursos del Rey- -Don Juan Carlos haya defendido que la fórmula para acabar con el terrorismo islamista es la alianza de civilizaciones ex- Conversión monárquica A pesar de su tradición republicana, el PSOE asumió de forma tan pragmática como sin complejos su conversión monárquica a partir de la aprobación de la Constitución de 1978, por más que en el alma de sus militantes anide la esperanza de un futuro republicano. Pero ese alma desde hace ya más de un cuarto de siglo sólo se manifiesta en la aparición, tan sistemática como aislada, de alguna bandera de la República en sus actos electorales, casi siempre enarbolada por personas cuya edad les identifica como combatientes en la Guerra Civil. Zapatero ha comentado en más de una ocasión esta anécdota recurrente con la coletilla: Sus respectivos colaboradores aseguran que entre Don Juan Carlos y Zapatero es más frecuente el uso del móvil que el del teléfono azul ordinario