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ABC SÁBADO 22 1 2005 Los sábados de ABC 99 EL GUINDO MÓNICA F. ACEYTUNO LAS PLUMAS DE NICOLE n ligero resfriado y la lluvia y la tristeza que antecede a la primavera, me ancló al sofá, mientras ofrecían en diferido la entrega de los Globos de Oro. Sonreí al final, cuando Nicole Kidman apareció adornada con dos plumas de pavo, lo cual me trajo el recuerdo de mi cuñado invitado a cazar en una finca, y un animal que se le venía encima, y dos disparos, pum, pum, y algo que cae al suelo, ¡pumba! y que resultó no ser un pato, ni una liebre, sino uno de los pavos reales que adornaban el jardín de la casa. Creo que después los quitaron todos, porque el pavo real es un ave muy agresiva cuando está en celo y le da por perseguir a los cazadores novatos. Estas plumas, además, me traen el recuerdo sombrío de la consulta de un dentista y su horripilante salita de espera, donde había un jarrón lleno de plumas de pavo real descoloridas por el polvo y por el paso del tiempo, o por la mirada de sufrimiento anticipado de los que esperábamos en aquel callejón sin salida. Empero, que alguien lleve hoy un adorno natural es raro. Ya no quedan damas de las camelias ni emperatrices que se adornen con hiedra sino que más bien son todo flores de mentira, broches con forma de mariposa, plumas sintéticas. Por aquí viene a desayunar en verano la madre de una amiga y siempre trae puesta una flor, y entre sus ojos azules, el pelo blanco, la blusa impecable y el azul de la hortensia, a mi me parece Santa la elegancia en persona mientras se marchita la flor según pasa la mañana. Yo una vez llevé durante dos días una mariposa en un hombro. Igual que un loro con su pirata, así de tranquila iba conmigo. Por sus colores y sus ojos falsos, pintadas las pupilas en las alas, llaman a esta mariposa pavo real. Pero no quiero terminar este artículo sin optar al premio a la metáfora más manoseada, convocado por Federico Marín Bellón en estas páginas, y escribo que, aunque los globos de Oro sean la antesala de los oscar a mí me parece que nuestra película tiene un no sé qué de ojo falso de pavo, frente a Los chicos del coro sencilla e inocente como la pluma de un pardal sobre la yerba. U Contradiciendo la creencia generalizada de que los elefantes africanos (a diferencia de los asiáticos) no son dóciles, algunas reservas de animales incluyen en su oferta la posibilidad de hacer un safari a lomos de estos paquidermos escasear, el ranger lleva el todoterreno hasta una pradera despejada y pide a los viajeros que echen pie a tierra. Ranger y tracker, convertidos en magos hosteleros, sacarán como por ensalmo de la parte trasera del coche una mesita y varias neveras portátiles. Gin tonic con jirafas Cuando el cielo empieza a pasar del carmesí al violeta, y cuando en el horizonte las siluetas de las acacias y las de los cuellos de las jirafas sólo se diferencian en que las últimas se mueven, está todo a punto para un snak en el que no falta el champán, el gin tonic y los pequeños sandwichs fríos. Es sólo un aperitivo de la cena que, de vuelta al hotel, empieza a las 19,30 bajo la luz de las antorchas. Mañana, de nuevo la rutina imprevisible, paradoja de otro safari. Hay que acostarse temprano si no se quiere tener la legaña más larga de lo razonable. Pero antes, no está de más compartir una especie de fuego de campamento con las piernas caldeadas por una bolsa de agua caliente, la mis- ma que por la mañana nos ofrecerán para el todoterreno. El estómago se sentirá especialmente entonado si degustamos un tinto sudafricano Barefoot Shiraz de 1990 o alguna de las 8.000 botellas que el Earth Lodge guarda en su exclusiva bodega subterránea. Ya hemos visto 4 de los big five los 5 grandes: búfalo, elefante, rinoceronte y leopardo) A ver si mañana completamos la lista con un león. Y si no es así, tampoco importa demasiado. L aventure c est l aventure En Sabi Sabi si no se llega a ver a todos los grandes (es bastante improbable, pero... lo que sí es seguro es que se recibirá un trato de primera. Los cinco grandes con el lujo de las cinco estrellas. Morcillón y Babalí siguen sin aparecer. Peor para ellos. Aviones con camas ¿Cómo ir? Evidentemente en avión. Y ya que se trata de un viaje 5 estrellas, no podemos elegir una compañía aérea cualquiera. British Airways vuela diariamente a Johanesburgo desde Londres (Heathrow) En clase turista cuesta 650 euros más impuestos. Como casi todo el viaje es nocturno y dura unas once horas, no es ninguna tontería volar en la clase Club World (equivalente a businness, 2.300 euros) Gracias al magnífico Sleeper Service los pasajeros pueden dormir en una butaca como la de la imagen, que, apretando un botón, se convierte en una cama completamente horizontal de más de 1,80 metros de longitud. Los asientos están colocados por parejas, pero uno frente a otro, como aquellos sillones tú y yo de principios del siglo pasado. No obstante, si se desea privacidad se consigue extendiendo una especie de abanico de tela a modo de pantalla que hay entre ambas butacas. Este servicio incluye, entre otras comodidades, un pijama unisex, almohadas más largas y mantas de mayor calidad, y cinco opciones diferentes de cena antes, durante y después del vuelo. Después de la cena y antes de dormir se puede tomar una bebida y un aperitivo (galletas, bocadillo... y picar a media noche, si se desea. Direcciones de interés Thompsons South Africa: www. thompsons. co. za Sabi Sabi: www. sabisabi. com Sun City: www. suninternational. co. za Hotel Royal Livingstone: www. lhw. com Más información Tel: 902 111 333 y www. ba. com