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ABC SÁBADO 22 1 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Algo tiene que hacer Zapatero con los subsaharianos que llegan a Canarias. Además de sonreírles, los envía a Murcia, y ya está EL TURISMO AFRICANO N vista de que por mi tierra de Murcia avanza la desertización, el Gobierno socialista ha decidido poblar el nuevo desierto de habitantes subsaharianos. El ministro José Antonio Alonso envía a lo que queda de vergel murciano un cargamento de turistas menesterosos cada pocas horas. Menos mal que para ir remediandoel avance del desierto y la creciente población subsahariana, la ministra Cristina Narbona, después de cargarse el trasvase del Ebro, quiere beberse el agua del trasvase del Tajo. Vaya lechecica que tiene la hidrológica. Las remesas ministeriales de subsaharianos llegan a Murcia como la visita que no llamó al timbre, o sea, sin avisar. Llegan de improviso, igual que los maremotos y que los aludes. El ministro envía el regalo en forma de sorpresa, y ni siquiera viene con una tarjeta de felicitación por la suerte que hemos tenido los murcianos con el obsequio. Los aviones aterrizan en San Javier uno tras otro, cargados con esos grupos de turistas que nos envía el ministro turoperator Salen los subsaharianos de la panza del pájaro de hierro y se desparraman por el aeropuerto, por los caminos y por los pueblos adyacentes, abandonados a su propio gusto por el paisaje y por los poblados. El ministro ya ha cumplido su misión y no va a hacer denurse o de guía turística durante toda la vida. Para eso ya está el presidente de la Comunidad. Se comprende que si se quedaran en Lanzarote y en las demás IslasAfortunadas todoslos pasajeros de las pateras que llegan a sus costas, en pocos meses se habría consumado lainvasión pacífica, pero total, de las Canarias. Allí, ni guanches, ni godos, ni alemanes jubilados: subsaharianos, magrebíes y otras especies de musulmanes, que ya muchas de ellas vivieron por aquí hace siglos. Algo tiene que hacer el Gobierno con estos navegantes aventureros y turistas entusiastas. Lo que se le ha ocurrido a Zapatero, además de sonreírles cariñosamente, es enviarlos a la Península. Aquí encontrarán más espacio para dispersarse y más medios para vivir sobre el terreno, trabajando si pueden, mendigando siempre y en algún caso hurtando en estado de necesidad. Todo eso es en cierto modo comprensible. Somos vecinos de los moros. Mojamé y los demás jefes de los pueblos africanos los tienen en la miseria, en la ignorancia y en el abandono, y ya se sabe que los moros y similares siempre miran al norte, que es lo verde, como tierra de promisión. Quien tiene que soportar más esa vecindad tan amorosa es el archipiélago canario, y es justo que la Península se muestre solidaria y ayude a atender ese turismo que no cesa. Pero tiene razón el presidente de la Comunidad murciana, Ramón Luis Valcárcel, cuando se queja de que lo menos que puede hacer el ministro turoperator es decir: ¡agua va! antes de que aterrice el sólito avión. Ha explicado la señora de al lado que los vuelos del turismo ministerial desde Canarias a la Península no son periódicos sino puntuales. Pues peor lo pone, porque así, además de venir de improviso, llegan generalmente con inoportunidad. La señorade al lado se llama MaríaTeresa Fernández de la Vega, pero si pasa por Murcia, habrá que llamarla Fernández del Desierto. E JUAN MANUEL DE PRADA Frente a polémicas profilácticas con fecha de caducidad que no alcanzan el rango de verdaderas ideas, la Iglesia propone una visión humanista del sexo, encauzado por la responsabilidad y no reducido a un mero ejercicio lúdico, trivial y, a la postre, autista LAS IDEAS DE LA IGLESIA E SCRIBÍA Chesterton que el catolicismo es la única religión que libera al hombre de la degradante esclavitud de ser un hijo de nuestro tiempo Quienes acusan a la Iglesia de no acomodarse a los tiempos no entienden que ser católico consiste, precisamente, en oponerse a la mentalidad dominante, en conquistar un ámbito de fortaleza y libertad interior que, impulsado por la fe, permita nadar a contracorriente. Se repite machaconamente que la Iglesia es una enemiga de las ideas nuevas; machaconamente se la tilda de carca casposa y otras lindezas limítrofes. Un análisis serio de la Historia nos enseña, sin embargo, que los católicos se han caracterizado siempre por brindar ideas nuevas; y que, por sostener tales ideas, han padecido incomprensiones sin cuento. Cuando San Pablo, y con él las primeras comunidades de cristianos, se oponían a la esclavitud no estaban, precisamente, acomodándose a los tiempos Chesterton destaca que los católicos siempre han vindicado ideas nuevas cuando eran realmente nuevas, demasiado nuevas para hallar apoyos entre las gentes de su época Así, por ejemplo, el jesuita Francisco Suárez elaboró una lucida teoría sobre la democracia doscientos años antes de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y de la Revolución Francesa; pero, desgraciadamente, aquella teoría fue formulada con dos siglos de adelanto, en una época en que los monarcas fundaban su tiranía sobre un inexistente Derecho Divino. Los ejemplos podrían multiplicarse hasta el infinito. Cuando, en nuestros días, se caricaturiza a la Iglesia como una enemiga de las ideas nuevas se quiere decir, en realidad, que es- -cito de nuevo al autor de El hombre que fue jueves- enemiga de muchas modas influyentes y gregariamente aceptadas, muchas de las cuales se pretenden novedosas, aunque en su mayoría estén empezando a ser un pequeño fósil. La Iglesia se opone con frecuencia a las modas perecederas de este mundo; y lo hace basándose en una experiencia suficiente para saber cuán rápidamente perecen Nueve de cada diez de las llamadas nuevas ideas no son sino viejos errores. La Iglesia Católica cuenta entre sus obligaciones principales con la de prevenir a la gente de incurrir otra vez en esos viejos errores No existe ningún otro caso de continuidad de la inteligencia parangonable al de la Iglesia, pues su labor ha consistido en pensar sobre el pensamiento durante dos mil años. De ahí que su experiencia cubra casi todas las experiencias; y, en especial, casi todos los errores Las palabras de Chesterton resuenan hoy con una renovada clarividencia. El error principal de nuestra época se resume en una forma deshumanizada de hedonismo que niega la intrínseca dignidad de la vida; así, se han fomentado prácticas aberrantes, como el aborto, que hoy son cobardemente aceptadas, pero que dentro de doscientos años provocarán el horror y la vergüenza de las generaciones venideras. La idea de defensa de la vida, que los apacentadores del rebaño tachan de vieja, es rabiosamente nueva; vindicarla es un modo- -incómodo, por supuesto, pero por ello más excitante- -de nadar a contracorriente. Naturalmente, los apacentadores del rebaño procurarán siempre soslayar el debate de las ideas, sustituyéndolo por un ofrecimiento indiscriminado de modas influyentes y perecederas. Frente a polémicas profilácticas con fecha de caducidad que no alcanzan el rango de verdaderas ideas, la Iglesia propone una visión humanista del sexo, encauzado por la responsabilidad y no reducido a un mero ejercicio lúdico, trivial y, a la postre, autista. Defender esta idea nueva condena a la soledad y el ostracismo; es el precio- -y el premio- -que acarrea liberarse de la degradante esclavitud de ser hijos de nuestro tiempo