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ABC SÁBADO 22 1 2005 Opinión 5 Salud revolucionaria Haciendo bueno el refrán de que a perro flaco todo son pulgas, Fidel Castro ha decidido restringir el consumo de tabaco, pilar productivo de una isla que agoniza. Curiosa iniciativa del dictador, ahora preocupado por la salud de un pueblo que apenas tiene que comer y por una economía a la que ya sólo le falta que prohíban el azúcar, porque el grifo del ron también lo ha cerrado la nueva ley. Aterriza como puedas A pocas horas para que el avión de Zapatero salga con destino a Iberoamérica, los ingenieros de agendas presidenciales- -nueva especialidad de enorme proyección- -hacen horas extra para cuadrar a tiempo el plan de viaje. Si hace unos días se improvisó una escala en Caracas para hacerle hueco a una entrevista con Hugo Chávez, ahora se arranca la hoja, cuya inoportuna sombra llegaba hasta la correspondiente al 7 de febrero, cuando el presidente de Colombia- -en pleno conflicto diplomático con su homólogo venezolano- -llegará a Madrid. Ingeniería de altos vuelos en la terminal de La Moncloa. Alegría, Macarena Después de que Los del Río promocionaran la Constitución de la UE en un acto oficial sin haberla leído, no sorprende que el propio ministro Juan Fernando López Aguilar, llegue a la conclusión de que no hace falta conocerla para saber que es buena Ahora que el Gobierno busca un nuevo lema para la campaña del referéndum, nada mejor que el de dale a tu cuerpo alegría, Macarena AMISTADES XAVIER PERICAY E JAIME GARCÍA Amistad y dependencia. El ex presidente del Gobierno José María Aznar elogió ayer al ex canciller alemán Helmut Kohl por haber adoptado decisiones difíciles, a veces impopulares en favor de la libertad, como el despliegue en su país de misiles norteamericanos, que asumió sin plegarse ante una opinión pública que no estaba a favor Aznar fue el encargado de presentar al ex canciller germano en una conferencia organizada por FAES, la fundación que aquél preside, y en la que Kohl afirmó que Europa sólo logrará algo si tiene una buena relación con Estados Unidos. Amistad- -dijo el veterano líder conservador- -no significa dependencia. Estar con un amigo no quiere decir que me dé órdenes XISTEN muchas razones para votar sí en el próximo referéndum sobre la Constitución Europea. Casi todas ellas- -y son, por supuesto, las principales- -resultan del texto del Tratado, de aquello que los distintos artículos establecen para el futuro de la Unión en su relación con los Estados y los ciudadanos que la integran, y en su relación con el resto del mundo. Pero también existen razones de otra índole, razones que difícilmente podría contener un Tratado por muchas páginas que tuviera. Para hacerse una idea cabal de su naturaleza, no hay nada como una foto. A lo largo de estos últimos años la política europea ha fijado muchas imágenes sobre el papel. Me refiero a las que han tenido como protagonistas a los presidentes o jefes de Estado de los países miembros. Pero no a esas fotos tan sosas de las cumbres, con los políticos sentados alrededor de una mesa, provistos de los auriculares de rigor, o formando en la escalinata del palacio, en un lujoso primer término o asomando a duras penas la cabeza por detrás, sino a las otras, ya sean de una cumbre, ya de un encuentro bilateral, en las que se los ve distendidos, cómodos, a sus anchas. Pienso, por ejemplo, en aquellas ya legendarias de Felipe González con Helmuth Kohl, o en las de José María Aznar con Tony Blair cuando ambos estrenaban como quien dice el cargo, o en las más recientes de Jacques Chirac con Gerard Schröder, o incluso en esa de ayer de Aznar con Kohl, ya retirados ambos del primer plano de la política. Son fotos que no habrían existido de no ser por esa idea común de Europa por la que han luchado, con denuedo, sus protagonistas. Porque estas imágenes transmiten también la sensación de que no todas las amistades, en política, son peligrosas, de que las diferencias ideológicas no tienen por qué interponerse fatalmente en una relación. Claro que, para ello, ha hecho falta que existiera Europa. O lo que es lo mismo: ha hecho falta abrir el compás de la política hasta dar con la distancia adecuada.